Davos y Bombay, dos visiones del mundo contrapuestas
Xabier Caño En los foros internacionales de Davos y Bombay se han expresado dos visiones del mundo de signo y voluntad contrarios: el económico de los ricos y el social de los pobres.
En días pasados tuvieron lugar dos foros internacionales de signo y voluntad contrarios: el económico de los ricos en Davos y el social de los pobres en Bombay. El Foro Social, que nació y vivió varias ediciones en Porto Alegre (Brasil), se trasladó a la mega ciudad india para tener ante los ojos una muestra indiscutible de los males y problemas a resolver: desigualdad, pobreza y hambre.
En Bombay se ha denunciado de nuevo que continúa la pobreza sin visos de solución, en gran medida por las políticas agrarias de los países ricos y, especialmente, EEUU y la Unión Europea. Las subvenciones estadounidenses, por ejemplo, permiten a sus agricultores vender los productos de un 25% a un 57% más barato que el precio real; unas ayudas que son siete veces la cantidad que los países ricos dedican a la ayuda al desarrollo de los empobrecidos. Según la organización internacional solidaria Oxfam, "los campesinos de los países empobrecidos que quieren vender sus productos a los países ricos pagan 400% más en aranceles aduaneros que los pagados por los agricultores de los países ricos a la inversa". No es de extrañar, entonces, la denuncia del filipino Walden Bello en Bombay: desde que nació la Organización Mundial del Comercio (gendarme del Consenso de Washington que dirige el comercio internacional) en el mundo hay 10 millones de pobres más.
La prepotencia con que el Norte actúa en el sector agrícola y textil no es el único territorio en el que los países ricos acogotan al Sur; de igual modo ocurre en las finanzas internacionales y en la programación de políticas económicas. Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, ha escrito al respecto que "el efecto neto de las políticas estipuladas por el Consenso de Washington ha sido favorecer a la minoría a expensas de la mayoría, a los ricos a expensas de los pobres". Y añade párrafos después: "Ha llegado el momento de cambiar algunas de las reglas del orden económico internacional, (...) de repensar cómo se toman las decisiones internacionales y en el interés de quién".
Pero Davos 2004 ha hecho caso omiso de ésta o cualquier otra reflexión sobre la necesidad imperiosa de cambiar ese rumbo económico al que obligan los más ricos y poderosos. En Davos, entre otras cosas, se han dedicado a proclamar lo obvio, pero alterando el sentido de las cosas. Han simulado, por ejemplo, que ignoran que, desde que se inició la imposición neoliberal o Consenso de Washington, en Latinoamérica (la gran ausente de Davos en todos los sentidos) hay un 50% de desempleados más y los salarios de los que no han perdido el empleo se han reducido un 25%, según datos aportados por Juan Somavía de la Organización Internacional del Trabajo.
En un alarde de surrealismo, Davos ha concluido que no habrá crecimiento económico si no se resuelve el problema de la pobreza, cuando lo lógico, sensato y justo es dirigir la economía para acabar con la pobreza, puesto que el crecimiento no es el fin si no un medio y aún habría que ver de qué concepto de crecimiento hablan.
Sin embargo, en Davos se han podido oír algunas voces sensatas. Kofi Annan, secretario general de la ONU, ha señalado con contundencia que siendo comprensible que los países más ricos "estén hoy preocupados por el terrorismo, la ONU debe proteger a cientos de millones de personas de amenazas más próximas y presentes como la pobreza". Y ha denunciado que la guerra contra el terrorismo, especialmente la de Irak", ha desviado la atención de objetivos del Milenio de la ONU como reducir a la mitad el número de hambrientos y también el de personas que carecen de acceso al agua potable". Aserto que ha remachado el catedrático de la London School of Economics, David Held al denunciar que "el Norte ha dedicado miles de millones de dólares a la lucha contra el terrorismo, pero muy poco para resolver el problema del hambre y otros igual de graves". Y las agencias y organizaciones humanitarias han recordado a los ricos del planeta reunidos en Davos que combatiendo la pobreza se lucha contra el terrorismo porque se reduce la desesperación y la profunda e intensa humillación que suponen siempre el hambre y la pobreza.
Okonjo-Iweala, ministra de finanzas de Nigeria lo dijo alto y claro en Davos, aunque tememos que predicando en el desierto: "Todos sabemos lo que hay que hacer, pero no hay voluntad política de hacerlo". Que en román paladino significa que los ricos no tienen la menor intención de cambiar este estado de cosas injusto y depredador de vida.
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs/inicio.htm









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