Acoso escolar

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Relevancia hasta ahora desconocida esta cobrando el llamado acoso escolar. Este fenómeno consiste en que un grupo de escolares insulta, veja, golpea y realiza otras formas de violencia física y síquica sobre un compañero.

 

No descubro nada diciendo que el trato vejatorio a un compañero a existido siempre, pues las peleas, mofas y demás “putadas” se han hecho los chavales siempre. Hoy en día eso sigue ocurriendo, si bien en algunos casos la violencia sobrepasa con creces lo común, por ejemplo con puñaladas o golpes continuos hasta provocar lesiones irreparables. Respecto a estos últimos casos, no podemos, en mi opinión, englobarlos en el grupo de acoso escolar porque es distinta a adjetiva y sustantivamente a lo que ocurre en el 99% de los casos.

 

Respeto a esas vejaciones de las que hablaba en primer lugar, hoy siguen ocurriendo y son las mismas: Los niños siguen mofándose del “gafotas”, del “orejudo”, del “gordo” del “guarro” o del “mariquita”, igual que ocurría antes. Lo que esta cambiando es el nivel tolerancia social a este hecho. Antes era una cosa de niños, ahora es un hecho que debe ser corregido pues causa trastornos sicológicos que pueden perdurar de por vida.

 

Sin embargo, seguimos estando en un periodo de transición entre la consideración social anterior y la nueva. Sigue habiendo padres orgullosos de que sus hijos sean los “matones de su clase”, siguen mirando para otro lado algunos profesores y ciertos padres consideran que lo que su hijo agredido debe hacer es vengarse agrediendo él al día siguiente. Todavía no todo el mundo, por tanto, esta concienciado de este gravísimo problema.

 

Pero, ¿por qué los niños tienen ese deseo de vejar a otro?. En primer lugar hay que establecer como premisa base la falta de educación en la tolerancia. A los niños no se les inculca el respeto hacia los demás como fundamento de la correcta convivencia. Los educadores, sobre todo los padres, muestran ante sus hijos sus odios y fobias sobre cierta clase de gente en vez de mostrarle sus discrepancias pero respeto ante los que no opinan o son como él. Es esa falta de tolerancia la que el niño interioriza luego expresa en forma de violencia.

En segundo lugar, son muy dañinas en la educación del hijo las propias fobias y odios de los padres y demás educadores. Si la mama le dice a su hijo, “mira que gorda se ha puesto esa, parece un tonel” (esta frase es cierta y literal), el hijo interioriza eso y va a entender que no es malo reírse de los gordos y, en última instancia pegarlos. Y esto ocurriría con extensión con cualquiera que presentase una alteración física. Imagínense como debe pasarlo un niño afeminado.

  

Por último me gustaría decir que hecho en falta la implicación de los políticos en este tema. Deberí haber preguntas al Gobierno en la Sesión de Control, comparecencias de la Ministra de Educación en la Comisión de Educación y lo mismo en el resto de los niveles de la Administración. Es un problema gravísimo este que parece que por fin sale a la luz.