Cuatro opiniones urbanas para un nuevo gobernante

Xerardo Estévez . La ciudad no puede ser un asunto azaroso, un conglomerado aleatorio de calles, plazas, edificios, aparcamientos. No se puede dejar que se haga por sí sola. Bajo el amparo de un planeamiento poco ordenador y de una legislación demasiado neoliberal, se ha convertido en un inmenso negocio carente -y esto es lo grave- de un contexto o un hilo conductor. En respuesta a esta forma de crecer fragmentaria y dispersa a la que, por cierto -oh contradicción, en un mundo regido por parámetros económicos-, nadie le echa las cuentas de lo que nos va a costar mantenerla y dotarla de servicios, es preciso recuperar un pensamiento urbano, con una legislación y un planeamiento adecuados.
Reflexionar sobre la Ley del Suelo. Sin precipitación, con diálogo y consenso, habría que revisar aspectos de la legislación estatal, tan declaradamente constructora que ha llevado a algunas administraciones autonómicas a ajustar sus excesos. Determinadas disposiciones legales han sido duros golpes asestados a los fundamentos de la concepción de la ciudad: todo lo que no es protegible es potencialmente inmobiliario, como si se fuera a acabar el suelo en una sola generación, con un solo plan. A buena parte de este suelo se le atribuye un valor, que es el que le correspondería si ya estuviese urbanizado cuando, en realidad, sus propietarios no han invertido un euro en ello, ni seguramente piensan hacerlo. Éstas y otras razones de diferente índole y peso han conducido al fracaso de las pretensiones de contención del precio de la vivienda y, en cambio, se ha «calentado» el suelo de forma generalizada.

Estructuras más que infraestructuras. Las estructuras ya no son «infra», son sencillamente elementos que unen o segregan, y se convierten en piezas fundamentales, en ejes y rótulas de la construcción del territorio y de la ciudad. Tren de alta velocidad, autopistas y autovías, servicios eléctricos, de telecomunicaciones, de abastecimiento, de saneamiento..., deben responder a una visión global para crecer en red, pero en red solidaria, integradora y articuladora. En el caso metropolitano, cada euro de inversión debe ser considerado como una actuación urbana, negociada con cada ayuntamiento, tendente a la conexión y factura del tejido urbano, y no como ocurre, por ejemplo, con las arterias viarias, diseñadas fundamentalmente para pasar tráfico, rompiendo la geografía e impidiendo la comunicación con biondas y vallas.¿Por qué no un Ministerio de las Ciudades?. De las ciudades, de las estructuras territoriales, de las áreas metropolitanas, de la vivienda... La vivienda es un problema muy importante, pero sectorial; tan importante como lo es el espacio público y la calidad de vida. La cuestión no es sólo proveer alojamiento, sino crear un ámbito habitable donde se pueda desarrollar en condiciones óptimas la interacción social y el ejercicio de los derechos y libertades públicas. Las ciudades necesitan, más que nunca, el apoyo de las otras administraciones, que vuelvan la vista hacia ellas y no estén sólo pendientes de la bipolaridad administrativa entre estado y autonomías. Las ciudades reclaman un buen acuerdo político.