La biomasa como apuesta

TOMÁS GIRBÉS JUAN/Catedrático de Bioquímica Molecular de la Universidad de Valladolid Castilla y León presenta las condiciones ideales para desarrollar la biomasa a niveles competitivos y de futuro, según el autor, quien explica que los beneficios de este tipo de producción de energía no son solo económicos, sino también ambientales y culturales.LA biomasa se puede definir de una manera sencilla como toda materia que se produce biológicamente, es decir, biomasa es toda la materia viva. Desde un punto de vista práctico, nos referimos a la biomasa como toda aquella materia que, con un origen biológico, nos resulta de utilidad, bien para producir energía directamente, bien para producir combustibles.

La biomasa se puede clasificar en dos grandes categorías, la biomasa fósil y la biomasa renovable. La biomasa fósil es el petróleo y el carbón que se produjeron hace muchos millones de años. Por grandes que sean las reservas fósiles, son limitadas y tarde o temprano se acabarán. La dependencia de estas fuentes de energía fósil es total en estos momentos, y probablemente en las próximas décadas será aun mayor, dadas las tasas de crecimiento de países como China y la India, cuyo desarrollo industrial pasa inevitablemente por un consumo masivo de petróleo.

La biomasa renovable se encuadra dentro de las denominadas energías renovables, es decir aquellas que por su naturaleza, en principio, se pueden renovar, como el aire (energía eólica), el agua (energía hidráulica), etcétera. Hoy por hoy, y si no sucede alguna catástrofe global que amenace la vida biológica tal y como la conocemos, la biomasa renovable, tanto animal como vegetal, no sufre peligro y podemos considerarla inagotable.

Los excrementos de los animales de establo constituyen residuos que llegan a ser muy importantes. Se trata del estiércol producido por los rumiantes, vacas, ovejas y cabras, y los purines o excrementos producidos por los cerdos. En ambos casos, estos excrementos animales, convenientemente fermentados o "madurados", se utilizan como abono agrícola. En muchos casos son usados para enriquecer los residuos sólidos urbanos de origen biológico que, mediante un proceso biológico denominado compostaje, se transforman en un excelente abono conocido como "compost". Todos estos residuos y abonos biológicos añadidos al suelo ayudan a restaurar su capa orgánica, que desaparece con la explotación exhaustiva del campo. Los purines de cerdo tiene una utilidad especial como base para la producción de combustible gaseoso. Se trata de que su fermentación en ausencia de aire, por ejemplo en depósitos cerrados, produce un gas denominado metano, o gas de los pantanos. El metano es inflamable y puede ser utilizado como alternativa al propano y al butano. Por cierto, en China esta es una manera de autoabastecerse, en parte, de energía barata y renovable en el mundo rural del que viven varios cientos de millones de personas.

Con mucha diferencia, la biomasa renovable más abundante son los vegetales. La biomasa vegetal se produce gracias a una función biológica conocida como fotosíntesis, que consiste esencialmente en la formación de la celulosa de los vegetales a partir de anhídrido carbónico, el tan denostado gas CO2 del famoso efecto invernadero, con la energía que suministra la luz solar. Los vegetales "fijan este gas en forma de celulosa". Por ello, tendiendo en cuenta la abundancia de CO2 y de la luz solar, la biomasa vegetal es inagotable, y su producción, catastrofismos interesados aparte, está asegurada por muchos siglos.

La biomasa vegetal se utiliza fundamentalmente para producir madera para la construcción y para la industria papelera, pero aparece también como residuo agrícola, por ejemplo la paja de los cereales, y como resultado de la limpieza de los montes. La necesidad de reciclar todo lo biológico, de reducir los incendios provocados por la quema incontrolada de residuos agrícolas, y por qué no decirlo, la rentabilidad creciente del aprovechamiento de este tipo de recursos hacen atractivo este campo energético. De hecho, las plantas de producción de energía por quema de residuos agrícolas y forestales cobra cada día más importancia, como lo indica el que estas plantas de energía proliferan continuamente.

Otro aspecto crucial de aplicación inmediata de la biomasa vegetal renovable es el denominado "biodiésel", esto es, aceite de plantas oleaginosas, preparado convenientemente por vía química, y que puede sustituir al combustible diésel, o gasóleo, derivado del petróleo. Esta constituye una de las aplicaciones más inmediatas y brillantes de la biomasa vegetal. Todos los días vemos autobuses municipales, y otros vehículos, que utilizan en mayor o menor medida este tipo de combustible renovable.

Los residuos vegetales tienen también otra aplicación. Se trata de su utilización para producir el alcohol etanol para quemar como combustible, el denominado "bioetanol". Los seres humanos hemos venido produciendo bebidas alcohólicas por fermentación de uvas, cereales, manzanas, etcétera, desde tiempos inmemoriales. Esta fermentación alcohólica la llevan a cabo fundamentalmente las levaduras y, más específicamente, la denominada "Saccharomyces cerevisiae". Estos microorganismos transforman el azúcar de las plantas en etanol. La transformación pueden llevarla a cabo también bacterias como la "Zymomonas mobilis", cuyo genoma acaba de ser publicado en otro alarde tecnológico de la Biología Molecular, y cuya eficacia es incluso mayor que la de las levaduras. En el plano energético se trata de transformar los residuos vegetales en azúcar que pueda ser fermentable, por la vía química o por la vía biológica. Para ello primero hay que degradar la celulosa a azúcar (glucosa), después hay que producir la fermentación y, al final, hay que separar el etanol del resto de la masa fermentante. El etanol resultante es un complemento a los combustibles para automoción que se viene utilizando hace muchos años en países con déficit energético y abundancia de madera.

La comunidad de Castilla y León tiene sol, terreno, residuos agrícolas y forestales y necesidad de industria, condiciones ideales para el desarrollo de la biomasa a un nivel competitivo y de futuro. Con esta visión, la Administración regional apuesta claramente por la biomasa. Los beneficios no son únicamente económicos, son también medio-ambientales y culturales.