Isabel, ¿y Granada qué?
Gabriel Pozo Ideal Digital, 11-01-03TRIBUNAEL 26 de noviembre del próximo año se va cumplir el 500 aniversario de la muerte de Isabel I de Castilla, Isabel la Católica. La grandeza del personaje, que llenó buena parte de la historia europea en el tránsito de la edad media a la moderna, es indiscutible: para bien de unos o para mal de otros.
El acontecimiento -la efeméride mortuoria- ha suscitado el interés de varias ciudades, instituciones públicas e iniciativas privadas. Desde hace años vienen preparando estudios, jornadas, exposiciones, ediciones, programas de televisión y webs varias (www.reinacatolica.com). Incluso en Valladolid se ha creado una comisión especial a tal efecto que ya ha sacado a la calle una primera publicación; de esta iniciativa participan desde el Arzobispado de Valladolid al Ministerio de Cultura. Bien es cierto que uno de los motivos principales que alientan tal movimiento es reavivar el proyecto de beatificación de la Reina, ralentizado tiempo atrás por diversas causas.
Isabel I de Castilla fue la reina consorte que conquistó (algunos prefieren utilizar el término reconquistó) el Reino de Granada y concluyó prácticamente la unificación de España (a excepción de Navarra, que lo fue poco después). Aquella reina consumió un cuarto de su vida en guerrear contra Granada y otro cuarto en tratar de incorporar los restos del reino nazarí a la corona cristiana.
Granada para ella fue un anhelo y una obsesión. Tanto era así, que quiso hacer de esta ciudad la capital, la primera estable, de su itinerante e incipiente corte moderna. Luego, por desgracia, imponderables históricos la obligaron a vagar con su administración a cuestas por las tierras de España. Granada fue para ella la ciudad odiada mientras no estuvo en sus manos y profundamente deseada, porque no vivía para otra cosa. Una vez conquistado el reino, Isabel I permaneció en la ciudad varias temporadas. Aquí sufrió la muerte de su único heredero varón y de aquí salieron sus hijas, futuras reinas de Portugal y de Inglaterra. Para nunca más volver.
Tan grande llegó a ser su obsesión por esta tierra que en sus disposiciones testamentarias dejó bien claro dónde quería que reposaran para siempre sus restos: en Granada. La Capilla Real se convirtió desde principios del siglo XVI, a los pocos años de su muerte, en túmulo funerario de ella, de su esposo y de su hijo varón. Uno está más ligado al lugar en que se entierra que al que nace: Isabel no eligió nacer en Madrigal de las Altas Torres, pero sí deseó descansar para siempre en Granada.
La ligazón, pues, a la ciudad es más que evidente. Y no sólo a Granada, sino a toda Andalucía. ¿Desde dónde siguió los diez años de campañas guerreras, 1482-92? En Andalucía, evidentemente. El Alcázar cordobés y los Reales Alcázares sevillanos fueron sala de partos y residencia diaria; desde allí abastecía a un ejército que luchaba en la frontera nazarí. En la fase final de la guerra incluso se acercó a los castillos fronterizos, desde los que casi se veía la ciudad de Granada a simple vista. Finalmente, Santa Fe debe su vida al empeño de Isabel de hacer estable un campamento militar.
A un año vista del inicio de los actos conmemorativos, la ciudad de Granada -ni Andalucía, que yo sepa- han movido un papel para organizar algún tipo de actividad cultural o histórica relacionada con este centenario. De seguir así, todo podrá quedar reducido a una misa el 26 de noviembre en recuerdo de aquella mujer profundamente católica. No se tiene conocimiento de iniciativa pública ni privada que haya dado un paso en este sentido (Ojalá nos equivoquemos y haya alguna idea en marcha oculta por el silencio).
Sobre Isabel la Católica no está todo dicho ni todo escrito. Aquella figura poliédrica levanta pasiones entre quienes apoyan la causa de su beatificación, por entender que fue la gran reformadora y evangelizadora de la Iglesia, de España y de América. En cambio, entre miembros de otros colectivos -musulmanes, judíos y amerindios, sobre todo- no levanta las mismas pasiones, sino más bien todo lo contrario.
Precisamente por todo esto, porque hay mucho que decir y conocer sobre la reina que dio forma al actual estado español es por lo que merece que Granada -y Andalucía- pongan en marcha iniciativas con las que sumarse a ese acontecimiento que tanto marcó el futuro de las realidades española y suramericana.










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