La lucha europea por el Estado del Bienestar
Paola Álvarez Más de 100.000 alemanes se reunieron el pasado 1 de noviembre en Berlín para protestar por los recortes sociales de la Agenda 2010. La manifestación ha sido calificada como el principio de una lucha más amplia por la conservación del Estado del Bienestar que se mantiene desde la Segunda Guerra Mundial. Pero el pueblo alemán no es el único que ha empezado a salir a las calles; italianos, franceses, austriacos o españoles empiezan a tomar conciencia de la necesidad de un movimiento ciudadano frente a las amenazas de la economía neoliberal.
Las reformas propuestas por el canciller alemán Gerard Schröder en la Agenda 2010 han despertado al pueblo germano de su letargo. El anuncio de la necesidad de reformas para superar la crisis económica que atraviesa el país no había preparado a los alemanes para lo que se avecinaba. El 14 de marzo, el canciller presentó una propuesta que desbordaba las expectativas más pesimistas: recortes en sanidad, educación, endurecimiento del acceso al desempleo, reducción del subsidio de paro de 3 años a 12 meses, flexibilización de las formas de despido, elevación de la edad de jubilación, congelación de las rentas
En definitiva, la desmantelación de un estado social que ha sobrevivido durante medio siglo y que servía de modelo al resto de Europa.
Pero Alemania no es el único país europeo que se enfrenta a este tipo de reformas. La alarma es generalizada. Italia, Francia y Austria son otros tres ejemplos de la dinámica de recortes sociales exigida por el sistema económico neoliberal. El retraso de la edad de jubilación y el cálculo de la pensión sobre toda la vida laboral (en lugar de sobre los últimos años) son el punto común a los tres países. Después, cada uno presenta sus particularidades. Italia, por ejemplo, se enfrenta a una reforma del mercado de trabajo salvaje que incluye nuevas formas de contratación y pretende reconocer el despido libre. Por su parte, Francia ve tambalearse su sector público con una ley de descentralización que afectaría a todos los servicios públicos de titularidad estatal facilitando futuras privatizaciones. Sólo quedarían fuera de esta reforma las fuerzas armadas, la policía y el aparato judicial.
En España pueden respirar tranquilos de momento. El Ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, aseguró que no habría más reformas en esta legislatura. El año pasado, la movilización ciudadana obligó al gobierno del Partido Popular (PP) a dar marcha atrás en algunas de las reformas laborales del denominado "Decretazo", que incluían, entre otras iniciativas, la eliminación de los salarios de tramitación y de los subsidios agrarios, la supresión de la protección por desempleo a los fijos discontinuos, y sanciones para los que no aceptaran lo que se denominó ofertas adecuadas de empleo. El tema del recorte de las pensiones sigue en el aire a la espera de lo que suceda en las próximas elecciones generales de mayo de 2003. En este sentido, el PP defiende la ampliación a todos los años de la vida laboral para el cómputo de las pensiones, lo que significará una rebaja de las mismas de entre el 25 y el 30%.
El caso alemán es el más preocupante por varias razones. El alcance de la Agenda 2010 es mayor que el de cualquier otro plan de reformas europeo, pero además el plan proviene de un gobierno socialdemócrata en coalición con los verdes, lo que se traduce en la ausencia de una alternativa de gobierno de izquierdas. Sólo el PDS (el partido comunista que sobrevivió a la caída del muro) presenta una oposición política no conservadora, pero el miedo a un retorno a las políticas comunistas de antaño le aleja de ser una alternativa real. Todo apunta a que la Agenda 2010 será el empuje definitivo para llevar a la derecha, representada por el CDU de Stoiber, al poder en las elecciones del 2006.
La resistencia ciudadana es ahora la única esperanza y ya ha empezado a notarse. El 6 de mayo los austriacos secundaron de forma masiva su primera huelga general en medio siglo en contra de la ampliación de los años de cotización de 40 a 45 y de la elevación de la edad de jubilación hasta los 65 (actualmente está en los 59 años para los hombres y 57 para las mujeres). Al mismo tiempo, Francia vivía jornadas de movilizaciones y huelgas protagonizadas sobre todo por los trabajadores del sector público, los más amenazados en el país galo, pero también por muchos empleados del sector privado. Los italianos luchan en las calles desde hace dos años en contra del despido libre propuesto por Berlusconi, que tuvo que rectificar su intención de suprimir el artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores. Ellos son los últimos que han protagonizado un paro general de cuatro horas y ya han preparado más protestas para el mes de diciembre.
Ahora les llega el turno a los alemanes. La manifestación de hoy es un comienzo, el próximo paso es la Huelga General, era un grito que se repetía constantemente el 1 de noviembre. En comparación con otras movilizaciones, una protesta a nivel estatal que reúne a 100.000 personas no es gran cosa, pero para el pueblo alemán, que no recuerda una huelga general desde la época de la República de Weimar, es bastante. El sentimiento de haber sido traicionados se contagia desde el sector metalúrgico, que ha protagonizado importantes paros este año, hasta la universidad, que se ve amenazada con recortes radicales de presupuesto y de plantilla.
Pero los sindicatos siguen quedándose a medias. Se quedan a medias en Francia, donde se les acusa de canalizar las movilizaciones a través de medidas sectoriales en lugar de preparar una auténtica Huelga General; se quedan a medias en España, donde los acuerdos con el gobierno permitieron que la retirada del Decretazo no fuera total; y, en general, se quedan a medias a nivel europeo. La última Confederación Europea de Sindicatos es el ejemplo. La posible iniciativa de poner en marcha respuestas unificadas a escala europea, como se les demanda desde distintos sectores, no salió adelante.
A pesar de todo, la llama de la lucha ciudadana está encendida. Los trabajadores europeos son cada vez más conscientes de que existe recesión económica, de que el envejecimiento de la población europea afecta a economías con amplios sistemas de pensiones, de la necesidad de un cambio. Pero no están dispuestos a ser ellos los que lo paguen. Schröder puede plantearlo como prefiera, pero a nadie se le escapa ya que las bajadas de impuestos (primera medida aprobada en el Parlamento de la famosa Agenda) afectan directamente a las arcas del Estado y potencian lo que se conoce como crecimiento económico del país, que al final no es otra cosa que el enriquecimiento de las empresas a costa de las rebajas en la estabilidad social y la calidad de vida de los ciudadanos.
Alemania y Francia se enfrentan este año a un déficit público de un 4,2% que se reducirá paulatinamente en los próximos 3 años con medidas como las que están planteando. Lo que la gente que sale a la calle se pregunta es si realmente no hay alternativas. La respuesta es que no. No en un sistema económico neoliberal que permite a las empresas escapar de países con impuestos altos y trasladar sus industrias a países tercermundistas; no en una Unión Europea que viaja unida hacia el modelo social americano; no en una Unión Europea que recorta el Estado del Bienestar mientras aumenta los gastos en defensa (necesarios, según muchos, para equipararnos también en lo militar, a Estados Unidos); no en la Europa de los mercaderes.
La única alternativa es el despertar de la población. No podemos cruzarnos de brazos mientras nuestros dirigentes recortan un Estado del Bienestar que ha costado revoluciones, guerras y tanto sufrimiento. Es necesario un movimiento a nivel europeo que recuerde a los gobiernos para qué y para quién gobiernan.









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