Agua seca
Joaquín Araújo Pocas realidades de este mundo resultan tan presentes, humildes, necesarias y al mismo tiempo desconocidas, mal usadas, vejadas... Apenas recordamos que el agua es un elemento no vivo pero que se incorpora a todas las formas de vida para que ésta sea posible. El líquido vital modela, condiciona y potencia de tal forma que aceptamos con Paul Valery que: "Todos somos uno de los aspectos del agua organizada". Con o sin poesía cabe llegar mucho más lejos. Porque vemos con dos grandes gotas de agua; cada una de nuestras células es poco más que unas pocas moléculas de agua marina; nacemos de un entorno, la placenta materna, que también reproduce las condiciones del océano. Es más, nuestro cerebro, compuesto por agua en al menos un 93 por ciento, nos permite afirmar que nuestras ideas nadan y nuestros sentimientos bucean. Estas evocaciones podrían desembocar en la olvidada obviedad de que vivir es, en gran medida, beber. Lo que sólo resulta posible si el agua, a su vez, bebe. Pero la secamos.
El agua necesita beber su pasión nómada. Es decir que se renueva y viaja, a través de todos los rincones del planeta gracias al ciclo que pone en movimiento la energía solar. El agua funciona como un surtidor que de alguna forma se nos acerca y que resulta prácticamente gratuito. Nada existe de la tecnología humana, ni siquiera aproximadamente, que tenga la posibilidad de sustituir el servicio que nos presta el ciclo del agua. Nosotros solo intervenimos -casi siempre de forma especialmente torpe y secundaria- cuando el agua ya circula por los ríos o se acuesta en los lagos y acuíferos.
Por si eso fuera poco, el agua, entre otras incontables facetas, es su propio clima y su propio manantial. Autosuficiente y sustentadora, pues. Todo en este mundo es posible, no sólo porque el agua bebe y sacia la sed de todo, sino también por la refrigeración que nos proporciona la humedad voladora que refleja el exceso de calor de nuevo hacia el cosmos. El agua participa en todas y cada una de las reacciones químicas de la célula viva y en el conjunto de la fisiología de los organismos convendría ir reconociendo en la práctica esa dependencia y el favor recibido. Pero tampoco. Es más, el líquido vital tiene la portentosa capacidad de limpiar al tiempo que se mancha ella misma. Por estos dos últimos motivos tanto la imprescindible higiene como cualquiera de las formas de progreso están íntimamente ligadas al agua. Y de ahí también el lazo que inexorablemente existe entre la salud y la alimentación, tanto de los organismos como de la totalidad de los sectores productivos. Pero todos los menosprecios siguen manchando al agua. Y siguen pendientes, en gran medida, la reciprocidad que sería limpiar a lo que nos limpia.
Resulta obvio que el agua recibe un trato diametralmente opuesto al que ella nos da. Que comienza casi siempre por un despilfarro desmedido. Todos los sectores, tanto productivos como domésticos, usan de un 15 a un 50 por ciento más agua de la que realmente necesitan. Pero todavía resulta más grave el que de forma directa o indirecta al agua vayan a parar todos los desechos y contaminantes que usa nuestra sociedad. El montante medido en las desembocaduras de los ríos del mundo se eleva a 500 tm por minuto de sustancias indeseables. Aquí mismo son todavía decenas de miles los puntos de vertidos de contaminantes no controlados que dañan nuestra red hidrográfica. El drama del Prestige sucede varias veces diarias entre una casi completa opacidad informativa. El agua está sucia y ahogándose por todas partes. Aquí y ahora lo llevamos todavía peor desde el momento en que las propuestas para paliar la irregular distribución son esencialmente secar más unos caudales para incrementar el mal uso, históricamente demostrado, de otros cursos fluviales. Un disparate fomenta que esté a punto de tener mucho más peso el derecho a seguir incrementando las posibilidades del derroche que la urgente obligación de usar correctamente los recursos propios.
¿Por qué no se centra el Plan Hidrológico en fomentar y hasta exigir conductas, gestiones y usos como el ahorro, el doble circuito y la eficiencia, que demuestran, que la escasez se convierte en abundancia? Eso sería precisamente dar de beber al agua.










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