El despoblamiento de Castilla y León
Víctor Fernández Domínguez */ Rebelión 6 de enero de 2003
España: el mundo rural se muere
Sobre los pueblos agrícolas y ganaderos de Castilla y León y más concretamente sobre los zamoranos se está fraguando una catástrofe silenciosa, disfrazada con las mejores galas de la subvención y el subsidio. Me estoy refiriendo al despoblamiento paulatino pero inexorable que en pocos años dejará la mitad o quizá más de las pequeñas poblaciones desiertas. Para hacernos idea de esa sombra que se cierne sobre las esas poblaciones, sólo hay que hacerse una idea de lo que va a significar que dentro de 10 años los pueblos que durante siglos vivieron de la agricultura y la ganadería se vean vacíos de gente. Kilómetros y kilómetros de poblaciones fantasma; miles de hectáreas abandonadas a la maleza y el matorral; centenares de kilómetros cuadrados a disposición de la rapiña capitalista, que podrá hacer impunemente, pues no habrá quien se le oponga, el último saqueo de las riquezas de esta tierra; dejando, seguramente, en su lugar un sitio inhóspito, degradado y paisajísticamente arruinado. Esta es la crudísima realidad de la cual no oigo hablar en ningún sitio ni medio con la contundencia que el caso requiere.
Aparentemente todo el mundo mete la cabeza debajo del ala y socialmente este gravísimo tema queda silenciado. Cientos de pueblos aún vivos, pues todavía queda gente en ellos, tienen el acta de defunción firmada, esperando que el último vecino eche la llave y se vaya camino del cementerio o de la ciudad. ¿Cuándo se ha visto que a un enfermo el médico le firme el acta de fallecimiento, no haga nada por recuperar su salud y espere su muerte? Pues eso, hoy, es lo que está pasando con todas estas poblaciones. Se sabe el mal que padecen, se conoce el remedio, pero quien tiene los medios y los recursos para aplicar la medicina se lava las manos y a esperar el desenlace final.
¿Cómo se ha podido llegar a esta situación?
Desde mi punto de vista todo comenzó en la época de los gobiernos socialistas y la entrada en la CEE. Aquellos gobiernos vendieron el sistema productivo español por un plato de turistas y lugares de ocio. Nuestra integración en Europa más que un avance fue un atraco a mano armada contra los trabajadores (reconversiones industriales salvajes, programa de abandono de tierras de labor, desmantelamiento de granjas productivas) del que poco a poco vamos viendo sus resultados.
En el caso de la agricultura y ganadería el atraco se consumó camuflado como un caramelo: subvenciones, incentivos para abandonar tierras, indemnizaciones por cierre de granjas ganaderas. El pequeño agricultor creyó que esto era una mina y se lanzó a recoger lo que iba a ser la ruina de su hacienda. Nadie, ningún político, explicó cuáles eran los verdaderos planes europeos para nuestra pequeña agricultura; a ningún agricultor se le pidió su consentimiento para llevar a cabo este desmantelamiento. Todo quedó tapado con dinero. Dinero que no venía para ayudar a la pequeña agricultura a salir de su atraso, venía a comprar el pequeño negocio agrícola o ganadero que había sido conseguido con el esfuerzo de muchas generaciones, pero lo compraron para destruirlo. Europa y su voluntario brazo ejecutor, el Partido Socialista, no necesitaban nuestros productos, es más, les estorbaban. Ninguna subvención de las que se han dado debía llevar como objetivo la modernización de las producciones y si alguna llevaba ese objetivo, creo que ha fracasado estrepitosamente, pues lo único que ha hecho es hacer del agricultor un defraudador. Ahí está el caso del lino. Lo nunca visto está sucediendo: el labrador siembra para recoger una subvención, la cosecha se deja en la tierra o se quema.
¿Cuáles eran los verdaderos objetivos del PSOE y la CEE? Creo que el fin último de toda esta política de robo a mano armada de subvenciones era quitar de en medio al pequeño agricultor y ganadero y darle al gran terrateniente latifundista andaluz, castellano, extremeño o de cualquier otra región la cuota de producción de todas esas miles de familias que honradamente trabajaban y sacaban su sustento de la tierra. Según contaron esta agricultura no era competitiva. El trabajo agrícola debía ser como el de una gran empresa: asalariados que condujeran las grandes maquinas con contratos basura, productos químicos que ayudaran a sacar adelante las cosechas y dieran grandes beneficios a las multinacionales químicas, grandes extensiones de terrenos con monocultivos y esto, claro, sólo estaba al alcance de los Mario Conde de turno, que habían invertido sus robos en la banca o cualquier otro sector en la compra de tierras. No hubo una verdadera política de mejorar al pequeño agricultor, todo fueron sobornos y tretas. No se invirtió un solo duro con el verdadero fin de fijar población en el campo y ayudar a las pequeñas explotaciones. Toda fue una política envenenada, que los labradores y ganaderos apuraron hasta la última gota, aún sabiendo que estaban firmado su jubilación anticipada, lo que hacían gustosos pues veían como se les estaba poniendo de duro el futuro, pero a la vez y quizá sin ser muy conscientes de ello estaban firmando el destierro y el despido de sus hijos.
La política socialista y ahora la del PP ha abandonado esta tierra castellana y leonesa. De momento acuden aquí cada campaña electoral a pasar el rastrillo y sacar ese puñado de votos de jubilados que aún se pueden rapiñar. Vienen, se los llevan y hasta dentro de cuatro años no vuelven a pisar esta tierra que se muere. Pero pronto no quedarán ni jubilados que voten, por lo que tendrán que buscar su voto en otros lugares y por aquí ya no pasarán. No les interesan nuestros pueblos, les interesan los votos que aquí quedan. De estos políticos algún día, más temprano que tarde, tendremos que deshacernos, pues están arruinando esta tierra y, a pesar de sus esfuerzos, nuestra provincia cada día pierde más población: unos camino del cementerio y otros de la emigración.
¿El esfuerzo que los dirigentes aseguran que están haciendo por fijar población es sincero? Creo que no, es otra mentira más, muchos programas con ayudas, mucho dinero para iniciar nuevos negocios, muchas subvenciones para nuevos yacimientos de empleo pero ¿los resultados? Más despoblamiento. Si el resultado es este, hay que cuestionarse que el dinero se esté invirtiendo correctamente. Hay que preguntarse por los verdaderos objetivos de los que fijan estas políticas de ayuda; hay que cuestionarse que el PP no sea el último sepulturero de esta tierra y que ese sea su único fin: despoblar totalmente el campo para tener manos libres y así extraer de estos lugares el último ordeño después de muertos. Zamoranos, estamos siendo vampirizados, y nos estamos dejando.
¿Qué será de Benavente el día que su comarca esté despoblada?
¿Qué hospital va a construir el PP en una tierra que han condenado a ser un desierto?
¿Qué será de Zamora el día que no tenga población que administrar?
¿Qué será de las pocas infraestructuras creadas en los pueblos el día que nadie las use?
¿Quién será capaz de volver a hacer arraigar población en estos pueblos cuando el último nativo se haya ido?
¿Qué atractivo va a tener esta tierra sin moradores?
¿Qué negocio que no sea agrícola va dar resultado en una tierra eminentemente agrícola?
¿Es o ha sido esta una tierra pobre, no productiva?
¿Alguien alguna vez se ha planteado el tema del despoblamiento en serio?
¿Serán estas comarcas algún día tierra de nadie atravesada por autopistas que conducen a otros lugares?
¿Alguien puede imaginarse las calles del pueblo que le vio nacer desiertas invierno y verano?
¿Alguien puede imaginarse a su pueblo convertido en un zarzal?
¿Creen los pueblos más grandes que van a vivir mejor rodeados de desierto?
¿Quién puede contestar a todas o alguna de estas preguntas?
¿Quién puede plantear otras cuestiones?
Este es un SOS lanzado al aire para que lo recoja la gente. Desearía que se iniciara un debate popular para deslindar los límites del problema y después plantear alternativas. Por favor la clase política actual abstenerse, bastante daño habéis hecho ya. Vosotros sois unas de las cosas que sobráis en esta tierra, y alguien tendrá que quitaros de las poltronas, si es que queda gente para ello.
* Es natural de Villaferrueña (Zamora)









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