LAS POLITICAS REACCIONARIAS DEL PLENO EMPLEO
¿SE ACABÓ EL TRABAJO?
Los sociólogos actualmente de moda, asociados por lo habitual a la "London Shool of Economics" tratan de convencer a los políticos, tanto de la derecha como de la izquierda del Capital, de que el trabajo para todos se acabó. Uno de ellos, Ulrich Beck, que tanto ha colaborado con Gerhard Shöder como los dirigentes neofascistas de Baviera, se expresa con claridad: "Se acabó el trabajo. No hay para todos. Y no volverá a haberlo. O al menos en la forma en que lo conocemos ahora. Digan lo que digan los políticos. Habrá que acomodarse. Inventar alternativas (...)". (EL PAIS-domingo 20/10/2002).
Parece que Ulrich Beck se refiere al agotamiento del trabajo en la forma que lo hemos conocido hasta ahora.
Los hechos son suficientemente explícitos para que como él, otros economistas y sociólogos se vean obligados a reconocerlo... ¡a pesar de lo que digan los políticos¡. Pero ni Brek, ni ninguno de ellos, son capaces de explicarnos el porqué se acabó esta forma de trabajo. Y la respuesta a esta pregunta es fundamental.
El trabajo como hasta ahora lo hemos conocido, en gran parte físico o mecánico en donde predominaba la pericia individual, ha quedado obsoleto ante otro tipo de trabajo basado en el conocimiento y en la técnica, cuya característica principal es su carácter social. Esto no significa que podamos separar trabajo físico del trabajo intelectual, ni que ellos sean ni mucho menos opuestos. Significa solamente que gracias al aumento constante de conocimientos hemos podido sustituir el trabajo físico por ingenios altamente tecnificados y robotizados que pueden realizar perfectamente las tareas que antes nos ocupaban grandes esfuerzos, fatigas y tiempo.
De la primacía del trabajo físico pasamos a perfeccionar herramientas y máquinas, y que éstas realizaran las tareas más costosas; luego a la progresiva incorporación de la destreza a las máquinas; y finalmente a desarrollar un trabajo predominantemente creador para poder mejorar constantemente la eficiencia de las máquinas hasta el punto de que ellas mismas fueran capaces de modificar y corregir sus tareas. Esto representa un enorme avance de la capacidad humana para aumentar la creación de riqueza. Es en este sentido que podemos decir que las antiguas formas de trabajar han quedado obsoletas y tienden irreversiblemente a su desaparición. Su crisis es debida exclusivamente a los avances del conocimiento humano.
Pero lo que podría representar un gran motivo de satisfacción colectiva, se traduce en un enorme problema: SE ACABO EL TRABAJO (una forma de trabajar) y con él la única manera posible, hasta hoy, de sobrevivir para millones de seres humanos.
En realidad el problema no es nuevo, solo se ha agudizado. No podemos decir que con otras formas de trabajar menos eficaces, correspondientes a estadios de conocimientos anteriores, el trabajo de los hombres redundara en nuestro propio beneficio. Construimos grandes pirámides, castillos inexpugnables, majestuosas catedrales, inmensos palacios, grandes obras, puentes y embarcaciones... solo para el enriquecimiento de los poderosos. Solo muy tardíamente, limitadamente y de manera marginal, la sociedad en su conjunto ha podido beneficiarse.
Porque todo el largo proceso del avance del conocimiento humano ha tenido lugar en sociedades en donde las relaciones de PROPIEDAD, a través de sus diversas formas históricas han imperado y por lo cual, nunca la evidente eficiencia de la ciencia y de la técnica ha estado dirigida hacia el beneficio colectivo sino al servicio del beneficio privado.
Nunca los seres humanos hemos podido decidir en qué dirección debían dirigirse. Siempre hubo un poder bajo el cual vivimos sometidos. La Historia de la humanidad ha sido hasta nuestros dias, la historia de los Poderes.
Hasta el punto que paradójicamente, en la actualidad, esta gran eficiencia conseguida, está desposeyendo cada día a un sector mas numeroso de la población mundial de los beneficios del conocimiento humano. El resultado de esta gran EFICIENCIA es: muertes, hambrunas, carencias y desolaciones.
No existe pues ningún problema en el hecho de que nuevas maneras de trabajar se vayan imponiendo sobre las antiguas La Ciencia sigue siendo el MOTOR DE NUESTRA HISTORIA que tiene en la brujería y la superstición sus únicos enemigos. Los seres humanos hemos de ver como emancipador cualquier paso adelante que nos aleje de la profecía bíblica de "ganarás el pan con el sudor de tu frente" y nos acerque al trabajo creativo y placentero..., porque gozar de la vida en toda su amplitud y en todos sus aspectos mas diversos es el único PROGRESO que necesitamos asumir.
Pero seriamos unos ilusos si solo vieramos en la crisis del trabajo, el resultado del avance en todas las ramas del conocimiento cientifico. El trabajo solo existe en la realidad social bajo la forma de salario y por tanto de mercancia que se compra y se vende en el mercado. El mismo trabajo cientifico solo existe como mercancia y como tal es puesto en el mercado. Nada seria más reaccionario y retrogrado que oponer el trabajo cientifico frente al trabajo de una inmensa legión de obreros, campesinos y artesanos de todas las ramas de la producción. El trabajo humano nunca ha estado reñido con el conocimiento cientifico, en todo caso ambos han estado frenados y atenazados por quienes han detentado la propiedad de los medios y de los recursos necesarios para su libre desarrollo. La Propiedad Privada es el obstaculo que impide su desarrollo en beneficio de toda la sociedad.
El problema de la crisis del trabajo se acrecienta en este estadio del capitalismo, puesto que si hasta ahora la explotación del trabajo humano tanto en forma esclavista, servil, como asalariada eran las únicas maneras de acumulación de riquezas o de capitales, hoy el trabajo humano puede ser sustituido por las máquinas. De tal manera que esta crisis conlleva inevitablemente a una gran desolación.
Desolación porque las antiguas formas de trabajar (esclavistas, serviles o asalariadas) ya no pueden coexistir con las nuevas aunque sigan realizando una función social (producir alimentos, enseres, ropas, cobijo, etc) ni sobrevivir en un mercado en donde impera la ley del valor capitalista. En este mercado, nada existe ni puede existir si no se transforma en mercancía-dinero y su medida del valor sigue siendo el "tiempo necesario" para producirlo. Frente a las mercancías producidas con altas tecnologías las otras mercancías ya NO VALEN NADA. Es bajo estas condiciones que la mercancia trabajo es llevada al limite de su desvalorización.
Esta es la crisis del trabajo como lo hemos conocido hasta ahora y que bajo el dominio de la sociedad de la burguesía se ha dado en la forma de trabajo asalariado. Esta es la crisis, pues, del trabajo asalariado.
No se puede confundir con la crisis del trabajo en general. Este desconcierto está presente en diversos trabajos, de gran interés, realizados por el grupo Krisis ("Manifiesto contra el trabajo" editado por Editorial VIRUS, febrero 2002), en donde se confunden constantemente la crisis del trabajo asalariado con la crisis del trabajo en general. No obstante, de tanto en tanto, deben reconocer que (...)"cualquier sociedad siempre ha tenido necesidad de producir bienes de alguna forma. Siempre hubo necesidad de producir alimentos, construir casas, vestimentas y otras cosas por el estilo. Cualquier sociedad tiene que producir de algún modo".
Aunque las nuevas maneras de trabajar con las que la sociedad humana esta empezando a aplicar en todos los campos de la producción (lo que habitualmente empieza a llamarse "sociedad del conocimiento", pero que Marx ya había llamado como el "general intelect") se siguen retribuyendo de manera asalariada (enormemente revalorizada), está por ver si esto puede continuar siendo así. Es decir, está por ver si esta producción de conocimientos puede desarrollarse bajo las relaciones de producción capitalistas en donde el trabajador está separado tanto de sus herramientas de trabajo como de los resultados de su trabajo como, por descontado, de la decisión fundamental: en función de qué realiza su trabajo.
Está por ver si este desarrollo de los conocimientos, que solamente puede estar determinada por criterios científicos y por las necesidades de la sociedad. puede sobrevivir en una sociedad determinada por el beneficio privado. En donde cualquier descubrimiento es patentado, guardado, detenido, modificado o relegado al secretismo en función del BENEFICIO PRIVADO.
Es por tanto su USO SOCIAL y no el beneficio privado lo único que puede hacer realizable esta nueva manera de trabajar.
Solamente pues el cambio de Propiedad Privada a Patrimonio Colectivo puede dar la solución al problema planteado. Sin abordar esta cuestión cualquier discusión es en vano.
LA CRISIS DEL TRABAJO ASALARIADO.
Las cifras de desempleo no dejan lugar a dudas. La media europea se acerca al 7,7%, la de los EEUU al 5,7, la del Japón 5,4. En la China es del 11%. En muchos países indoamericanos ronda el 20% de la población activa y en los países de Este como Bulgaria, Estonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, etc. superan el 15%.
Este agotamiento no se cumple de igual manera en todas las regiones del mundo.
A.- En los países pobres, obligados a retroceder a situaciones mucho más desfavorables que las que tenían en estadios precolonialistas, no podemos decir que en ellos el trabajo asalariado se acabó porque en realidad nunca llegó a generalizarse.
Pero sin generalizarse, la sociedad del dinero ha invadido totalmente sus economías por muy atrasadas que estén. La ley del valor capitalista es la única ley que funciona: con dinero se sobornan a los jeques, se construyen acueductos, se venden armas, se construyen palacios... y solamente con él sus pobladores pueden comprar la leche en polvo de Nestlé, los medicamentos contra el SIDA o las nuevas simientes para siembra de sus campos. Con dinero se realizan todas las transacciones en los mercadillos más alejados de lo que conocemos por mundo civilizado.
Sin DINERO todas las necesidades cotidianas se convierten en un sufrimiento.
Se cumplieron las previsiones de Marx en el Manifiesto: "La burguesía arrastra a la civilización a las naciones más bárbaras gracias a la rápida mejora de los instrumentos de producción y de los medios de comunicación. Los bajos precios de sus productos son la artillería pesada que hace caer por tierra todas las murallas chinas y somete a los bárbaros más obstinadamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones a adoptar el modo de producción de la burguesía aún cuando no quieran; les obliga a incorporar en su propio ámbito su pretendida civilización, es decir a devenir sociedades burguesas. En una palabra, crea un mundo según su propia imagen".
Pocos rincones de la Tierra permanecen aislados y ajenos al mundo de la burguesía. El trueque simple u otras formas de intercambio precapitalistas desaparecen con rapidez en la medida en que sus pobladores son desposeídos de sus tierras, de sus bosques, o de sus mares, que van perdiendo su carácter comunal. Ninguna moneda o medida de intercambio es ajena a los avatares de Wall Stret ... hasta el punto de devenir en ocasiones inservibles y desaparecer.
La burguesía sí creó un mundo según su propia imagen, pero no consiguió generalizar su modo de producción. Al contrario. El auge en los países industrializados solo fue posible a costa del no desarrollo capitalista en la mayoría de los pueblos de la Tierra. En ellos fue otro tipo de artillería pesada la que se adjuntó a las inapelables "leyes del mercado" para someterlos y para saquear sus riquezas.
Expoliados de sus recursos se incapacitó el surgimiento de una burguesía autóctona o nacional que pudiera emprender un proceso parecido al de las burguesías occidentales. Castas sacerdotales, clanes políticos, señores feudales, nuevos traficantes, grupos armados... siguen avasallando a los pobladores de estos territorios. Tan solo una élite político-militarista, sobornada por las grandes empresas y vigilante de que el expolio pueda realizarse adecuadamente, sobrevive en el poder.
El trabajo asalariado como elemento base para la acumulación capitalista y de la formación de la burguesía como clase, murió casi en el mismo instante de su nacimiento. Y NO PUEDE VOLVER A NACER.
Las élites en el poder, poseedoras de grandes fortunas, no son más que clanes de traficantes, comerciantes y especuladores que solo sueñan en poner a buen recaudo sus capitales en el Barclays, en el Paribas o en el Chase Manhatan Bank.
El trabajo asalariado de un sector muy minoritario de sus poblaciones ya no deberíamos considerarlo como tal, pues está desposeído de toda su significación. Es simplemente explotación en régimen asalariado en condiciones cada vez más cercanas al esclavismo (a cambio de uno a dos dólares por día).
Un ejemplo de ello sería el del Congo. Devastado y saqueado por sus propias élites, por las de Zimbabwe o por las de Ruanda o Uganda, detrás de las cuales están involucradas no menos de 85 grandes empresas multinacionales (según un informe de la ONU) entre las cuales se hallan compañías belgas y africanas de diamantes, la química alemana Bayer AG, el banco británico Barclays, la estadounidense America Mineral Fields, etc.
El coltán (columbita-tántano) mineral estratégico para la telefonía móvil, los ordenadores personales, los mísiles balísticos, los cohetes espaciales, las armas inteligentes o las play station con las que juegan los adolescentes occidentales, es un tesoro apetecido en el mercado mundial y poco menos de uso desconocido para sus pobladores.
Niños esclavos, prisioneros hutus o mineros a dólar por día, se encargan en la región de Kivo (al este del Congo) de extraer el preciado mineral, vigilados por los mercenarios de turno que controlan la región.
Puede parecer que el caso del Congo es un caso extraordinario, pero un análisis exhaustivo de la mayoría de los países pobres demuestra que cualquier proceso iniciado en anteriores estadios colonialistas o postcolonialistas se ha derrumbado. El endeudamiento contraído por sus élites ( los préstamos y las armas obtenidas, a cambio de las materias primeras, solamente han estado destinadas a la construcción de las infraestructuras necesarias para que el saqueo pudiera seguir realizándose en las mejores condiciones y para el mantenimiento de un gran aparato represivo y funcionarial), que ha imposibilitado la gestación de una economía productiva autóctona y competitiva en el mercado internacional.
Es más, el abismo tecnológico con el mundo industrializado es tan grande y ya tan inalcanzable, que cuando esto tiene lugar representa un verdadero descalabro y una gran miseria para sus productores: se destruye la antigua economía de subsistencia para emprender un camino en donde el "mercado" se encarga de desvalorizar constantemente sus producciones hasta su fallida.
¡Paradójicamente mientras unos claman por la apertura de los mercados para los productos de los países pobres, los empresarios y los trabajadores colombianos, por ejemplo, de las 34 textileras mas importantes de Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa, se declaran favorables a cerrar las fronteras a cal y canto¡ ¡Ni un solo día resistirían a la competencia¡
Actualmente, los precios de las materias primas que exportan estos países, el café, el cacao, la soja, el arroz, el algodón, el azúcar, etc. y hasta el de los metales preciosos y minerales son los más bajos de la historia.
No es extraño pues comprobar que en estos países se vuelva a primitivas economías de subsistencia (recolectoras y cazadoras) mientras sus recursos energéticos, alimentarios y mineros sirvan exclusivamente para su transformación y consumo en los países altamente desarrollados.
En Guinea Ecuatorial grandes camiones transitan por las casi tres mil kilómetros de carreteras hacia el puerto de Bata, de Mbini o de Cogo cargados de la apetecida roja madera del palisandro. El ex -embajador de los EEUU en Guinea, Edward Norris regresó a Malabo, pero esta vez al frente de una compañía petrolera para ultimar los trabajos que inútilmente intentó durante más de 10 años la compañía española Hispanoil (predecesora de Repsol). Hoy, Guinea Ecuatorial se ha convertido en el tercer exportador de petróleo del África subsahariana y este mes de mayo ha concedido a Exxon un nuevo contrato para aumentar su producción en el yacimiento de Zafiro hasta los 250 mil barriles diarios. A su vez, CMS Energy ya extrae de Guinea más de 40 mil toneladas de metanol y gas líquido.
Según las estadísticas del Banco Central Africano el PIB guineano batirá de nuevo el récord mundial, pero los guineanos nunca verán el dinero que genera el petróleo. Los ingresos petroleros son abonados directamente en las cuentas de Teodoro Obiang en el extranjero.
La impresionante maquinaria deforestadora y para la industria petrolera es lo único que los guineanos ven circulando a toda prisa por la carreteras, vacíos de ida y repletos de vuelta hacia los puertos de embarque.
Toda la incipiente estructura económica, agrícola, ganadera o maderera del periodo colonialista español se derrumbó. Con ella también las débiles infraestructuras educativas, sanitarias o asistenciales. Los precios del mercado internacional de los monocultivos que predominaban en la zona (café, cacao, plátanos, aceite de palma, etc.) han caído estrepitosamente.
Los jóvenes preparan su huída, mientras la población adulta intenta subsistir con la antigua economía recolectora, cazadora o pescadora en sus antiguos "cayucos" o de los pequeños huertos familiares ... viendo atemorizados como grandes vegetaciones de helechos se van extendiendo allá en donde no hace mucho prosperaban frondosos bosques llenos de vida.
El trabajo asalariado, en condiciones cada vez mas precarias, en las grandes compañías saqueadoras de sus riquezas es la única posibilidad que ofrece el mundo del Capital a una pequeña parte de sus pobladores.
En Cuba, hasta la caída del bloque socialista el azúcar de caña representaba el 80% de las exportaciones. Durante los tres últimos siglos la industria azucarera ha sido la principal actividad económica de la isla caribeña. Hasta 400 mil cubanos trabajaban en el sector. La "zafra" era sin lugar a dudas la movilización más importante que el gobierno de Fidel emprendía año tras año tras el objetivo de las 8 millones de toneladas en la que se basaba el desarrollo económico socialista. Estudiantes, maestros, amas de casa, jóvenes y adultos, ... miles de hombres estaban implicados en el trabajo de la zafra.
Hoy, la principal actividad económica, la prácticamente única fuente de empleo y el motor de las exportaciones está en quiebra. Más de la mitad de las 156 grandes fábricas se cerrarán, se reducirán un 60% los cultivos de caña, más de 100 mil trabajadores serán "reubicados" y no se producirán anualmente una cantidad mayor a los 4 millones de toneladas de azúcar. Se aduce los bajos precios del mercado internacional, la vieja maquinaria comprada en los antiguos países socialistas, la ineficiencia de las empresas estatales, la burocracia fidelista, ... pero no es ningún secreto que la industria alimentaria ya consigue a partir de compuestos conseguidos a partir del petróleo (el tolueno, un derivado del benzol) azúcares y edulcorantes 500 veces más dulces que el azúcar obtenido tanto de la caña como de la remolacha.
Todo el largo y costosísimo ciclo de elaboración del azúcar (la zafra antes de que la caña florezca, el transporte, la extracción del jugo desmenuzando, desfibrando y exprimiendo la caña, la depuración, el encalado, el filtrado a presión, la obtención del jarabe por evaporación, la cocción para producir la masa, su turbinación, las siguientes operaciones de refinado, coloración y las nuevas cocciones para su cristalización, etc. que necesitaba una enorme cantidad de esfuerzo humano y de mecanizaciones no excesivamente complicadas, ha quedado obsoleto.
Esta situación no cambiará en absoluto con los nuevos planes del gobierno cubano reconvertiendo la industria estatizada en cooperativas de trabajadores.
Este ejemplo es suficientemente demostrativo de que ya no es posible para los países pobres, aunque recuperasen su Patrimonio, de emprender a partir del asalariamiento generalizado una economía competitiva en el mercado capitalista. El abismo tecnológico que los separa de los países desarrollados es insalvable.
B- En los países en donde su burguesía autónoma había emprendido tardíamente el camino del desarrollo capitalista pero sin poder desembarazarse plenamente de la tutela de las grandes potencias que siguieron siendo las propietarias de sus principales recursos, los hechos demuestran que su camino no solamente se ha paralizado sino que la regresión es imparable. Podríamos decir que mientras en los países pobres apenas se inició el desarrollo capitalista, en estos se quedó a medias tintas.
Regiones inmensamente ricas en recursos naturales y minerales, en fuentes de energía, con tejidos industriales florecientes, con fértiles tierras agrícolas, con producciones ganaderas consideradas como reservas mundiales, etc. han visto todos sus proyectos fracasados y caminan vertiginosamente hacia su africanización. Sus burguesías, como los Agnelli, renunciaron o fueron derrotadas por una competencia inasumible. El desmantelamiento de su tejido productivo lleva emparejado el desempleo y la exclusión.
En Argentina, si al 21,5% de paro admitido por el gobierno se contabilizara el trabajo precario o informal, la cifra alcanzaría con holgura el 30% de la población en condiciones de trabajar. Pero estas cifras no son aún lo suficientemente explicativas del problema: Si en Argentina más de 19 millones de personas (de los 37) viven por debajo del umbral de la pobreza y de éstos más de 7 millones son indigentes, significa que el trabajo asalariado existente se está realizando en unas condiciones de extrema precariedad o temporalidad. La desvalorización del salario es un hecho.
Tampoco nada indica que esta situación pueda cambiar. Al contrario.
"Aunque con la mitad de la población sufriendo problemas de trabajo no haga falta ninguna ley para imponer lo que propone la gremial empresarial "Unión Industrial Argentina" al Ministerio de Trabajo, ésta es de una dureza sin precedentes. En realidad, el panorama es lo suficientemente grave como para que hayan quedado, en la práctica, establecidas unas relaciones laborales mucho más desfavorables a los trabajadores de lo que proponen los industriales". (artículo de David Cufré que titula "Solo se olvidaron abolir el salario").
La propuesta de ley abarca al 90% de las empresas argentinas y a más del 70% de los puestos de trabajo. Resulta bastante sencillo resumirla: prorrogación del periodo de prueba hasta un año; durante este periodo, despido sin indemnización; tope en las indemnizaciones a 3 sueldos sea cual fuere el tiempo trabajado; recorte de los días de vacaciones a 15 días corridos cuando la antigüedad no exceda a 5 años y de 21 días si excede; suspensión encubierta del trabajo mediante las vacaciones "opcionales" sin sueldo; las pagas extraordinarias o "aguinaldos" podrán pagarse hasta en doce cuotas; recortes en las prestaciones por accidentes laborales; negación de la representación sindical en las pequeñas empresas; negociación colectiva por empresa... "para introducir mayor flexibilidad horaria, pago salarial y extensión del periodo de prueba"; polifuncionalidad de tareas obligatorias (el trabajador deberá aceptar cualquier tarea que le encargue la empresa); recortes en las licencias por enfermedad hasta un máximo de 6 meses...
Los dramas humanos y la miseria que lleva emparejada este deterioramiento de las condiciones de trabajo, no nos permite a veces comprender su verdadera significación política. Porque estas condiciones de empleo (precario), de salarios (a la baja) y de prestaciones sociales (al límite de su anulación) ya no representan nada parecido, por mucho que recuerden a condiciones que se dieron en los comienzos de la industrialización, a situaciones pasadas. Las burguesías, en el siglo pasado, cohesionaron en base al empleo, al salario y a las prestaciones sociales, a sus poblaciones y de esta manera fortalecieron su potencial económico. Porque solamente en donde las burguesías legislaron no sin gran resistencia- lo que hasta ahora rigió en los llamados países desarrollados, consiguieron fortalecerse y aumentar sus plusvalías. Ninguna burguesía se consolidó a partir de la depauperación del trabajador asalariado.
La tendencia a la baja de los salarios ha sido SIEMPRE constante desde los inicios del capitalismo. Si la burguesía cedió lo hizo como consecuencia de la lucha de los trabajadores.
Por lo tanto no es la "sociedad de los asalariados y de la burguesía" la que va a regular el orden social en estos países.
En los periodos de colapso de un sistema social un nuevo orden de explotación basado fundamentalmente en la fuerza sustituye a las "leyes económicas" que parecían regular el sistema en sus momentos de auge.
Podemos prever en estos países un aumento general de periodos de violencia y de resquebrajamiento social en donde serán los grupos de poder armados (policiales, militares, paramilitares o de otra índole) quien impongan su ley. Colombia es una caso anticipativo de estas situaciones.
En Yugoslavia, las guerras, las bombas de la OTAN, el embargo y las sanciones precipitaron el derrumbe de su burguesía. En Kragujevac, la primera capital de la Serbia moderna, el paro existente es idéntico al de Argentina. En esta ciudad, una vieja fábrica de cañones construida en 1853 fue reconvertida por Tito en una gran factoría automovilística: la Zastava. De ella llegaron a exportarse a los EEUU hasta 140.000 unidades del "yugo" entre los años 85 al 89. Ni tan solo entonces su participada Fiat había logrado tales exportaciones.
En dos noches de abril de 1999, las bombas de la OTAN terminaron con el sueño. En este caso, fueron las políticas de la fuerza, mucho mas expeditivas que las "leyes del mercado" las que se impusieron.
El hundimiento de estas economías, la huída de capitales, el cierre de empresas, la privatización de su patrimonio nacional, etc no significa ni mucho menos que en todos estos países se deje de trabajar en régimen asalariado (en condiciones desvalorizadas) ni de producir... La tierra argentina seguirá ofreciendo abundantes cereales; el petróleo seguirá manando de los pozos venezolanos; General Motors seguirá fabricando automóviles cada vez tecnológicamente más avanzados en México; Zastava seguirá produciendo pero ahora para Peugeot; se continuará extrayendo el hierro de la Serra dos Carajás y continuará la tala de los árboles de la selva amazónica para la industria transformadora papelera europea; en el valle del Cauca seguirán las plantaciones de cafetales y las minas chilenas de cobre no se detendrán... pero nada redundarán en beneficio de sus poblaciones ni nada servirá para promover el desarrollo capitalista- de sus países. Riquezas naturales o mercancías manufacturadas marcharán, como han marchado los capitales de sus burguesías, hacia el corazón del Imperio o hacia los mercados solventes.
La primera condición para ello es que sus poblaciones empobrecidas dejen de ser potenciales consumidoras de cereales, de energía, de automóviles, de hierro, de madera, de café o de cobre. Exactamente así actuó el Imperio Romano.
Esta reconversión de las economías productivas con un gran potencial de crecimiento en economías de subsistencia, exportadoras de manufacturas y especialmente proveedoras de recursos energéticos, mineros, ganaderos o alimentarios para los países desarrollados, se está realizando de maneras diferentes, pero en general pasan por la vía primero de la neutralización (o liquidación física) de todas las organizaciones sociales en el campo laboral y político. Luego, por la descapitalización de las empresas públicas estratégicas por la vía del endeudamiento, para terminar con su privatización. La deuda Argentina pasó de los 8 mil millones de dólares en 1975 a más de 169 mil en 1999. Entre el 1976 y el 2000 los argentinos pagaron más de 212 millones por los intereses de la deuda.
(Actualmente en Argentina han sido vendidas o están en venda casi 17 millones de hectáreas de tierras. Si se materializara la privatización de bancos como el de la Nación o el de Buenos Aires, que hoy tienen en sus manos 14 millones de hectáreas de chacaneros endeudados, las tierras vendidas, en venda o hipotecadas alcanzarían la cifra de 31 millones de hectáreas).
Finalmente, se pone en marcha la estructura organizativa que llevará acabo esta política de saqueo: EL ALCA. Curiosamente algo bastante parecido está ocurriendo en la Europa del Mercado Común en donde los países más industrializados (Alemania fundamentalmente) apoyarán su desarrollo económico en el saqueo de los nuevos países de próxima integración (Estonia, Lituania, Letonia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Rumania, Bulgaria) previo desmantelamiento de su tejido productivo, la privatización de las empresas básicas y la apropiación por la vía crediticia o por la vía de la compra a precio de saldo de sus recursos estratégicos. La compra de tierras de Polonia por parte de capitales alemanes es similar al caso de Argentina. La "FINCA" de exclusiva propiedad que caracterizó el desarrollo de las burguesías nacionales, se desmorona.
Mientras el trabajo asalariado siga siendo necesario, las grandes empresas no dudarán en trasladar a estos países de "segunda categoría" las producciones manufactureras para abaratar costos de producción dado que los salarios y las condiciones laborales seguirán a la baja. Y lo harán ¡HASTA LA ULTIMA GOTA¡
Pero, como el proceso de sustitución de trabajo vivo por nuevas mecanizaciones más eficientes es imparable nunca se podrá detener la tendencia al aumento progresivo del desempleo. Los costos "salariales" van a representar cada día una cantidad más pequeña comparada con los costos en investigación o renovación de maquinaria.
Esta es la razón por la que la sociedad capitalista no puede de ninguna manera gestionar ni superar la crisis del trabajo asalariado.
C.- Los países industrializados no pueden tampoco escapar de la crisis del trabajo asalariado. El desempleo, la desvalorización de los salarios, el trabajo marginal o precario, la pérdida creciente de los beneficios sociales alcanzados en décadas anteriores y la exclusión de un gran número de trabajadores del proceso productivo es imparable.
La tendencia a la DESTRUCCIÓN del trabajo asalariado se realiza paralelamente a la reconversión de un inmenso tejido productivo fruto de largos años de acumulación capitalista lograda, paradójicamente, gracias a la generalización del trabajo asalariado de millones de trabajadores (y del saqueo del mundo). Esta reconversión, que las propias leyes de la competencia hace inaplazable, tiene solamente un objetivo que a todas luces representaría un avance impresionante: LA REDUCCIÓN CONSTANTE DEL TIEMPO DE TRABAJO NECESARIO para la producción del cualquier mercancía.
En la medida en que este objetivo se alcanza la DESTRUCCIÓN del trabajo asalariado aumenta.
Lo que sería el triunfo absoluto de las fuerzas sociales implicadas en el avance del conocimiento humano y de la técnica sobre las que pretenden seguir encadenando a los hombres a las galeras como la única posibilidad de supervivencia representa en la sociedad capitalista una terrible devastación.
Sería, sin duda, el triunfo definitivo del trabajo creador basado en la constante resolución científica de los problemas, frente a otro trabajo realizado de manera ya superada por el conocimiento humano y por descontado frente al oscurantismo y la superstición religiosa. Este triunfo no puede incorporar más hombres a una manera de trabajar asalariada sino por el contrario tiende a destruirla.
Esta es la gran revolución que pone en jaque los cimientos de la sociedad capitalista. Por mucho que se empeñen los burgueses, los trabajadores, los sindicalistas, los políticos o los movimientos llamados progresistas: ya no puede haber trabajo asalariado para todos. Intentar a cualquier precio mantenerlos representa una opción absolutamente reaccionaria e inútil ¡Ante esto, no es ni mucho menos la Ciencia la que está en cuestión, sino las leyes de la burguesía¡
Lo que nos permite ya esta gran revolución tecnológica, que hace posible producir con gran eficiencia, sin esfuerzo y disminuyendo constantemente el tiempo de trabajo necesario, es de sumar a un número mayor de ciudadanos a otro tipo de trabajo creador incompatible con el asalariamiento y con la sociedad del DINERO.
Frente a las políticas reaccionarias de los Sindicatos empeñados en exigir a la burguesia y a los Estados la creación de empleo, la sociedad debería exigir políticas de investigación para reducir aún más el tiempo necesario de trabajo para producir toda clase de bienes.
Contrariamente, en vez de esto, el sistema capitalista extiende la exclusión social, aumenta el desempleo, rebaja las contribuciones educacionales y de investigación y se ve al mismo tiempo obligado (por razones políticas) a mantener, a alto coste, un innumerable abanico de empresas ineficaces e inútiles, grandes construcciones suntuarias, empresas armamentistas y peligrosas... y a no poder evitar el desmantelamiento (no con la rapidez que desearía) del Estado del Bienestar. Se trata sin duda de una lucha a muerte de la burguesía por subirse al carro de los sectores mundiales de poder que intentan sobrevivir del colapso de la vieja sociedad basada en el trabajo asalariado.
Las sociedades capitalistas avanzadas se acercan con rapidez a unas condiciones ya descritas en el Manifiesto: "De todo ello se desprende que la burguesía es incapaz de continuar por más tiempo como clase dirigente de la sociedad y no puede imponer a la sociedad las condiciones de existencia de su clase como ley suprema. No puede reinar porque es incapaz de asegurar para sus esclavos la existencia bajo su régimen de esclavage, porque se ve obligada a dejar que se hundan hasta el punto de que los ha de mantener, en lugar de hacerse mantener por ellos".
Por mucho que se empeñen algunos en mantener las mínimas condiciones de esclavage que permitirían alargar la vida del sistema, los hechos demuestran que la burguesía NO ESTA DISPUESTA A ELLO (ni puede ya hacerlo). La generalización de los desastres es la muestra.
Cuando más tiempo tardemos en hacer posible el USO social de la CIENCIA más derrotas y desastres inútiles cosecharemos. Cuando más tiempo tardemos en unir al unísono nuestras voces al grito de ¡ABAJO EL TRABAJO ASALARIADO¡ más larga haremos nuestra esclavitud.
La "reducción del empleo", el acortar el tiempo social de trabajo necesario, solo puede ser favorable a nuestras vidas si somos capaces de construir una nueva sociedad.
(segunda parte)









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