El Copyright destruye la Comunidad (1)

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Texto Repartido Feria Libro Barcelona Saludos. Adjunto el texto del volante repartido durante la intervención realizada en la 7ª Feria Internacional del Libro, el domingo 7 de julio en la ciudad de Lima. EL COPYRIGHT DESTRUYE LA COMUNIDAD (1)El lenguaje es una creación del colectivo anónimo que es la sociedad (2). Nadie es dueño de las palabras, pero todos juegan y viven en ellas. Cuando algún presunto genio las convierte en mercancía que no se puede difundir libremente, comete un hecho ajeno a la naturaleza comunitaria y viva del lenguaje: un escollo en el diálogo cultural, una violencia contra la sociedad. Los libros -a veces- pueden ser útiles o buenos. Incluso -más difícilmente- pueden llegar a ser bellos. Restringir su difusión es un crimen. Detrás de los grandes discursos oficiales que dicen amar a los libros, se encuentran negociantes capaces de vender objetos a siete, diez o veinte veces su costo de producción real; retorcidos intelectuales que son capaces de secuestrar o incinerar palabras sólo porque no respetan las leyes del mercado y la propiedad; autores explotados que aceptan un mínimo porcentaje del negocio con la obediente esperanza de formar parte algún día de la gran élite; editoriales que inventaron los "derechos de autor" para proteger sus intereses financieros, y que no saben discriminar entre las editoriales ilegales que compiten con ellas y el hermoso acto de realizar una copia para hacer un regalo a un amigo. La piratería no daña la cultura: la daña la lógica mercantilista que pone el ánimo de lucro por encima de la difusión de las palabras. Las leyes de derechos de autor son ajenas a la realidad social, y nos convierten a todos en delincuentes. Su rigurosa observación y cumplimiento provocaría un escenario de horror: estudiantes denunciados por fotocopiar libros o por comprar libros “piratas”; puestos de fotocopiadoras, centros culturales, bibliotecas y universidades procesadas por facilitar la duplicación de las palabras escritas; comunidades disueltas en consumidores individuales prohibidos de compartir nada y denunciándose entre sí. ¿Se lee poco en este país empobrecido? Se leería menos: sin piratería, una inmensa mayoría de personas quedarían excluidas del diálogo y la discusión cultural. Las burocracias represivas se harían más gordas, y esa cosa llamada "cultura" más distante e inaccesible. Es importante analizar los burdos argumentos que exponen, con un simplismo que ataca a la inteligencia, todos los que luchan contra la "piratería". Las palabras no son un objeto de propiedad como un automóvil. La democratización del lenguaje y la cultura está en juego. Es preciso practicar una objeción de conciencia contra el copyright, de manera activa y abierta. Los llamados "autores" -que en realidad no son creadores, sino recreadores- han aprovechado el lenguaje para construir sus obras. El lenguaje se construye y reconstruye permanentemente en el seno de toda la sociedad: ella merece, en contraprestación, poder leer y difundir las palabras escritas sin restricción ni represalia alguna. Por la libertad de las palabras y de la comunidad, contra el elitismo en la cultura, no al copyright.