"La regeneración urbana de la ciudad"

Federación de Asociaciones de Vecin@s de Valladolid «La inversión de dinero público en la mejora de barrios más o menos obsoletos es una cuestión de justicia, antes que de rentabilidad política»

Domingo 2 de noviembre del 2003

España ha construido desde 1999 más del 40% del total de nuevas viviendas de la Unión Europea. Y lo ha hecho a costa de abandonar a su suerte, en la mayoría de las ciudades, a los barrios levantados durante los fuertes procesos de emigración rural de mediados del siglo XX. Esto es más que evidente en Valladolid, donde las grúas -ese viejo símbolo de la prosperidad y el progreso- pueblan sin remisión el paisaje de la periferia, mientras se hurtan a aquellos barrios trabajadores que dieron prosperidad a la ciudad. Esta tendencia ha de quebrarse necesariamente. Ha de frenarse la construcción de más ciudad en favor de una mejor ciudad, del incremento de la calidad de una buena parte de la existente. Por múltiples razones: porque es de justicia, porque es medioambiental y socialmente más sostenible, porque la mejora del estatus de los barrios menos favorecidos de la ciudad redunda en beneficio de toda ella.

La regeneración urbana, entendida como proceso de inversión del declive económico, físico y social de la ciudad existente, cuando este declive ha llegado a tal punto que las fuerzas de mercado no pueden superar por sí solas, no parece resultar tan rentable desde el punto de vista político como las actuaciones de imagen (construcción de museos, centros de congresos, espacios culturales, peatonalizaciones de centros históricos). No se trata, por tanto, de batallar en ese campo. La inversión de dinero público en la mejora de barrios más o menos obsoletos es una cuestión de justicia, de decencia, antes que de rentabilidad política. Valladolid tiene una deuda social pendiente con los barrios que han ayudado a construirlo desde unas condiciones siempre dependientes del resto de la ciudad. Así debe exigirse.

Pero, con ser fundamental, no es el único argumento a considerar. El problema de la insostenibilidad ambiental de la ciudad que crece sin pausa en extensión, mientras se estabiliza o decrece en población (justamente el caso de Valladolid), no deja de recordarse desde unos sectores y de obviarse sistemáticamente desde otros. Es necesario y urgente desterrar la idea del crecimiento urbano como paradigma del desarrollo, del progreso y la prosperidad. Y exigir, por el contrario, la regeneración de la ciudad existente, dotando a todos los barrios de estándares de calidad equivalentes a los de los barrios de última generación. Existen numerosos precedentes de este tipo de actuaciones, bien como intervenciones puntuales o bien como proyectos de gran escala. Intervenciones en las que siempre ha primado la urgencia de resolver los problemas de infravivienda (realojando a sus habitantes en viviendas dignas), la superación del déficit de espacios libres y equipamientos, la transformación de espacios obsoletos y degradados, o la recuperación de barrios decadentes aplicando criterios ecológicos.

Citemos tres casos conocidos. Por cuestiones de proximidad, empecemos por recordar la "remodelación de barrios" de Madrid llevada a cabo entre 1979 y 1996. Se trató de una operación de gran envergadura que afectó a 28 barrios que computaban una superficie total de 838 hectáreas. Se construyeron 38.792 viviendas nuevas con una superficie media de 100 m2, que realojaron a 149.000 personas. El coste total de la inversión ascendió a 310.000 millones de pesetas (1.863 millones de euros). Fue principalmente una operación de demolición de chabolas y realojo de sus ocupantes en viviendas dignas, en el propio barrio, así como en la creación de barrios con unos buenos estándares de equipamientos y espacios libres. A pesar de algunos puntos débiles, la operación ha de valorarse muy positivamente. Conviene recordar que este proceso de remodelación urbana fue posible gracias a las presiones de las asociaciones vecinales, que consiguieron cambiar las expectativas de expulsión que pesaban sobre una amplia zona del sur de Madrid que había ido ganando centralidad. Se produjo un sólido proceso participativo en el que la administración y las asociaciones de vecinos trabajaron solidariamente. A ello hay que añadir una enorme inversión pública (expropiación del suelo, construcción y financiación de nuevas viviendas, infraestructuras, equipamientos), sin la cual no hubiera sido posible la actuación, dadas las condiciones de partida de los residentes.

Otra intervención a gran escala se está llevando a cabo actualmente en la ciudad de Viena. El proceso está en marcha desde 1984 y afecta a 130.000 viviendas (una de cada 5 viviendas de Viena se localiza en un edificio que está siendo remodelado, o va a serlo en un futuro cercano). De hecho, la renovación urbana se ha convertido en un factor económico importante, con un vasto potencial para el sector de la construcción. Existe un alto nivel de subvenciones públicas, pues hasta un 90% del coste de la rehabilitación proviene del sector público a través de subvenciones en préstamos bancarios.

Es también conocido el interés de la ciudad alemana de Berlín por la rehabilitación urbana, bajo el sesgo de la ecología urbana y la participación social. Desde finales de los años 1970 se sigue una política de recuperación de barrios en decadencia. Primero fue el populoso Kreuzberg, donde se llevó a cabo una de las primeras y más conocidas rehabilitaciones urbanas ecológicas, con una fuerte implicación de propietarios e inquilinos. Ahora le ha tocado el turno al barrio de Prenziauerberg. Esta operación de rehabilitación urbana comenzó en 1991 y durará hasta 2006. Afecta a 240 hectáreas, 32.000 viviendas y 58.000 habitantes, y cuenta con un presupuesto estimado de 2.500 millones de euros. La remodelación de los servicios sociales corre a cargo de los fondos públicos, mientras que la remodelación de edificios residenciales cuenta con fondos públicos, fondos privados y la colaboración de propietarios e inquilinos.

Estos tres casos no son los únicos que definen el sistema europeo de ciudades en resurgimiento. Ahí están también, por ejemplo, Manchester, cuna de la revolución industrial por excelencia, que ha derivado a un territorio donde florece la industria de la cultura; o el modelo de intervención seguido en Dinamarca para convertir Copenhague y la región de Órensud en una de las áreas más innovadoras de Europa; o Munich, Paris, Lisboa, Dublín, Londres, Ámsterdam, etc. En todas ellas alienta un mismo espíritu de mostrar ideas-fuerza y proyectos con los que afrontar los modelos urbanos duros y sometidos a fuertes tensiones urbanísticas y sociales.

En todas ellas también es común que sus respectivos poderes locales practican un modo de hacer ciudad orientado hacia una visión integradora, social y territorialmente, en las que utilizan dos vías fundamentales: el aumento de la participación ciudadana y el fomento de la acción social. En definitiva, una estrategia que se basa en la consideración tanto de la necesidad de potenciar el crecimiento económico, como de corrección de las diferencias sociales y de calidad de vida, sin olvidar la ineludible mejora del entorno ambiental.

Exactamente lo contrario de la práctica municipal en Valladolid. Prueba evidente es el abandono de las políticas de regeneración urbana de los barrios tradicionales y el archivo de los proyectos de revitalización y actuaciones urbanísticas en la Rondilla, Pajarillos y Delicias, que permitieran ir abriendo futuro en todas las bolsas de pobreza y degradación urbana existentes en la ciudad.

He ahí la razón que nos lleva a formular con insistencia el Proyecto Antípodas como aportación popular de las Asociaciones de Vecinos al desarrollo de la ciudad, en contraposición al insostenible modelo oficialista del Ayuntamiento de Valladolid y la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León expresado en el malhadado Plan General de Ordenación Urbana de la época Sumillera, la carencia de visión integradora de la denominada "área de centralidad" en los terrenos de los talleres de Renfe o la caótica política de suelo y vivienda de todas las administraciones públicas.

Carmen González Ramos es Presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid

Publicado en Diario de Valladolid El Mundo