La urgencia del tranvía
MANUEL SARAVIA MADRIGAL* CiU y el PSOE, en Barcelona; el PP en Vitoria, Madrid o Alicante; en Bilbao, el PNV. La implantación del tranvía, «espina dorsal de la cohesión urbana», uno de los transportes más silenciosos y menos contaminantes, no es una opción de partido. ¿Por qué aquí no?
MIENTRAS en la última década la ciudad de Valladolid se ha dedicado a construir más y más plazas de aparcamientos rotatorios en el centro (ampliación de la Plaza Mayor, plaza de España, plaza de Zorrilla, paseo de Isabel la católica, etcétera), para atraer y generar más tráfico automóvil (más colapso, más ruido, más contaminación), muchas otras ciudades españolas y europeas han decidido invertir en la renovación radical del transporte público, instalando tranvías de última generación. Quien viaje por Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, etcétera, puede verlos. Los están instalando en Roma, París, Londres, Ulm, Friburgo, Postdam, Linz, Saarbrüken, Estocolmo, Bérgamo, Göteborg, Lisboa, Amsterdam, Basilea, Ausburgo, Düseldorf, Milán, Verona, Burdeos, Oporto, y muchas más. También hay nuevos tranvías en ciudades de América (Sacramento, San Diego, Houston, etcétera), Asia (Eskisehir, Hiroshima...), Australia (Melbourne). Y desde luego, en España, donde ya circulan desde hace tiempo en Valencia o en Bilbao, por ejemplo; más recientemente en Barcelona. Y muy pronto en muchas otras capitales. Más de trescientas ciudades están en la actualidad implantando o modernizando sus redes de tranvías en todo el mundo.
Hace ya tiempo que no se habla del umbral de los 500.000 habitantes para justificar una inversión de este tipo. Al contrario, son cada vez más las ciudades medias e incluso menores que deciden instalarlo. Orleans, por ejemplo, con sólo 120.000 habitantes lo está haciendo. Pero incluso lo han decidido algunas que no llegan siquiera a los 100.000. Montpellier, con 320.000 habitantes (casi exactamente la misma población que Valladolid) ha conseguido en muy pocos años que 60.000 viajes se hagan diariamente en tranvía. Alicante lo inaugurará en el 2005. En Vitoria se espera para el 2007. Madrid, Barcelona o Bilbao tienen metro pero también tranvía (en Madrid se instalará, que yo sepa, una línea en la Ciudad Universitaria y otra en los nuevos crecimientos del Sur; Barcelona acaba de inaugurar 15 kilómetros del nuevo Trambaix; y Bilbao lo hizo hace pocos años). ¿Por qué Valladolid no se lo plantea seriamente? ¿Por qué en esta ciudad solo se apoya seriamente al transporte privado?
Permítanme recordar algunas de las ventajas del tranvía. Es uno de los modos de transporte más ecológicos. Más silencioso y menos contaminantes: cero emisiones, consumos energéticos muy bajos, sistemas de recuperación de energía, y materiales que aseguran niveles moderados de ruido en el interior y exterior de las unidades. Puede constituir la imagen de una movilidad urbana que da prioridad al transporte público: discurre en sede propia y ocupa el lugar preferente de las calles por las que circula. El moderno vehículo oruga ha sustituido a los de coches independientes. Se integra bien en las calles peatonales. Puede decirse que constituye «la espina dorsal que da cohesión urbana» (J. P. Sueur). Los últimos modelos se alimentan de energía eléctrica desde el suelo y la eliminación de los tendidos aéreos mejora su integración en el paisaje urbano. Para el viajero es un medio agradable. Alcanza una velocidad media muy buena, pues al tener su propio cauce elude los embotellamientos y mantiene un ritmo regular. Bien diseñado, es un objeto bello y confortable. Una forma de transporte específicamente adaptada a la ciudad moderna. Hay coincidencia en que cualifica el espacio por el que circula. La creación de una nueva línea permite renovar el paisaje urbano, plantar árboles, instalar nuevo mobiliario, etcétera. Y desde luego reduce el tráfico automóvil. Se habla incluso de un efecto "bola de nieve" del tranvía, por el que su instalación pone en marcha otra serie de mejoras urbanas.
Nadie ignora las dificultades que tiene instalar una infraestructura de este tipo. En algunas ciudades donde se ha construido ha habido problemas con los comerciantes (recuerden que sucedió lo mismo cuando se empezaron a peatonalizar algunas calles). Y desde luego puede haber problemas financieros, como siempre que se acomete una gran obra. Pero es el medio de transporte colectivo más rápido de instalar (en Vitoria las obras comenzarán en el 2005 y será operativo dos años después). Y barato. Se estima su coste actual entre seis y 20 millones de euros por kilómetro, dependiendo de la urbanización a que afecte y del tratamiento del espacio urbano que se decida. Un coste a repartir entre las administraciones: el Gobierno Vasco, por ejemplo, se hace cargo del 65% del presupuesto del tranvía de San Sebastián. ¿No podría la Junta de Castilla y León actuar de forma semejante?
Ya hay cierta experiencia y pueden evaluarse los resultados de casi dos décadas desde que se recuperó este medio de transporte, en su versión moderna. Son mayoría abrumadora quienes hablan de éxito en todos los órdenes. En Nantes, una de las ciudades pioneras de la renovación del tranvía, la línea 2, que la atraviesa de norte a sur, transporta 80.000 personas al día, un resultado que supera en mucho las previsiones más optimistas. Aunque tampoco hay que exagerar. Las previsiones del tranvía de Alicante, que hablan de que se reducirá el 50% del tráfico automóvil con su implantación, parecen excesivas.
Lo cierto es que no dejan de sumarse ciudades con este medio de transporte ni cesan de ampliarse líneas en las que ya disponen de él. El tranvía de nueva generación fue la estrella en las últimas elecciones municipales francesas. Está de moda, y se valora desde todas las opciones políticas. Para instalar el nuevo tranvía de Barcelona hubo acuerdo entre CIU y PSOE. Los tranvías de Vitoria, Madrid o Alicante los han puesto en marcha alcaldes del PP. Los de Barcelona o San Sebastián son socialistas. El de Bilbao, del PNV. No es una opción de partido, sino de tomar en serio los problemas del tráfico urbano. Valladolid es una ciudad muy apropiada para el tranvía. Dispone de unos ejes y una estructura urbana que podrían albergarlo perfectamente. ¿Por qué Valladolid no puede sumarse a tan buena iniciativa?









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