Isabella contra Isabel

ANASTASIO ROJO VEGA La pretensión de llevar a los altares a la Católica, unificadora de España, evangelizadora de América y, por contra, acusada de genocidio contra los judíos, de expulsar a los musulmanes... no favorece, según el autor, el apretón de manos entre civilizaciones.ISABELLA of Castile la llaman en la lengua de Shakespeare. Más de diez mil páginas podemos encontrar sobre ella en Internet, pero ninguna seguridad de que en este año del 2004, que se acaba, alcance los altares. Isabel, la hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, a través de la cual la tendencia a la locura de la familia real portuguesa se introdujo en la española; la esposa de Fernando de Aragón, Isabel de España, la Católica.

Bien mirado podría decirse que si sus admiradores no logran sus propósitos tendrán derecho a considerarse, también ellos, víctimas de la guerra que se ha abierto en este tercer milenio -cristiano- en torno a la definición de los valores que han de gobernar las generaciones venideras. El presidente Zapatero lo ha visto: hay que conseguir una concordia entre las civilizaciones. Un acuerdo de los buenos, de esos que se sellan sobre un apretón de manos para toda la vida.

Estamos faltos de solidaridad y quien no lo crea es que está ciego. Los signos de enfrentamiento, ligero, rudo, no enfrentamiento -utilícese el eufemismo que plazca para definir la presencia de personas de otros pueblos y de otros países en nuestros autobuses- están presentes por todas partes y manifestándose de modo parecido a como lo hacen las placas continentales en su movimiento continuo bajo nuestros pies -elíjase, si se quiere, un nuevo eufemismo para expresar que, bien mirado, nada parece moverse-, es decir, con terremotos y volcanes, con la muerte de todo lo orgánico que crece arriba, con la desolación floreciendo en los más destacados puntos de roce.

En nuestro planeta superficial, en ese que va desde las profundidades del arado hasta donde alcanza nuestra mano brazo en alto; en ese nuestro mundo laminar, entre mineral y aéreo, las lavas incandescentes y los seísmos están desarrollando sus mejores exhibiciones en Palestina y en Irak, con consecuencias no muy distintas a las de los desastres telúricos. Palestina e Irak. Los restantes conflictos no son, aún, más que manifestaciones marginales de una violenta actividad subyacente.

Una lucha permanente por la vida, mejor dicho por la forma de entender una vida en comunidad. Por lo social, si por social no se entiende un mero calificativo político. Por la manera en que el hombre, dicen, por el mero hecho de ser tal hombre está obligado a vivir. Una fricción permanente entre quienes se permiten el lujo de bromear con eso de que el dinero no da la felicidad y un África negra, por ejemplo, en la que, según las últimas estadísticas, muere una de cada dieciséis mujeres que paren. Por infecciones puerperales. Como morían las europeas de hace doscientos años.

Es para ponerse a pensar un rato ese arriesgarse a tantas posibilidades de morir por la cosa generativa. ¿Se imaginan que al levantarnos para ir al trabajo supiésemos que uno de cada dieciséis de los que cogiesen el coche no iba a volver a casa? ¿Que uno de cada dieciséis iba a morir en accidente y así día tras día? ¿Tomaríamos, pese a todo, el vehículo? Prueba extraordinaria de aquella "locura erótica" que definían como enfermedad los médicos clásicos. Tira mucho eso que llaman amor, sea místico o de pura genitalidad. No hay droga comparable a la hora de hacernos perder el Norte y el oremus.

A Isabel de España quieren llevarla a los altares, con Santa Isabel de Portugal y Santa Isabel de Hungría, en un movimiento iniciado por el arzobispo García Goldáraz en 1958. Entre sus méritos se enumeran la unificación de España, el descubrimiento de América, seguido de evangelización, legislación favorable a los indígenas - amor por ellos-, y regalo de una cultura y de una lengua, el español, cuarto idioma más hablado tras el mandarín, el hindi y el inglés; y también el haber concluido la Reconquista, echando de una vez por todas de Granada a aquel rey chico que lloraba como las mujeres.

Pero contra Isabel se levanta una Isabella a la que acusan de crímenes contra la humanidad y con estos propios términos. A quien hacen responsable de las matanzas de judíos de Valladolid (año 1470), Córdoba (1474) y Sevilla (1480) y de la implantación de la Inquisición. ¿Es mérito para alcanzar plaza de retablo la unidad de España? Que se lo pregunten a Ibarretxe, y eso que Goldáraz era de Hernani. ¿Evangelización y lengua? Que hable el presidente Chávez, tan capaz, que ha andado por aquí estos días ¿Haber terminado la Reconquista? Pidan opinión a Bin Laden. ¿Que no quería expulsar a los judíos y si lo hizo fue para evitar daños mayores? Que no abra la boca Ariel Sharon. Ni la corriente llamada Teología de la Liberación está dispuesta a admitir a Isabel la Católica santa. Consiguió el título de "Católica", manifiestan, aprovechándose de que el papa era español, el enamoradizo Alejandro VI, orgulloso padre de la inquietante, inteligente y peligrosa Lucrecia Borgia.

No parece que la canonización de doña Isabel pueda favorecer el apretón de manos entre civilizaciones. Me da que, en esta cultura de las efemérides en que nos estamos transformando, el 2058 celebrará el I Centenario del Inicio del Proceso de Canonización de Isabel la Católica.ANASTASIO ROJO VEGA/Profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Valladolide la Ciencia en la Universidad de ValladolidEl Norte de Castilla