La Agenda HÁBITAT
Cumbre de las ciudades. Estambul 1996 Las Conferencias de Naciones Unidas, como Río 92 (Medio Ambiente y Desarrollo), Viena 93 (Derechos Humanos), El Cairo 94 (Población), Copenhague 95 (Desarrollo Social) y Beijing 95 (Mujer), a pesar de su especialidad, han tendido a un planteamiento integral de problemas globales de la humanidad. En este año, 1996 se celebra la Cumbre de las Ciudades, HÁBITAT II, dedicada al medio en el que los diversos temas de la conferencias previas se encuentran en la realidad de cada día.
La articulación de lo global y lo local
La revolución de las comunicaciones, y especialmente de las telecomunicaciones, ha reforzado la globalización en muchas actividades humanas (información, economía, política...). Al mismo tiempo, se han creado condiciones favorables al desarrollo de valores universalistas, generalizándose normas y pautas sociales, que tienden a implantarse y a reconocerse globalmente. Frente a esta tendencia a la unificación, y al funcionamiento articulado y globalizado de las sociedades (mercados abiertos, organismos multilaterales, democracia, medios de comunicación,...), se encuentra la cultura local, como forma de control y de enriquecimiento de los sistemas económicos, políticos y culturales, en los que se inserta.
Ambos sistemas de valores, el global y el local, han de articularse eficazmente. Los sistemas globales tienden a ignorar las especificidades de los individuos y los grupos, en tanto que las culturas locales tienden a exaltarlas, defendiendo a veces lo particular por encima de lo solidario. Pero la universalización de valores y la comunicación global, tienen el efecto de promover la solidaridad ante problemas localizados (desastres naturales o provocados por el hombre), o ante la desigualdad o discriminación en la distribución de los recursos, así como de mostrar la necesidad de control de los procesos de explotación y consumo de recursos que pueden poner en peligro el propio desarrollo de la vida humana, sea globalmente, sea en espacios locales específicos. La política global y la política local tienen que alimentarse mutuamente.
Ya no es suficiente "pensar globalmente y actuar localmente", también es necesario "pensar localmente y actuar globalmente" para construir desde lo local los valores de la globalización. Esto es lo que representa la actividad internacional, de la sociedad civil, a través de sus instituciones, asociaciones, etc. La articulación global-local se ha de producir básicamente en las comunidad, a través de la sociedad civil y las instituciones, y se ha de aplicar en los ámbitos locales a la economía, la cultura y la política. Son especialmente importantes en este sentido las políticas que pueden instrumentarse a nivel de barrio y de ciudad. El reconocimiento de la dimensión local en una sociedad globalizada, requiere potenciar la capacidad de decisión de los ámbitos locales, de los ámbitos territoriales adecuados a cada problema y decisión.
La globalización ha debilitado el rol de los Gobiernos nacionales, pero les ha convertido en los protagonistas de la regulación económica y política a nivel mundial, a través de mecanismos multilaterales, y al tiempo, son responsables de la promoción de las autoridades y agentes locales. Los Estados son los mediadores que tienen que establecer los marcos internacionales y locales para que la articulación de lo global y lo local sea posible.
Sostenibilidad, cohesión social y competitividad
La contribución de las ciudades al desarrollo sostenible, debe plantearse a partir del análisis de sus condiciones actuales de crecimiento y funcionamiento. El desarrollo sostenible es, de momento, un marco teórico para establecer objetivos y orientar políticas, pero apenas se han desarrollado y aplicado algunas actuaciones parciales. Las políticas en estos momentos se proponen la reducción de la insostenibilidad como camino para ir definiendo el nuevo modelo.
La sostenibilidad solo puede formularse vinculada al desarrollo. La cuestión radica en como actuar en la naturaleza con el mayor beneficio para una humanidad en crecimiento, sin perder las oportunidades de desarrollo futuro, cuando, dadas las tendencias, la humanidad será mas numerosa. La conciencia ambiental se basa en la supervivencia de la humanidad que necesita el equilibrio, y la utilización de la naturaleza para dicho propósito. Los limites de la naturaleza plantean la necesidad de ir enfocando el desarrollo hacia un aumento de la calidad de vida basado en el consumo de bienes inmateriales como la cultura y el ocio, controlando el consumo de bienes materiales que no puedan mantener una tasa de renovación.
La desigualdad en el desarrollo es otra contradicción que requiere atención. La cohesión social y económica es un objetivo reconocido, que en un marco de economía de mercado, y por lo tanto de competitividad, requiere políticas especificas dirigidas desde el sector público que aborden los mecanismos de exclusión y promuevan políticas de integración social para los excluidos.
En este documento se plantean a la sociedad española los problemas de la articulación de la competititvidad, la cohesión social y la sostenibilidad, en las ciudades y el territorio como forma de ir definiendo un modelo de desarrollo sostenible.
Reconocer la complejidad de la ciudad conduce a plantear políticas integradas
La ciudad esta siendo tratada principalmente mediante intervenciones sectoriales ignorando su valor principal: la riqueza y complejidad de las relaciones sociales que contiene y permite, y la diversidad de sus áreas y sus interrelaciones.
En la ciudad concurren la heterogeneidad (social, cultural, económica, etc), con la igualdad (derechos formales, acceso al empleo y a la cultura, movilidad, etc.), y sea grande o pequeña, es, o puede ser: densa, cohesionada, polivalente y bien comunicada.
Se interviene constantemente sobre la ciudad con nuevas políticas y actuaciones, pero muchos problemas no se resuelven y se crean otros de forma inmediata (por ej. la extensión funcionalista de los barrios, urbanizaciones y polígonos dispara la movilidad y el uso del vehículo privado); o a largo plazo (por ej. la construcción de determinados barrios de vivienda pública de los años 60 incluso ha reforzado algunos procesos de exclusión, como ha ocurrido en otros países europeos).
Los problemas urbanos son multidimensionales e interdependientes. Las propuestas de actuación deben contemplarlo, ya que, de no hacerlo, provocan tantos problemas como posibles soluciones que, a veces, no llegan a ser tales.
Es necesario analizar el impacto de las políticas sectoriales en la ciudad y el territorio y valorar la posible influencia de las nuevas políticas económicas, de infraestructuras, urbanísticas, etc. Se debe influir en el diseño de las políticas y acompañarlas de las oportunas medidas correctoras especialmente para los grupos y áreas más vulnerables.
La ciudad es demasiado compleja como para tratarla solo con medidas sectoriales, es necesaria más cooperación: en la definición de políticas integradas, en esclarecer los impactos (sociales, económicos, ambientales) de las actuaciones propuestas, en la ejecución de paquetes de actuaciones complementarias, en la gestión de los servicios y en el cambio de los comportamientos.
Territorio y ciudad son inseparables para el desarrollo sostenible
El ámbito territorial, en el que hay que abordar los nuevos planteamientos de intervención, es la ciudad; lo que en este país es equivalente al territorio en su conjunto, dada la extensión de la urbanización y del modo de vida que conlleva, que está reduciendo las diferencias entre distintos tipos de núcleos de población, aunque indudablemente mantengan bases económicas y vida social distintas.
Pero la razón fundamental por la que territorio y ciudad son inseparables es que los territorios sean ciudad, pueblo, o ecosistema natural, con todos los escalones intermedios de antropización, son ecosistemas interrelacionados, que se alteran entre sí a través de múltiples formas de contacto y de utilización mutua.
En términos de desarrollo sostenible no se puede abordar la problemática de un área sin analizar qué relaciones mantiene con otras en términos de utilización de recursos, aunque no haya ninguna relación que suponga un uso directo de ocupación.
Finalmente las ciudades y otros ecosistemas han de considerarse en su relación, e impactos, a escala planetaria, para comprobar la sostenibilidad de aspectos globales como la deforestación, la biodiversidad, las emisiones contaminantes y los efectos sobre el cambio climático (capa de ozono, efecto invernadero, etc..).
Recuperar el derecho a la ciudad transformando la forma de gobernar
El derecho a la ciudad se basa en que esta es obra de sus gentes, de sus trabajos y de sus ilusiones. En parte, porque muchas zonas urbanas y núcleos han sido construidos por sus propios habitantes, tanto como por la ley y el mercado. Y, en parte, porque la vida social urbana, probablemente la mayor riqueza de nuestras ciudades, es el resultado de la acción cotidiana y conjunta de los ciudadanos.
Debido a ello, las políticas requieren más proximidad a los ciudadanos, para calibrar los impactos en los distintos ámbitos sociales y territoriales, acercando las decisiones de las administraciones (gestores y responsables electos) a los ámbitos significativos en cada caso. Es decir, aplicando el principio de subsidiariedad o proximidad de la gestión pública y el de participación o cooperación de la sociedad civil.
Esto supone la revalorización de la dimensión local, en dos aspectos principales: como ámbito para la aplicación de las políticas integrales (medio ambiente, promoción económica, integración social, etc), y como marco para la concertación entre las Administraciones públicas y los actores privados, en especial, los ciudadanos.
Es necesario sentar las bases, y abrir caminos para avanzar hacia políticas integradas desarrolladas mediante cooperación entre agentes públicos y privados, incorporando a la sociedad civil, enfatizando el ámbito urbano y el rol gestor-coordinador-promotor de los gobiernos locales para la concertación y realización de políticas a nivel local con referentes globales.
Para ello es también necesario considerar a los ciudadanos en su diversidad, teniendo en cuenta sus motivaciones como grupos con diferentes intereses y formas de vivir la ciudad, abandonando la idea del sujeto único urbano.










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