O estás conmigo o estás contra mí
Guerra de trincheras en el periodismo madrileño: lo de Telemadrid tendrá consecuencias electorales
Miércoles, 11 de octubre de 2006
Así está el periodismo capitalino, buena copia en sepia del periodismo patrio. Así está la España decadente de Zapatero. Dividida y crispada como pocas veces lo estuvo antes de que el hombre del Talante se diera a conocer. Más rica que nunca, cierto, pero también más escindida, más rasgada, más intolerante, más cainita, más irrespirable y por tanto, más pueblerina, más insignificante en la escena internacional. Todos en la pura trinchera. Ya saben el chiste (adecuadamente adulterado), muy machista, muy español, muy celebrado en los bares de alterne de carretera, en las tascas de la España mugre: a los amigos, todo; a los enemigos, nada; y a los indiferentes, la legislación vigente.
Este no es país para la equidistancia. Tampoco para la reflexión, el debate, la discrepancia civilizada. Aquí hay que estar alineado. Nunca desde el final del franquismo, o a mí me lo parece, estuvieron tan mal las cosas como ahora. Bien es cierto que el grupo Prisa y su acrisolado sectarismo introdujo muy pronto en la España democrática (es un decir) la división entre amigos y enemigos, entre progres y carcas, entre derechas e izquierdas. Todavía recuerdo la respuesta que un reputado columnista y escritor de éxito me dio un día, cuando le pregunté por las razones del exquisito trato que dispensaba al señor Polanco –me dicen que anda muy envejecido, muy arrugado el hombre- y su poderoso Grupo: “Es que, si te metes con ellos, te ignoran cuando publicas un libro, ni una triste reseña, así que mejor dejarles tranquilos”.
Es el miedo, patrón de conducta de cierta intelligentsia dispuesta siempre a cogérsela con papel de fumar para no poner en peligro la casita en Marbella y demás gabelas de la vida muelle. Pero la derecha, la derecha liberal, si es que se puede hablar de una derecha liberal en España, se había mantenido ajena a tales demostraciones de sectarismo, de modo que la prensa que pulula extramuros del grupo Prisa y sus satélites había convivido y competido entre sí en términos de buena vecindad. Esto se ha acabado. Eso es lo que ahora se ha terminado. Eso es lo que también se ha llevado por delante la infausta teoría conspirativa del 11-M. Desgracia sobre desgracia.
O conmigo, o contra mí. El despido de Germán Yanke de Telemadrid es el episodio más reciente, más relevante, de este penoso estado de cosas, pero no el único. Ya en julio pasado, la dirección de Unedisa despidió al director de elmundo.es, un éxito editorial sin precedentes, Gumersindo Lafuente, porque no seguía las directrices de la edición en papel del diario sobre los “descubrimientos” del 11-M, porque Sindo sólo publicaba aquellas revelaciones que le parecían tales, desdeñando la pura fabulación conspirativa. La salida de Yanke del Diario de la Noche de Telemadrid es un pésimo mensaje de intolerancia que la supuesta derecha liberal representada por Esperanza Aguirre envía al electorado de centro más ilustrado. O mucho me equivoco, o lo sucedido en Telemadrid tendrá consecuencias. Para Telemadrid, desde luego, pero también para Aguirre. Se verán el cuarto domingo de mayo de 2007.









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