Insostenible UE. con España a la cabeza

Ecologistas en Acción VALORACION Primer semestre de 2002
Presidencia española de la UE: La cara más insostenible de la insostenible UE.
Los informes de la Comisión Europea dibujan un panorama ambiental sombrío en el territorio de la UE (del de fuera de sus fronteras es mejor ni hablar): contaminación de suelo, agua y aire, cambio climático, pérdida de biodiversidad, desertificación, inseguridad alimentaria... Pero, a pesar de todos los problemas ambientales y de la creciente sensibilidad social por los mismos, entre las prioridades de la reciente Presidencia española de la UE ni siquiera figuró la de impulsar la puesta en práctica de la, por otro lado muy deficiente, Estrategia Europea para el Desarrollo Sostenible (EEDS).

La EEDS está diseñada como el marco sobre la que pivoten todas las políticas comunitarias (no sólo las ambientales) para que tengan una relación armónica con el medio. La ausencia de la discusión sobre la EEDS sirve de ejemplo para denotar, bien a las claras, qué posición real ocupan las políticas ambientales en la UE. Según se había acordado en el anterior semestre, el Consejo de Barcelona tendría entre sus prioridades fundamentales el impulsar la puesta en funcionamiento de la EEDS. Sin embargo, el acuerdo no se cumplió; lo que sí se impulsó desde la Presidencia española fueron el crecimiento económico, y la profundización de los procesos liberalizadores y de desregulación enmarcados en el Proceso de Lisboa. Es decir, que lo que se aplica es el neoliberalismo puro y duro, dejando las medidas ambientales como algo meramente cosmético. Y todo esto unido a un mayor cierre de la UE a la inmigración y una creciente pérdida de libertades.

Como colofón, y perfecto resumen de la verdadera política ambiental de la UE y de la Presidencia española, en el Consejo de Sevilla se habló de la postura que va a llevar la Unión a la Cumbre de la Tierra Río+10 de Johannesburgo. La conclusión principal fue que allí se van a vender los recientes acuerdos en el seno la OMC, de apertura de una nueva ronda de negociaciones para liberalizar aun más el mercado mundial, como la estrategia adecuada para alcanzar el desarrollo sostenible. Así, las soluciones a los problemas ambientales que propone el Consejo son las políticas que los han causado.

En todo caso, con la EEDS o sin ella, la UE es intrínsecamente insostenible. No puede ser sostenible cuando ha creado un Mercado Único, en el cual se ahonda con la entrada en circulación del euro y que va a crecer con la ampliación en ciernes, basado en un consumo y una producción alejados cientos o miles de kilómetros entre sí. No lo es porque se incrementan aún más los impactos del transporte y el gasto energético, responsables de la emisión creciente de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático. El desarrollo sostenible es impensable cuando las multinacionales europeas se dedican a esquilmar el medio allende los mares. No se puede imaginar cuando se persigue la integración de los mercados financieros potenciando aun más la economía especulativa, que no responde a ningún criterio ambiental ni social. Tampoco es posible cuando la creación de una isla de riqueza para algun@s trae como consecuencia un aumento de las desigualdades y, como última expresión de éstas, la guerra. O cuando la lógica de funcionamiento del sistema económico de la UE, el capitalismo, necesita un crecimiento y una acumulación constantes, que suponen un agotamiento de los recursos y una generación exponencial de residuos.

Para completar el pésimo balance del semestre, podemos revisar otros ejemplos palmarios de políticas insostenibles que se han producido, como la continuación con el Plan Hidrológico Nacional, o los acuerdos de la Cumbre de Monterrey (donde los estados de la UE afirmaron definitivamente que no están dispuestos a ayudar de forma real a los de la Periferia, como se había acordado en la Cumbre de la Tierra de 1992). Pero, probablemente, los dos mejores ejemplos sean los acuerdos alcanzados en transporte y energía.

Transporte

La construcción de la UE está concebida para deslocalizar la producción y establecer una distribución y un comercio a largas distancias. Esta deslocalización es mayoritariamente interna, pero también se están haciendo notables esfuerzos de cara al exterior (por ejemplo los acuerdos liberalizadores alcanzados con Chile o los avances en el Área de Libre Comercio del Mediterráneo realizados durante la Presidencia española). Esto está suponiendo que, en la actualidad, el transporte esté creciendo por encima del Producto Interior Bruto en el seno de la Unión.

En el Consejo de Barcelona se habló de la creación de un espacio europeo de transportes. Actualmente el objetivo prioritario de las TENs (el entramado de redes de comunicación que conectan la UE) es eliminar los "cuellos de botella" existentes en la Unión (los Alpes a su paso por Suiza, los Pirineos, etc.) y conectar el Este de Europa para la próxima ampliación. Todo ello apostando por la carretera y el tren de alta velocidad. El principal problema con el que se está topando actualmente la Unión es que el transporte se está saturando. Ante esto, el ferrocarril, que ha venido siendo abandonado en los últimos decenios, empieza a ser barajado, no como una alternativa al transporte por carretera, pero sí como una forma de continuar el ritmo de aumento de la movilidad. Sin embargo, para acometer ese impulso al ferrocarril, se está proponiendo un modelo neoliberal que pasa por la privatización de las empresas estatales (parece que de los continuos accidentes del modelo británico no se ha sacado ningún aprendizaje). Además, se le va a concebir únicamente para transporte de mercancías y personas a largas distancias y con líneas de alta velocidad fuertemente impactantes (consumen casi lo mismo que un avión y tienen una importante incidencia en el territorio).

Otro de los acuerdos del Consejo de Barcelona fue el proyecto de Cielo Único Europeo para el 2004. Éste no es sino una armonización de la normativa sobre transporte aéreo para optimizar su uso y permitir continuar con el constante crecimiento del medio de transporte más antiecológico que existe, incluyendo nuevas infraestructuras aeroportuarias. Todo ello produce un incremento de las emisiones de CO2, el principal gas responsable del aumento del efecto invernadero, con los consiguientes efectos sobre el cambio climático. Este modelo de transporte también implica la desarticulación del territorio y la dispersión urbana, con la amenaza que esto significa para la biodiversidad, entre otras cosas. ¿Se parece en algo esto a la sostenibilidad?.

Energía

La producción energética es la mayor emisora a la atmósfera de CO2. Pero en la UE el desarrollo económico se considera indisolublemente ligado al consumo de energía. En consecuencia, la disponibilidad de energía a bajo precio se convierte en un objetivo esencial. Para alcanzarlo, en el ámbito interno se está fomentando la competitividad del sector. Una de las medidas está siendo la apuesta por la creación de un mercado único de la energía (como se pudo comprobar en el Consejo de Barcelona), que busca aumentar la competencia para bajar los precios. Un mercado único de la energía implicará la construcción de más infraestructuras y, especialmente, el espaldarazo definitivo a las políticas de "aumento de oferta" (es decir, incrementar la oferta energética fomentando el aumento del consumo) frente a las de "reducción de la demanda" (que serían las que se acercarían hacia la sostenibilidad).

Otro tema importante de este semestre, desde el punto de vista energético y ambiental, ha sido la ratificación del Protocolo de Kioto por parte de la UE. Desde luego, haber ratificado este Protocolo (que, en todo caso, es totalmente insuficiente para resolver el problema) sitúa a la UE en una posición mejor que EE UU o Australia, que ni siquiera se han dignado. Pero esa firma va camino de ser un brindis al sol ya que, según las previsiones de la Agencia Europea de Medio Ambiente, con las tendencias actuales no va a ser posible alcanzar el pírrico objetivo de reducir las emisiones un 8% en 2008-2012. Además, hay que hacer notar que el recorte asumido por la UE es para toda la Unión, lo que hace que haya estados que, según el acuerdo, deberían reducir sus emisiones por encima del 8%, como el británico o el alemán, mientras que otros como el español, pueden aumentarlo. Pero, a pesar de eso, en el Estado español las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado alrededor de un 30% entre 1990 y 1999, frente al 15% permitido por la UE hasta el periodo 2008-2012.