El Palacio Real de Medina del Campo
Carlos de Rueda Bocos Continúa hoy día la absurda polémica sobre la existencia física y los límites urbanos del antiguo Palacio Real medinense donde falleciera la Reina Isabel la Católica y redactara sus renombrados Testamento y Codicilo.
También conocido como Palacio del Potrillo, se encontraba situado en una esquina de la Plaza Mayor, por donde tenía su acceso principal en forma de torreón de cuatro alturas (en la denominada acera del Potrillo), frente a la Colegiata de S. Antolín y junto a la actual Casa del Cabildo o de los Arcos.
Ocupaba una amplia manzana de la trama urbana, que llegaba desde la calle del Almirante hasta la Ronda de Gracia donde tenía un portillo de salida en la muralla.... La configuración constructiva y extensión superficial que podemos ver y visitar actualmente es solamente una pequeña parte, bastante modificada además, de lo que llegó a ser en su época de mayor esplendor, hace 500 años, cuando era una de las principales Casas Reales de la Corona de Castilla.
Se tiene noticias de la existencia del Palacio desde los tiempos de Pedro I el Cruel (1350-1369). En sus estancias nació, en 1394, Alfonso V de Aragón y, en 1397, Juan II de Navarra y Aragón (padre de Fernando el Católico). Fernando de Antequera, Rey de Aragón (1412-1416) y padre de ambos, amplía el Palacio notablemente, hasta el punto de ser descrito por el caballero de Bohemia, León de Rosmithal, como una casa amplia labrada con magnificencia y riqueza.
Fue uno de los Palacios más utilizados en el reinado de los Reyes Católicos, teniendo constancia de su residencia en él durante períodos de los años 1475, 1476, 1477, 1480, 1481, 1482, 1483, 1486, 1489, 1494, 1497 (organización del tercer viaje de Colón), 1503 y, finalmente, 1504, cuando fallece la Reina el día 26 de Noviembre.
A partir de 1515 el edificio cae en el olvido y ya en 1530 amenazaba ruina. En 1575 se proyecta una reforma para darle el uso de Aduana (Alcaicería de Ferias), siendo este plano-documento guardado en el Archivo de Simancas el mejor exponente de su configuración arquitectónica, estructural y espacial, junto con las vistas panorámicas de Anton Van den Wyngaerde de 1565 y 1570.
En 1673 se reconstruye la fachada principal de la Plaza, junto con algunas estancias, al modo de la época. Finalmente, en el siglo XIX, tras la desamortización, se demolieron gran parte de sus restos, incluso la fachada en los últimos años del mismo.
Ya en el siglo XX, se ha ocupado y rehabilitado sólo una parte del conjunto, con dudoso acierto por su confusionismo histórico, que es la que actualmente se denomina Palacio Testamentario y se utiliza como acceso a otras dependencias municipales. El resto del solar original del Palacio está contenido en su totalidad bajo nuevas edificaciones como el Ambulatorio, la Seguridad Social o la antigua Comisaría, y terrenos privados limítrofes como el que sirve de aparcamiento en la calle del Rey. No obstante, su superficie general puede ser reconstruida con cierta exactitud, gracias al citado plano del archivo de Simancas, a las referencias documentales y a que el contorno formado por las calles del Almirante, del Rey, Cerradilla y la Plaza Mayor apenas ha variado durante siglos.
Estos datos básicos, que nos permiten aproximar, con bastante verosimilitud, la extensión y límites del primitivo Palacio Real, han sido recogidos por distintos autores como Gerardo Moraleja en Historia de Medina del Campo de 1946: su amplitud es patente por el hecho de extenderse hasta la calle del Rey y Ronda de Gracia donde estaba el Portillo del Rey o salida del Palacio en la muralla, A. Sánchez del Barrio en Estructura Urbana de Medina del Campo de 1991, donde delimita perfectamente -pag.114- sobre una fotografía aérea la superficie original del Palacio (incluyendo en ella el edificio de la antigua Comisaría), R. Domínguez Casas en Arte y Etiqueta de los Reyes Católicos de 1993: la fachada principal, que constaba de planta baja y tres pisos de altura, daba a la esquina Oeste de la Plaza Mayor, en la acera del Potrillo,... limitaba con la calle del Almirante, a lo largo de la cual se extendía el muro que ocultaba los aposentos principales o Vidal González en Isabel la Católica y su fama de santidad de 1999: en este mismo ámbito del cuarto patio llamado también se encontraba una estancia con salida a esta calle.
Pero todas estas aportaciones documentales no tendrían una mayor fuerza argumental si, además, no se hubieran corroborado sus datos con unas prospecciones realizadas in situ. Y esto es lo que ha ocurrido en las sucesivas campañas arqueológicas llevadas a cabo desde 1997 hasta 2001. En ellas han aparecido, en diferentes puntos del solar palaciego, importantes estructuras constructivas que dan muestra de la solidez y amplitud de los muros principales o de sus estancias ricamente decoradas (restos de cerámica, pavimentos completos o yeserías mudéjares como las conservadas en el Museo de las Ferias).
Es de desear, no obstante, que estas excavaciones continúen próximamente su curso indagatorio hasta llevarlo a los límites de la calle del Almirante, junto al Ambulatorio y la antigua Comisaría, ya que precisamente en esta zona, como ya hemos indicado, se encontraban las salas y espacios de mayor valor de todo el Palacio (Salón del Trono, Capilla Real, Sala del Consejo, etc.). De igual opinión parece ser el arqueólogo encargado de las prospecciones, J. Moreda, cuando dice que la zona en la que están apareciendo los restos de mayor interés -entre calle Cerradilla y del Almirante- es de propiedad pública y no está pendiente de una próxima edificación, por lo que considera que podrían existir mayores posibilidades para que finalmente se decidiese conservar los restos e, incluso, habilitarla para que fuesen visitados. (La Voz de Medina, 22-9-2001).
Todos estos datos, junto al previsto Plan Director de actuaciones a realizar en el Palacio Real Testamentario con motivo del V Centenario de la muerte de Isabel la Católica, están en poder de las autoridades municipales desde Mayo de 2001, que encargaron un Estudio detallado para presentarlo a la Comisión Nacional como punto principal de esta conmemoración. En dicho Proyecto se pretendía, además de la rehabilitación del actual Palacio y del edificio de la antigua Comisaría, la recuperación de parte del solar original, realizando un nuevo acceso por la calle del Almirante, a través de esos espacios públicos, que permitiera una mejor organización funcional (con entrada directa al patio trasero del actual Palacio) y la continuidad por este lado de las prospecciones arqueológicas, con la posibilidad de integrarlas en un futuro Parque expositivo, a modo de Memorial, que diera mayor relevancia al conjunto palaciego.
Por último, hay que destacar que la solicitada declaración de Sitio Histórico, según la categoría recogida expresamente en la Ley del Patrimonio Histórico Español, debe tener una importancia fundamental para el desarrollo futuro de la Villa, como ha sucedido en otros lugares, ya que, además del reconocimiento explícito que va a permitir la ordenación urbanística específica de la zona, puede añadir un valor cualitativo simbólico de primera magnitud, con especial repercusión en el ámbito turístico - cultural de tanta relevancia en nuestros días.
Carlos de Rueda Bocos, arquitecto
29 de Abril de 2002









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