La tercera vía

Joaquín Romano Velasco El enlace que se pretende con la Autovía del Duero ya existe: el tren Valladolid-Ariza, cuya revitalización adaptada a los tiempos hace innecesario desdoblar en su trazado la actual carretera, asegura el autor, quien duda que con la nueva vía se quiera revitalizar Soria.

LA polémica levantada por la autovía que el Ministerio de Fomento proyecta construir sobre la Ribera del Duero es todo un modelo del estilo en que se resuelven las discusiones en esta Castilla que sigue siendo la de Doña Urraca. Objetivamente esta obra de infraestructura no es ni mejor ni peor que cualquier otra de esas por las que los ministros se pegan en inaugurar; pese a que siempre que se construye una carretera, un AVE, o un nuevo pantano, se destruye un valioso espacio natural, del que viven agricultores, ganados y otras especies animales y vegetales que, a diferencia de aquellos, no están allí de paso.

Siempre el ministrillo de turno da a su interés el rango de general, como si de algo militar se tratase; que claro está, para él, ha de primar sobre el de los demás particulares. Siempre que al gobernante de turno le interesa se expropia a los pobres infelices que se atreven a cruzar con ellos su camino o su casa, asumiendo como mal menor el justiprecio, que más bien es justidesprecio. Algunos que por costumbre o ignorancia aguantan sin ni siquiera llorar, se quedan incluso sin mamar de tan rancia teta. "Falso -nos increpa un ingeniero de la correspondiente demarcación de carreteras-, pues aquí reclaman hasta los muertos". Quizás refiriéndose al caso de los que descansan en paz en el cementerio de Villardefrades y a los que con la construcción de la Autovía de La Coruña se los aisló con una línea continua, respetuosamente pintada en un blanco hueso. Desde entonces, los irrespetuosos son todos esos familiares vivos que se atreven a saltársela para ir a visitar a sus muertos. De tan sutil manera se traslada a los vecinos de este pueblo todo el problema general; pero cuidado, pues es el mismo modo con que trasladan al terreno de lo particular el problema ya no de los muertos de ese cementerio, sino de los miles que cada año caen en las propias autovías tan alegremente inauguradas. Si las pruebas de alcoholemia se aplicasen al Ministro de Fomento y a sus ingenieros de turno con el mismo rigor con que se aplican a los conductores, se quedaría uno asombrado de los resultados, comprobando que su borrachera de poder supera cualquier límite de los que debieran estar permitidos.

¿Cuál es entonces la diferencia que hace tan especial el caso de esta autovía por la Ribera del Duero? Evidentemente que el enfrentamiento ya no es entre el Ministerio y los cuatro pelaos de siempre, sino con los Vega Sicilia o Abadía de Retuerta. Las discusiones, lejos de llevarse al campo de las Evaluaciones de Impacto Ambiental para determinar las diferentes alternativas ambientalmente sostenibles, se están llevando a campos tan planos como el encefalograma de los que presentan alternativas desde plataformas políticas, que lo único que han hecho es sacar el debate público del rico contexto social, económico y ecológico para llevarlo al ridículo entre las izquierdas y las derechas.

La solución en este contexto político se simplifica hasta caricaturizarse. Si en las próximas elecciones uno tiene disposición de votar a don Mariano estará respaldando el trazado de la autovía que va por la margen derecha del Duero, y si vota a don Jose Luis estará manifestando su apoyo al trazado que va por la margen izquierda. Pero en realidad, ellos no son la alternativa de nada, ambos andan por las mismas márgenes del cauce de la política, un río que cruzan alegremente sabiendo que siempre son otros los que se ahogan al cruzarlo, y no precisamente en vino. Con estas soluciones magistrales, ¿para qué seguir formando expertos universitarios en evaluación de impacto ambiental? ¿Para qué seguir investigando en procedimientos de participación pública que revelen todo lo que está en juego? Ni si quiera merece la pena molestarse en llamar al amigo económetra para que nos construya a medida un modelo matemático que garantice la respuesta que más nos interesa, y al que apoyaremos pagando su publicación en algún prestigioso "Journal of"... de alguna "University" o "Association" privada, como cualquier buen ciudadano estadounidense o británico, que es en lo que nos quieren convertir a los profesores de la universidad pública española. La más moderna versión de arma de destrucción masiva de cerebros que quizás pueda permitirse pagar el Gobierno español, otorgándonos el honor de hacer de los propios españoles nuestros peores enemigos, de modo que antes de que nos invadan nos autoinvadimos.

En este contexto, se olvida que las evaluaciones de impacto ambiental únicamente sirven cuando nos ayudan a descubrir la tercera vía de todo proyecto, esa que garantice su contribución a la sostenibilidad o equilibrio natural del ecosistema. En el caso de la Autovía de la Ribera del Duero un repaso histórico a la evolución del ecosistema del Duero, y al transporte de personas y mercancías en él, nos descubre que esa tercera vía ya está hecha. Se trata de la línea del tren Valladolid-Ariza, cuya revitalización adaptándola a los tiempos que corren hace innecesario desdoblar en su trazado la actual carretera. Con idénticas inversiones a las de la autovía, incluidas las comisiones a los de turno, podemos ser pioneros en inaugurar el primer tranvía del siglo XXI capaz de transportar coches y camiones como mercancías, y de viajar a los conductores y sus familias como personas. Dejando al sol, que ahora nos da de cara, ilumine esos magníficos paisajes que discurren a lo largo del río, haciendo como dijera Machado, "el mismo Duero".

Evitaríamos con ello que el duelo que es ahora entre los políticos termine como siempre siendo mañana el duelo por las víctimas de estas autovías que en el mejor de los casos nos llevan hacia ninguna parte, y en el peor, al Cielo. ¿O es que alguien puede creer que esta autovía se hace para llegar desde Valladolid hasta Soria, y ayudarla a ser rápidamente la capital del desarrollo sostenible a que aspira? Nuestro equipo universitario no está dispuesto a vender soluciones ambientales a los políticos, los ingenieros, los bodegueros, los ecologistas por que los ciudadanos las tendrían que pagar dos veces. Una vez las hemos estudiado con nuestro sueldo, se las regalamos a todos ellos en garantía de nuestra independencia. Pero sabemos muy bien que esto a casi nadie ahora le interesa.