RESUCITEMOS LA UTOPIA

JOSE LUIS GIMENEZ 13/06/2003El Adelantado Es palmario. Nadie puede negar que algo inquietante está ocurriendo en el decurso de la humanidad. Y aunque sabido es que la evolución de ésta se produce, desde siempre, de forma continua, imparable, también es cierto que últimamente el ritmo se ha acelerado de tal forma, que desborda las posibilidades de una asimilación racional. Sobre todo, por parte de una mayoría de seres humanos que se sienten acosados y atragantados por la riada del futuro, que ya está anegando el presente de dichas personas; sin darles tiempo para asumir las nuevas realidades o adaptarse a ellas... Y lo peor es que su pasado también se sumerge, dramáticamente, en la vorágine de una profunda fosa abisal del mar de los olvidos, sin restos en flotación, casi sentenciando que el pretérito ha sido algo inútil... Es como si a nuestras espaldas tuviésemos el reflujo de una enorme ola succionadora, y enfrente un gigantesco tsunami arrollador y destructivo... ¡Y no debe ser así!

El pasado --con sus yerros y aciertos-- sirvió para construir el presente; y éste --con sus logros y desaciertos-- sirve, a su vez, para estructurar el futuro... Mas, ocurre que en el momento actual los seres humanos son (somos) víctimas de esa vertiginosa aceleración del compás del tiempo, a la que nos hemos referido, y se están convirtiendo (nos convertimos) en pésimos arquitectos del porvenir... Porque, entre todos, hemos primado en demasía el desarrollo de nuevas formas del pensar y del vivir (sin bases sólidas, ni serias meditaciones); al mismo tiempo que sólo se ha buscado, preferentemente, la superficialidad de nuevos recursos tecnológicos con los que levantar el edificio ´material´ del mañana, sin darnos cuenta que estamos olvidando --si no es perdiendo-- la sabiduría del rico humanismo del pasado (su levadura, el hurmiento), así como el arte de hacer un buen mortero, una adecuada argamasa con la cual mampostar las piezas de eso que llamamos ´futuro´, y que va a necesitar, más que nunca, el contrapunto de lo espiritual; sea cual fuere el camino que elijamos y la dimensión que queramos darle.

Sí, la humanidad está en crisis... No tenemos más que tomar el pulso a conceptos y valores tales como: familia, amor, amistad, prójimo y solidaridad; educación, ética y coherencia; respeto mutuo, justicia distributiva y egoísmo; corrupción, violencia y traición; etcétera. Y así hemos de admitir que urge reconducir la nave; so pena que estemos decididos a que la misma naufrague, sin opción a un salvamento... ¿Que cómo hacerlo?... Reconocemos que es difícil, pero no imposible; si es que aún somos capaces de zafarnos del ´síndrome del avestruz´ y del letal cáncer social del laissez faire, laissez passer ... Primero, haciendo un concienzudo análisis de la situación actual de la sociedad y de cuanto se avecina (causas y efectos); seguidamente, planteando un programa factible; después, activando el motor de una voluntad recomponedora; y finalmente, sumando imaginación al objetivo buscado, o sea, persiguiendo la ilusionante utopía de un mundo no tan enmerdado como el que nos toca respirar.

Todos sabemos que el término ´utopía´, desde hace tiempo, no goza de salud, sobre todo en su extensión política; pero la verdad es que los ideales utópicos han sido --y pueden seguir siéndolo-- la mejor energía para caminar hacia metas de mayor progreso, intrínsecamente humano; aunque nos conste, a priori , que nunca alcanzaremos el centro de la diana... ¡No importa!... Siempre será mejor acercarse, lo más posible, a ese objetivo ideal que quedarnos lejos, envueltos en plañideros lamentos de eterna y dolorosa desesperanza.

No, no propugnamos releer La república de Platón; ni a Moro en Utopía , Campanella en La ciudad del sol , Bacon en Nueva Atlántida , o Cabet en Icaria (¡demasiadas islas!); ni dejarnos arrastrar por Butler llevándonos a su Erewhon , o creer a Morris narrándonos Noticias de ninguna parte ... Tampoco seguir a pies juntillas, en sus proposiciones, a Müntzer, Saint-Simon, Fourier, Owen y tantos otros; ni mucho menos aceptando, sin lucha, el terrible Mundo feliz de Aldous Huxley, entre tantas ofertas de anticipación.

No obstante, sin descabelladas fantasías, nos inclinamos por retomar la idea de resucitar la utopía --en abstracto-- como proyecto ilusionante, dinamizador, que nos lleve hacia un porvenir con horizontes más limpios, donde no medre, como mala hierba, el encadenamiento de obsesiones únicas de poder y dominio, cuyo siguiente eslabón es el de la violencia que, a su vez, impone obediencias por miedo y no por debida asunción, como fruto de la racionalidad del ser humano que se siente libre para elegir...

Pero, ¿quién o quiénes han de asumir el protagonismo de la sugerencia?... Personalmente, creemos que dentro de la sociedad sólo son los jóvenes (los jóvenes en edad y los ´jóvenes´ de espíritu) los óptimos para encarnar el rol del futuro. Lo que ocurre es que no hay tantos como desearíamos, sino pocos; muy pocos... A pesar de todo, de las filas de ideologías progresistas debe salir el nuevo fertilizante que tan urgentemente necesita nuestra sociedad... Por ello, los partidos políticos preocupados por la solidaridad entre los pueblos --no inquietos por el dinero-- debieran buscar en sus propias canteras a los dirigentes del mañana y prepararlos, éticamente, para ser guías del futuro... Sí, necesitamos resucitar la utopía dinamizadora.