Ciudad y MedioAmbiente: la Agenda 21 local

Luis Enrique Espinoza, Universidad de Salamanca CIUDAD Y MEDIO AMBIENTE: LA AGENDA 21 LOCAL.
El Informe del Worldwacht Institute "Signos Vitales 2000" advierte sobre el acusado deterioro de la salud del planeta: el calentamiento global, la deforestación y el crecimiento demográfico, deberían ser nuestras preocupaciones en el inmediato futuro. Sin embargo nuestro progresivo alejamiento del entorno dificulta que se afronten estos problemas.

Al tiempo se da a conocer el resultado de una investigación oficial sobre las consecuencias del cambio climático para la Unión Europea que predice problemas de escasez de agua potable, en especial en el Sur de Europa.

Adena-WWF, por su parte, alerta sobre el peligro de extinción de una decena de especies animales en la UE mientras otros autores hablan ya de una extinción masiva de especies, la sexta que haya experimentado el planeta, pero cuya particularidad reside en su celeridad y en que la responsabilidad es humana.

Científicos y ecologistas, como nuevas Casandras, predicen que nos encontramos ante una crisis ambiental que pone en riesgo el mismo modelo de desarrollo que la ha provocado, así como nuestra calidad vida y el futuro de la especie humana, pero al igual que el personaje mitológico tienen dificultades para ser creídos.

La responsabilidad del modelo económico.

Un modelo económico desarrollista, que ha imperado tanto en las economías de libremercado como en las planificadas, basado en el optimismo tecnológico, en la creencia en un crecimiento ilimitado y en una concepción antropocentrista de las relaciones de los hombres y mujeres con el medio, nos ha conducido a una situación de deterioro ecológico.

Los gobiernos no han sido conscientes de que era necesario modificar las reglas del juego para impedir que la búsqueda del beneficio a corto plazo arrase los recursos naturales y comprometa la salud y el bienestar de quienes viven hoy en el Planeta y de las generaciones futuras.

La economía convencional es incapaz de evaluar correctamente los costes ambientales, que no repercuten por lo general en los precios, ni tampoco en las macromagnitudes económicas. Para calcular el Producto Interior Bruto de un país se suman cosas que deberían restarse, como el consumo de recursos naturales no renovables. Además el sistema económico no sólo produce "bienes" sino también "males", que es necesario reflejar en la contabilidad. Hasta ahora, la generación de residuos, el daño ambiental, la pérdida de recursos, la degradación de la energía, la incidencia de los procesos productivos en la salud... se han conceptuado como "externalidades" negativas, consecuencias indeseadas que nunca se toman en consideración a la hora de evaluar el "crecimiento económico", concepto que quedaría cuestionado si tenemos en cuenta los aspectos señalados.

El Mercado se ha mostrado ineficiente para asignar los recursos intergeneracionalmente, puesto que se están dilapidando y no podrán transmitirse a nuestros descendientes, e incapaz de internalizar adecuadamente las externalidades del "crecimiento económico".

Así, tendríamos que preguntarnos cual es el "coste" real del uso de materias primas o fuentes de energía no renovables, ya que es evidente que su precio no refleja los costes ambientales de su extracción y, mucho menos, el hecho de que son recursos que se consumen ahora y de los que no se podrán servir las generaciones futuras, con las implicaciones éticas que ello supone.

El límite de la insostenibilidad.

Sabemos hace tiempo que lo que creíamos distintivo de los seres humanos: la capacidad de comunicarse, construir y manejar herramientas o la modificación consciente del medio, no son características exclusivas. Ahora bien la magnitud de esa modificación por parte de los humanos no es comparable a ninguna otra especie.

El problema, sin embargo, no estriba en la ruptura de "equilibrios", que no está nada claro que existan en la Naturaleza y que en todo caso se pueden alcanzar incluso en ecosistemas antrópicos, como los agroecosistemas, sino en la superación del límite de insostenibilidad. Hay indicios, y se han elaborado elegantes modelos matemáticos para demostrarlo, de que hemos sobrepasado la tasa de reposición de los recursos renovables, la capacidad de la biosfera para absorber los residuos y no tenemos garantías de que los recursos no renovables consumidos ahora puedan ser sustituidos en el futuro por otros recursos o por capital (innovaciones tecnológicas).

Aquí juega un papel fundamental la incertidumbre, que debiera servir para volver modestos y prudentes a científicos y políticos aplicando la sabia propuesta de "minimizar el arrepentimiento futuro", que expusiera el precursor de la economía ecológica Georgescu-Roegen, frente al objetivo de maximizar beneficios.

La clave que nos distingue del resto de especies y que puede explicar la situación creada reside en el uso que damos a la energía y en especial a los combustibles fósiles, es decir la energía solar captada por los seres vivos y concentrada durante milenios. El crecimiento económico de los últimos doscientos años se ha basado en su consumo acelerado.

Los seres humanos carecemos de instrucciones genéticas para utilizar la energía exosomática, la que no metabolizamos nosotros mismos, y de hecho lo hacemos muy mal. La primera Ley de la Termodinámica señala que la energía ni se crea ni se destruye, la Segunda o Ley de la Entropía, es un corolario y advierte: "...pero se degrada", hacia formas indisponibles. Lo cual explica, como escribe un filósofo ecologista, por qué las flores se marchitan, los muertos no resucitan y el reciclado perfecto es imposible. La Ley de la Entropía nos pone las cosas difíciles, salvo que actuemos para utilizar los recursos según su capacidad de renovación o de sustitución técnica, generemos residuos a tasas inferiores a la capacidad de absorción del medio, mantengamos la biodiversidad y empleemos formas de energía de baja entropía. Se trata de incorporar criterios operativos para un desarrollo sostenible. Podemos empezar aquí y ahora, en casa y en la ciudad.

Ciudades sostenibles.

Como hemos visto existen síntomas de que el deterioro ambiental tiene carácter global, es decir que está afectando a todo el Planeta. La erosión de la capa de ozono, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la desertificación, la contaminación del medio marino, etc_ permiten afirmar que nos encontramos ante una auténtica crisis ecológica.

Aunque sean problemas que puedan parecer lejanos, lo cierto es que nos afectan a todos y lo que es más significativo: tenemos una cuota de responsabilidad en ellos.

Por ejemplo, las ciudades se comportan como organismos vivos que consumen recursos y producen desechos. Su "huella ecológica" se advierte no sólo en su entorno inmediato sino incluso en lugares muy lejanos. Cada vez es mayor el territorio necesario para abastecer y prestar servicios a una ciudad, como ser sumidero de sus residuos.

Además hay un deterioro ambiental de carácter local que también contribuimos a generar, provocado por la contaminación atmosférica y acústica, vertidos,_ cuyas consecuencias sufrimos directamente, porque afectan nuestra salud y calidad de vida, aunque es evidente que no afectan por igual a todos los grupos sociales, dado que los de rentas más altas pueden eludir, en parte, algunos problemas.

Muy pronto vivirán en ciudades la mitad de los seres humanos. Los problemas de las megápolis marcarán nuestro inmediato futuro y aunque no tienen la magnitud que en las ciudades medias y pequeñas, debemos actuar consecuentemente con el principio de "pensar globalmente y actuar localmente".

Las contribuciones que podamos hacer desde nuestros municipios para un nuevo urbanismo, para potenciar otras formas de movilidad o de aprovechar la energía y tratar los residuos, por poner algún ejemplo, no sólo son importantes para la calidad de vida de quienes vivimos en ellos, sino que contribuyen a paliar, aunque sea mínimamente, los efectos de nuestro modelo de desarrollo en la sostenibilidad ecológica y social del planeta.

La Agenda 21 Local.

Los compromisos internacionales sobre medio ambiente, como los adquiridos en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992, buscan una aplicación práctica también a escala local a través de la Agenda 21 Local, un programa de compromisos para los municipios que los implica en la sostenibilidad global, y que se formula en cada ciudad a partir de la reflexión y discusión de los propios ciudadanos, quienes señalan con ayuda técnica los "indicadores" de sostenibilidad de su propio medio, es decir, identifican los problemas y señalan los objetivos que hay que alcanzar para mejorar la situación en un sentido amplio e integrador, donde pueden aparecer desde programas de reducción de la contaminación local, de ahorro energético, de solidaridad con otros pueblos empobrecidos o para aminorar la dependencia del empleo local de un reducido número de empresas.

Así pues, no se trata sólo de disponer de tecnologías de depuración de aguas o de reducción de la contaminación; de un modelo de gestión de basuras basado en la prevención y el reciclaje; de una política de creación de espacios verdes, etc_ Siendo importante todo ello porque supondrá una mejora en la calidad de vida y una reducción del "impacto ambiental" o de la "huella ecológica" de la ciudad, de lo que se trata es de redefinir nuestro modelo de ciudad como ámbito de trabajo y convivencia buscando la equidad, porque la justicia social es una condición para la sostenibilidad urbana. Hay que integrar las necesidades básicas de la población, así como los programas de salud, empleo y vivienda en la protección del medio ambiente.

La Agenda 21, un programa de compromisos a escala mundial, aprobada en la CNUMAD de 1992 instaba a las autoridades locales a "iniciar un diálogo con sus ciudadanos, organizaciones sociales locales y empresas privadas para adoptar una Agenda 21 Local. Mediante consultas y procesos consensuados, las autoridades locales deben dirigirse a las organizaciones cívicas, vecinales, empresariales e industriales locales, y adquirir la información adecuada para diseñar la mejor estrategia. El proceso participativo debe reforzar en cada casa y cada vecino la consciencia de los problemas que implica el desarrollo sostenible."

Las ciudades comprometidas en la elaboración de Agendas 21 locales han constituido en Europa la Red de Ciudades Sostenibles a partir de la firma de la Carta de Aalborg en 1994. Dos años después, en Lisboa, se celebra una segunda Conferencia de Ciudades Sostenibles que destaca el papel dinamizador de los ayuntamientos en los procesos de Agenda 21, propone crear un Foro ciudadano para articular la participación ciudadana en ellos y establece la necesidad de un Plan de Acción Local. La tercera Conferencia se celebró en Hannover en febrero de 2000 con la asistencia de 250 representantes municipales de 36 países europeos.

En Catalunya este movimiento es especialmente dinámico gracias a la Diputación de Barcelona que impulsa la Xarxa de Ciutats i Pobles cap a la Sostenibilitat que agrupa 156 municipios que concentran el 75 % de la población catalana.

La Campaña Europea de Ciudades Sostenibles cuenta ya con la participación de 650 autoridades regionales y locales de 32 países que han firmado la Carta de Aalborg, implicando a 130 millones de europeos. La Campaña está siendo coordinada conjuntamente por el Consejo de Municipios y Regiones Europeas (CMRE), Eurocities, la Red de Ciudades Saludables de la OMS, el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales (ICLEI) y la Organización de Ciudades Unidas (UTO) en cooperación con la Comisión Europea y su Grupo de Expertos.

La Comisión Europea se encuentra implicada en esta tarea ya desde la publicación en 1990 del Libro Verde sobre el Medio Ambiente Urbano que destacaba el papel de las ciudades en la resolución de los problemas del medio ambiente mundial. En 1991 la Comisión creó el Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano con la misión de estudiar el modo en que las estrategias de urbanismo y uso del suelo pueden incorporar objetivos medioambientales y asesorar a la Comisión sobre la forma de desarrollar la dimensión ambiental urbana en la política comunitaria. El Grupo lanzó en 1993 el proyecto "Ciudades Sostenibles" junto con la Comisión y elaboró el Informe "Ciudades Europeas Sostenibles" hecho público en 1996 en la Conferencia de Lisboa. En él se definía la sostenibilidad urbana como un proceso y se proponían unos principios para el desarrollo urbano sostenible, que abarcaban la planificación democrática y participada de la gestión urbana, la integración y coordinación políticas, la adopción de una estrategia ecosistémica en el manejo de la energía, los recursos y los residuos en la ciudad, así como la cooperación de organizaciones y organismos. El Informe describía los posibles instrumentos para la gestión urbana sostenible: colaboración; integración de políticas locales; ecologización del mercado; gestión de la información; y seguimiento. Finalmente se señalaban distintas áreas de intervención: recursos naturales, energía, residuos; desarrollo socioeconómico; accesibilidad; planificación del territorio; regeneración urbana y patrimonio. Para cada una de ellas se formulaban recomendaciones dirigidas a las autoridades locales.

La Comisión Europea ha elaborado una Propuesta de Decisión relativa a un Marco Comunitario de Cooperación para el Desarrollo Sostenible en el Medio Urbano, con un presupuesto de 12,4 millones de euros y un período de aplicación comprendido entre 2001 y 2004. Este Marco Comunitario, que ya ha sido discutido en el Parlamento Europeo y está pendiente de aprobación definitiva, ofrecerá ayuda económica a las autoridades locales que participan en la Campaña Europea de Ciudades Sostenibles para proyectos de concienciación sobre el desarrollo urbano sostenible y elaboración de Agendas 21 locales; para estimular la cooperación y someter a evaluación y seguimiento los procesos en marcha.

Metodología de la Agenda 21 Local.

El proceso de elaboración de la Agenda 21 Local comienza con una decisión política de la autoridad local, mediante un Acuerdo en este sentido, y la constitución de un Foro Ambiental con amplia representación de los agentes sociales y económicos del municipio. A partir de la constitución del Foro el método de trabajo puede ser el que se esquematiza en la Guía Europea para la Planificación de las Agendas 21 Locales elaborada por Nicola Hewitt para el ICLEI y cuyo objetivo fundamental es la elaboración mediante una dinámica participativa de un Plan de Acción Local que oriente las futuras decisiones. A continuación incluimos una relación de posibles tareas concretas, según la propuesta de Bermejo y Nebreda (1997) con alguna pequeña modificación:

1º) Constitución y dinamización del Foro Ambiental, órgano de participación ciudadana con la más amplia representación, y de los grupos de trabajo temáticos que se creen en su seno. Se precisa del conocimiento de otras experiencias y de la información necesaria para fundamentar sus trabajos.

2º) Creación de un Panel de Técnicos de las distintas áreas de gestión del Ayuntamiento, cuya finalidad será colaborar con el Foro Ambiental y desarrollar al tiempo sus propias propuestas de actuación desde los distintos departamentos, dirigidas tanto a la toma en consideración por el Foro como a la aplicación dentro del Ayuntamiento o de sus instalaciones. Se trataría así de hacer realidad el carácter transversal de las iniciativas sostenibles.

3º) Formación de agentes sociales y económicos, así como apoyo especializado al Panel de Técnicos.

4º) Divulgación del proceso hacia colectivos ciudadanos y la población en general, mediante campañas publicitarias y programas específicos de educación ambiental.

5º) El Foro Ambiental define objetivos y metodología de trabajo: fases del proceso, formas organizativas_ Elaboración del Documento inicial de Principios Básicos de Sostenibilidad, donde se contengan las aspiraciones de la comunidad en salud, calidad de vida y del ambiente local, modelo de consumo y producción, etc_ Del mismo modo se incluirán en este primer documento un balance de los activos físicos y sociales de la comunidad.

6º) Elaboración de la Propuesta Inicial de Indicadores de Sostenibilidad que se presentará para su discusión participada en el seno del Foro Ambiental.

7º) Elaboración de un Informe-Diagnóstico sobre el Desarrollo y la Sostenibilidad, que valore la situación de partida de acuerdo con diversos indicadores, en relación con los estándares de sostenibilidad prefijados. Se trata de identificar los problemas, conocer su magnitud y sus causas. Para ello será preciso realizar una auditoría ambiental, para determinar datos objetivos, y una serie de técnicas de consulta para detectar las apreciaciones subjetivas de la población. De manera complementaria se puede consituir un Observatorio Municipal de Salud y Medio Ambiente de carácter técnico, cuya misión sería proporcionar información actualizada al Foro sobre distintos aspectos que sirvan de materia de debate y propuesta.

8º) Definición de Indicadores de Sostenibilidad, que incluirá para cada uno de ellos: justificación de su elección especificación del método de medida y de las fuentes de obtención tendencia necesaria para que su evolución sea considerada positiva hacia la sostenibilidad nivel de sostenibilidad en relación con estándares (límites máximos o umbrales) causas de su comportamiento acciones propuestas para mejorar la situación.

9º) Estudio del comportamiento de cada Indicador, analizando su variación por zonas, sexos, edades, grupos sociales, etc_ Al tiempo se analizarán los vínculos e interrelaciones entre unos indicadores y otros.

10º) Confección de un Plan de Acción, coherente con los Principios Básicos de Sostenibilidad, que será desarrollado desde el Ayuntamiento con la colaboración activa del Foro Ambiental. Se plantearán objetivos a corto, medio y largo plazo. El Plan contendrá una relación de proyectos específicos interrelacionados, con la máxima concreción de la propuesta de actuaciones, señalando en cada caso el desarrollo previsto, los agentes responsables, el cronograma, presupuesto por anualidades, recursos técnicos que se precisan y por supuesto el nivel de prioridad de cada actuación. Dentro del Plan de Acción se incluirán una serie de propuestas de actuación que se pueden referir a aspectos tales como la ordenación territorial, la planificación urbanística, la movilidad, o bien a los ciclos de recursos o los flujos energéticos, e incluso la modificación de hábitos y actitudes, cambios en las estructuras administrativas, etc_ Sin olvidar los aspectos socioeconómicos, que debe ser abordados también desde el enfoque global que se propone.

11º) Seguimiento, supervisión y evaluación del proceso, comparando la evolución de los Indicadores y los objetivos propuestos, para determinar el grado de cumplimiento del Programa. Formulación de Propuestas de Mejora. Elaboración de Informe Final para su difusión pública y para abrir un debate sobre sus resultados y formular un nuevo Plan de Acción. Los indicadores de sostenibilidad que se construyan en el seno del Foro Ambiental permitirán evaluar la eficacia de las propuestas de actuación, gracias a la cuantificación tanto de los objetivos señalados previamente como de los que finalmente se alcancen. El protagonismo en el proceso de evaluación y de retroalimentación (pues se trata en definitiva de un proceso de "mejora continua") es de nuevo del Foro, asesorado por el Observatorio y el Panel de técnicos municipales.

En la metodología del proceso de Agenda 21 Local desarrollada por la Diputación de Barcelona tras la fase de Auditoría o Diagnosis y, una vez acordado el Plan de Acción, contando en ambos con la participación ciudadana, se inicia la planificación hacia la sostenibilidad integrando los programas de promoción económica y cohesión social. En esta fase se sugiere la creación de una Oficina de Agenda 21, como existen ya en algunas ciudades integradas en la Xarxa, que impulse los procesos participativos, la implantación y ejecución de las acciones hacia la sostenibilidad y realice el seguimiento y evaluación del proceso, de los indicadores, de la implicación de los agentes socioeconómicos y promocione buenas prácticas y procedimientos. Además se le encomienda una tarea interna en el Ayuntamiento: hacer realidad la transversalidad en la gestión y la convergencia de los instrumentos de planificación locales. Finalmente se prevé un Plan de Seguimiento mediante la formulación de indicadores, bien asumiendo el Sistema municipal de Indicadores de Sostenibilidad desarrollado por la Xarxa, o incorporando otros específicos del municipio, que permitan evaluar del grado de cumplimiento del Plan de Acción o la participación ciudadana.

También Bermejo y Nebreda realizan su propia propuesta de Indicadores y el Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la Comisión Europea presentó en la Conferencia de Hannover unos Indicadores Comunes Europeos que puedan complementar los ya definidos a escala local o nacional. Se trata de una iniciativa de seguimiento, que se invita a adoptar a los municipios involucrados en el desarrollo de la sostenibilidad local, ya que los indicadores permiten evaluar los progresos realizados mediante una información comparable: la magnitud del cambio en el tiempo y las tendencias. Los indicadores propuestos reflejan las interacciones de los aspectos ambientales, sociales y económicos, y analizan la satisfacción de los ciudadanos; la contribución de la ciudad al cambio climático; la movilidad; la existencia de zonas verdes o la calidad del aire por poner sólo algunos ejemplos. Los principios en los que se basan los indicadores tienen que ver con las preocupaciones por la equidad social, la participación en la toma de decisiones, la integración entre lo local y lo global, la economía, la protección del medio ambiente o del patrimonio arquitectónico.

Agenda 21 Local y Planificación.

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tiene entre sus objetivos la determinación de los usos del suelo, la ordenación del espacio urbano, la localización de los sistemas generales y las actuaciones públicas, así como la regulación de la acción privada mediante la normativa. Por todo ello es el intrumento adecuado para redefinir el modelo de ciudad y adaptarlo a los objetivos de sostenibilidad definidos en la Agenda 21 Local. Ello justifica que ambos procesos, la elaboración del PGOU y de la Agenda 21, sean paralelos y se coordinen.

Se está produciendo un crecimiento de nuestras ciudades en mancha de aceite, una urbanización difusa. Los precios, la especulación, el deterioro ambiental de algunos barrios y la ausencia de políticas favorables a la rehabilitación, estimulan el desarrollo residencial extensivo, periférico y periurbano.

No sólo se trata de un problema de mayor ocupación del territorio, a costa de la desaparición de espacios agrícolas y naturales, sino que está cambiando el modelo de ciudad. Frente a la ciudad concentrada y plurifuncional, característica de los países mediterráneos, se está asentando el modelo "americano" caracterizado por la segregación funcional de usos del territorio. Se definen así zonas exclusivamente residenciales, grandes áreas comerciales, polígonos industriales o campus universitario, mientras que la ciudad antigua se terciariza progresivamente apareciendo conflictos entre usos.

Los Ayuntamientos que persigan el objetivo de la calidad ambiental en la ciudad pueden limitarse a ejercer una tutela con el fin de que se cumpla en su ámbito la legislación sectorial en materia de contaminación, ruido, aguas, etc... Sin embargo cabe la posibilidad de que ejerzan un papel más activo, utilizando su capacidad normativa o incluso aprovechando el "efecto demostración" de las iniciativas públicas.

Los aspectos ambientales tienen que estar presentes en el diseño de la vivienda o en los materiales que se emplean, y para ello se está desarrollando la arquitectura bioclimática. Pero además tenemos que prestar atención al consumo de energía o de agua en la ciudad, a la preservación de espacios libres, y a la generación de residuos en los hogares.

Es precisa una política pública de apoyo a la arquitectura bioclimática, de priorización de la rehabilitación frente a la nueva construcción, de fomento de sistemas de ahorro y autosuficiencia energética, de reducción y recogida selectiva de basuras, de protección de espacios agrícolas y naturales urbanos y periurbanos. Para realizar todas estas políticas los Ayuntamientos disponen de un instrumento más: los denominados Planes de Desarrollo del Planeamiento General (Planes Especiales, Planes Parciales y Estudios de Detalle). En la actualidad estos planes suelen ser concebidos y redactados por los promotores particulares y sometidos posteriormente a la aprobación del Ayuntamiento, el cual se suele limitar a controlar aspectos legales y de tramitación.

Son los Planes Parciales los que hacen "nueva ciudad", y es en ellos en los que se debe decidir la ubicación de los espacios verdes, el carácter y diseño de las vías públicas, la reserva de zonas para dotaciones y los aparcamientos correspondientes, el tipo de infraestructuras previstas para el funcionamiento de esa nueva ciudad (abastecimiento de agua, alcantarillado, depuración, alumbrado público, recogida de residuos, transporte público, electrificación, redes de comunicación y telefonía, etc_).

Estas decisiones son de capital importancia si se quiere apostar por la sosteniblidad y es una irresponsabilidad de los Ayuntamientos y una clara dejación de sus funciones públicas el permitir que las tomen los promotores privados que, obviamente, se guiarán por el interés de lograr el máximo beneficio, disminuyendo en todo lo posible los costes de la urbanización.

Los Ayuntamientos deben tomar la iniciativa en redactar los Planes Parciales y Especiales y plasmar en ellos un modelo coherente de ciudad sostenible, integrando la nueva ciudad con la antigua, tanto en términos de infraestructuras como de espacios libres y movilidad. Estos planes son a la ciudad lo mismo que el Proyecto Arquitectónico es a la vivienda y el Ayuntamiento debe velar porque la ciudad se diseñe y construya en interés de todos los que van a vivir en ella y en armonía con el entorno.

Un ejemplo: la movilidad motorizada.

El crecimiento del transporte motorizado en nuestras ciudades, que es un fenómeno asociado a la expansión urbana y a la segregación de usos en el territorio, ocasiona un deterioro ambiental y de la calidad de vida.

No se trata sólo de que la contaminación atmosférica o acústica se asocien al tráfico, ni siquiera de que el espacio viario esté desigualmente repartido a favor del automóvil.

Existen otros costes que conviene tener en cuenta tales como la accidentalidad, que sufren en mayor medida los grupos más vulnerables, o las pérdidas de tiempo y dinero ocasionadas por la necesidad de desplazamiento en unas vías congestionadas. Reflexionemos sobre lo que esto puede suponer de merma en los resultados prácticos de las reivindicaciones laborales clásicas de incremento de salarios o reducción de jornada.

La ciudad se planifica en función de la minoría que utiliza el coche, que en ciudades medias no llega al 25 %, mientras la mayoría, peatones, usuarios del transporte público y ciclistas, sufren los problemas de ruido, contaminación, peligrosidad y pérdida de espacio viario. Incluso el transporte público se lentifica por el uso indiscriminado del coche.

Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) en nuestro país el 45 % de los trayectos realizados en coche son menores de 3.000 metros. El 25 % es para distancias comprendidas entre 1 y 3 km. y el 20 % inferiores a 1.000 metros. Un 10 % de los trayectos son inferiores a 500 metros.

Ante la creciente siniestralidad en muchas ciudades europeas se ha reducido el límite de velocidad en zonas residenciales hasta los 30 km/hora por razones de seguridad. Si un coche viajando a 65 km/hora atropella a un peatón el riesgo de que resulte herido de gravedad es de un 85 %. Cuando el coche circula a 50 km/hora este riesgo desciende al 45 % y cuando lo hace a 30 km/hora se reduce a tan solo el 5 %.

En definitiva el coche en la ciudad es ruidoso, contaminante, acaparador de espacio, peligroso e incluso lento.

Como vemos existen problemas locales asociados a la movilidad pero también globales porque estamos contribuyendo a agravar los problemas de escala planetaria, al consumir combustibles fósiles y emitir gases de invernadero.

En lugar de seguir creando infraestructuras para hacer "fluido" el tráfico debemos cuestionarnos por qué se produce esa política favorable al coche y cómo reducir la necesidad de desplazarse.

Para prevenir los problemas asociados a la movilidad y facilitar la accesibilidad se deben adoptar medidas en el seno del proceso de planificación urbana, que permitan abaratar la vivienda y evitar la "expulsión" de las familias hacia la periferia; la creación de nuevas áreas de centralidad que difuminen la presión existente sobre el casco histórico; planificar la cercanía mediante la descentralización de servicios; una apuesta por el transporte público de calidad; y una política de disuasión, de forma que se utilice el coche sólo cuando se carece de alternativas.

Sirva este ejemplo para reiterar la conexión existente entre fenómenos locales y globales, así como la necesidad de coordinar los instrumentos de planificación (urbanística, de ordenación del territorio, de la movilidad, de promoción industrial, etc_) y adecuarlos a los principios e indicadores de sostenibilidad definidos en el proceso de Agenda 21 Local.

A modo de conclusión.

La Agenda 21 Local aporta como novedades una dimensión global, que integra los aspectos ambientales y socioeconómicos; la exigencia de planificación y coordinación de políticas municipales diversas; o el carácter participativo de su elaboración y gestión que supone una corresponsabilidad en las decisiones por parte de los ciudadanos, en un ejercicio de profundización de la democracia política.

La extensión del marco de decisión es imprescindible cuando se trata de hacer frente a problemas complejos, donde la incertidumbre es alta, irreductible en ocasiones, y existen valores en juego o implicaciones éticas, por ejemplo de tipo transgeneracional. La implicación ciudadana en el proceso hacia la sostenibilidad aporta un elemento de continuidad frente a las discontinuidades de la política tradicional, marcada por las contiendas electorales que exigen, además, resultados en el corto plazo.

Este tipo de compromisos de escala local, que son al tiempo institucionales y ciudadanos, son indispensables para enfrentar con eficacia los problemas ambientales.

Está en juego nuestro futuro como especie porque, como advertía hace poco el ecólogo Ramón Margalef, aunque los humanos fuésemos capaces de destruirnos y destruir parte de la biosfera, la vida continuaría sin nosotros.