Por una ética de la solidaridad
Vicente Romano Epílogo del libro de próxima aparición "Ecología de la Comunicación", editado por Hiru.
Rebelión La ética se ha presentado siempre como respuesta teórica a la coexistencia y cooperación prácticas de la vida individual y colectiva. Su principal función estriba en la orientación de la conducta humana en consonancia con sus intereses de clase y tendente a la realización de los mismos.
Entre los rasgos que distinguen a la ética solidaria se destaca la conciencia de la responsabilidad por el todo y por las tareas individuales. Las responsabilidades personales se derivan de las necesidades del progreso social, esto es, del bienestar y los intereses de toda la sociedad. Esta ética expresa la conciencia y el sentimiento de responsabilidad del ser humano por sus acciones para con las otras personas, su clase social, la sociedad, etc.
La cooperación y la solidaridad están en el origen de la humanidad. El ser humano surge cuando empieza a prestar atención al otro. Sin la cooperación y la solidaridad no hubiera podido elevar su animalidad a humannidad, crear el lenguaje, la cultura, etc., y alzarse sobre el resto de los animales. De ahí que la solidaridad emerja como una categoría óntica y, al mismo tiempo, política, tanto ayer como hoy.
Sin embargo, lo que impera en la organización social actual es la animalidad, la ley de la selva, los valores del más fuerte. Como demuestran las diferentes crisis que afectan al mundo, la solidaridad entre humanos se ha retrotraido a niveles de barbarie.
L. Boff ve la razón de esta barbarie en la crisis social motivada por la apropiación de las riquezas materiales y espirituales (información, conocimientos) por los pocos ricos, ampliando así el abismo que los separa de los muchos pobres. Para él, la realidad de una economía mundializada regida por una visión única, exige también una ética mundial. Las razones que la justifican están en que: a) amenaza el equilibrio ecológico de la tierra (ecología ambiental); y b) en las injusticias que sufre la mayoría de la humanidad (ecología social). Por eso se requiere una civilización que incluya a todos (ecología integral) y que mantenga la unidad y la diversidad como valores complementarios (ecología mental). Mas, para eso se requiere tanscender el paradigma moderno que fragmenta y reduce.
En el ámbito de la cultura, globalización significa uniformidad, estereotipación y comercialización de los productos culturales. Esta simplificación, es decir, reducción, de la diversidad cultural exigida por el movimiento transnacional de la industria de la comunicación, tiene su impacto en la calidad de vida de los pueblos.
Entre las cuestiones básicas que afectan el desarrollo de las comunicaciones hay que considerar las siguientes dualidades y contradicciones:
*lo privado frente a lo público;
*lo global frente a lo local;
*la exclusión frente al acceso;
*cantidad frente a calidad;
*realidades frente a principios;
*desintegración social frente a armonía social;
*economía política frente a práctica democrática;
*deseos frente a necesidades;
*circo (entretenimiento fácil) frente a los valores cívicos.
Uno de los rasgos distintivos de las sociedades ricas es la desaparición de la tranquilidad, junto con los principios éticos y los sistemas morales que se derivan del pensamiento. Es obvio que la humanidad va ligada a la capacidad de pensar, de reflexionar y ponderar. Pero si este espacio disminuye, se reduce también esa humanidad cualificada.
Cuando disminuyen las oportunidades para reflexionar debido a la colonización del tiempo y del espacio por los medios, así como a la hiperactividad de la vida cotidiana, se abandona también la prosecución de metas más elevadas.
El resultado de las nuevas "culturas de la conquista y de los instrumentos" (R. Petrella) es la mutilación de la sociedad civil, la restricción del campo de la solidaridad, por un lado, y el aumento creciente del mundo de los "sin", la reducción creciente del bien común.
La producción masiva, industrial, de comunicación tecnificada excluye la presencia real del otro. Este mecanismo refleja una organización económica, un modo de producción, que, como se sabe, ya no procura satisfacer necesidades, sino crearlas mediante la industria del reclamo y la comunicación persuasiva. La explotación de los recursos naturales ha llegado a tal extremo que la industria se encamina ahora a la explotación de los recursos espirituales y afectivos de los seres humanos. Como afirma Pross, este mecanismo no recurre ya a su fuerza de trabajo sino a su excitación fisiológica y psicológica a fin generar las necesidades que se requieren para que el mecanismo del capital siga funcionando.
La alternativa es una cultura de la diversidad, en su sentido más amplio, esto es, una cultura referida al conjunto de relaciones constitutivas de la personalidad, de la subjetividad de los individuos. Esto implica la rebelión "contra la uniformización y el control utilitaristas que destruyen las referencias, su tejido sociocultural y sus ecosistemas".
Frente a la ética de los intereses del lucro a toda costa, del individualismo, del beneficio privado de los pocos "con" a costa de la explotación material y espiritual de los muchos "sin", se impone una ética de la solidaridad. Es decir, unas pautas de comportamiento que conduzcan a ampliar el campo de la libertad humana.
En el ámbito de la comunicación social convendría, a nuestro juicio, tomar en consideración al ser humano concreto antes que al "hombre masa" . A diferencia de su coetáneo el elitista José Ortega y Gasset, que tanto despreciaba a las "masas", el gran humanista Antonio Machado afirmaba que quien "no habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre, no habla a nadie".
"Escribir para las masas no es escribir para nadie, si os dirigís a las masas, el hombre, el cada hombre que os escuche no se sentirá aludido y necesariamente os volverá la espalda."
No obstante, se habla de "comunicación de masas" y de "medios de masas", cuando todo el mundo sabe que esos medios no son de las masas ni éstas se comunican a través de ellos.
La omnipresencia de los medios durante las 24 horas del día mediatiza, coloniza el biotiempo de los seres humanos. Esta situación conlleva, como se ha expuesto más arriba, consecuencias ecológicas y, muy en particular, para la naturaleza dialógica de los seres humanos, producto ellos mismos de la relación social, de la comunicación, de la cooperación y de la solidaridad. La omnipresencia de los medios dificulta la lucha por los espacios, por los lugares del tiempo, para la conversación y el encuentro sin interferencias ni intermediarios.
La mediatización se contrarresta con la ética del diálogo (Freire, Boff, Klenk)), con la recuperación de los medios primarios, los del contacto elemental humano, con las relaciones vivas, personales, más enriquecedoras y placenteras que la comunicación tecnificada unidireccional. De este modo, la estructura significativa de las relaciones interhumanas se convierte en el fundamento decisivo de la ética.
Como se sabe, el ser humano es, por su naturaleza, un ser de relación, esto es, de comunicación. Por tanto, un ser dialógico. Esto implica que todos los seres humanos deben participar en la comunicación social, como actores, y no sólo como consumidores, en igualdad y reciprocidad con los demás. Para eso, afirma Boff, "se requiere una revoluciòn a fin de que los dos tercio excluidos y silenciados de la humanidad participen en el discurso comunicacional." Para L. Boff, "la ética del diálogo invalida el supuesto característico de las acciones de los poderosos del mundo. En realidad, ellos se reúnen (el G-7, FMI, BM, etc.) no para coordinar un diálogo general sobre el futuro de la tierra y de la humanidad, sino para garantizar su hegemonía sobre los demás, consolidar sus posiciones de poder, negociar sus intereses particulares entre ellos, y, sobre todo, asegurar los niveles de beneficios del proceso productivo mundial."
Según Klenk, esta ética dialógica se caracteriza porque:
1) no tiene una orientación individual, sino social. Pues, las acciones del ser humano están siempre vinculadas a otro. De ahí que la vida ética esté esencialmente marcada por la coexistencia con otras vidas. 2) Por el lenguaje hablado en la comunicación interhumana en cuanto portador de genuina presencia.
3) Porque no remite a un sistema racionalista de normas, sino que siempre cuenta con situaciones concretas.
Por eso es una ética de la responsabilidad.
La ética grupal de los señores del ciberespacio es inaceptable por inhumana. Niega la relación de cada individuo con el principio superior de la solidaridad, a la que todo ser humano y la propia humanidad debe su existencia. Y, a la larga, esto no lo han permitido los seres humanos. Se dice que el ciberespacio convierte al mundo en una aldea, y a la aldea en una jungla. Pero no es cierto, claro está. La aldea es, o era, un espacio lleno de contactos elementales, directos, unidos por una memoria colectiva y por tareas en gran parte compartidas, comunes. Y la conquista de la libertad es una tarea colectiva, solidaria, que no se puede llevar a cabo bajándola de ningún portal electrónico, de ninguna empresa puntocom.
La solidaridad no debe entenderse como una panacea que resuelve todos los problemas, sino como un equilibrio permanentemente renovado entre intereses individuales y colectivos. Como exigencia ética a uno mismo y a los demás, como experiencia placentera de confianza, humanismo práctico y ayuda recíproca. La solidaridad da sentido a la vida propia.
Sao Paulo 19 0ctubre 2002










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