Planta de biocompostaje

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 FACUA,  escribió:   Sr. Consejero.Consejería de Medio Ambiente Junta de Castilla y León.  C/ Rigoberto Cortejoso, 14.47071 Valladolid.

En un lugar de Castilla y León, cuyo nombre es Medina del Campo vive un hidalgo, con vocación de desfacedor de entuertos. Su vida la entrega por la honrosa – que no onerosa, sino altruistamente desempeña- causa de la defensa de los ciudadanos como consumidores y usuarios. La morada a la que representa es FACUA Castilla y León -Consumidores en Acción-, una asociación de consumidores y usuarios que vela por los derechos de éstos en su faceta de tales. Que vela por el cumplimiento de las normas, y que tiene que enfrentarse a todos los malandrines que la sociedad de consumo y consumista, genera día a día.


Y no sólo eso, sino que intermediaria como es entre el consumidor o usuario y la Administración encargada de proteger lo que se denomina Medio Ambiente, encargada, dígoles, de velar por que se apliquen y se cumplan las normas que la sociedad se otorga, tiene que enfrentarse a la gran maquinaria administrativa, pidiéndole diariamente que se la entienda legitimada para defender a los ciudadanos que representa.

Esa Administración, tan arrogante, que tan pronto hoy quiere saber qué piensa FACUA sobre una norma en materia de Medio Ambiente, como mañana la deslegitima para que pueda defender a los usuarios y el Medio Ambiente que nos rodea y que en las normas que la rigen, leasé Estatutos, se contempla en su articulado en el nº. 2. h.-Defender la Calidad de Vida y el Medio Ambiente, y exigir el cumplimiento de la norma sobre la que ayer te pidieron tus pareceres, dimes y diretes.

En sus andanzas por tierras castellanas, más concreto campos de Medina del Campo, sitos en la zona camino de Abucos, polígono 3, parcela 113, dígoles, que este hidalgo encontrose repentinamente con unos residuos vertidos en unas tierras de cultivo en la citada villa. Acertaron a pasar por allí unos labradores y preguntoles, de quién eran los sudodichos predios, a lo que respondieron que de la Dama C. A. B.

Como curiosidad no le faltaba al noble hidalgo, y labia tampoco, preguntole a un villano con pinta de peregrino andante, de aquellos que facen el Camino de Santiago -o por otros apodos del Caballero Matamoros- que, acompañado de varios galgos -¿o serían podencos?- por allí transitaba, decía, que se dirigió a él y preguntole, si tenía conocimiento de dónde podían provenir esos lodos, a lo que él contestole, que monstruos de grandes ruedas que recogían los residuos de fábricas de la muy noble y muy leal Villa de Medina del Campo, acudían prestos a depositar los restos, en el sudodicho predio. También díjole que, un malandrín, gestor de residuos, que tiene una planta de Generación de Abono Agrícola en la lejana, pero castellana también, tierra de Salamanca, en el pueblo de Moriñigo, para más concreción, en vez de llevarse la mierda, perdón, los residuos, hasta tan lejanos predios -su morada- para transformarlos en abonos, negociaba con propietarios de tierras más cercanas, para depositar allí los citados residuos, a cambio de una bolsa de escudos de oro y ducados de plata.

No pudiendo dar crédito a los que mis singulares oídos escuchaban referir, cogí mi tropel y, con Sancho, -cuerdo donde los haya, e incrédulo de tales historias- emprendimos largo viaje hacia esas lejanas tierras salmantinas, a lomos de Rocinante (R21) corcel fiel donde los haya y, para más señas, nacido en España. Y vagamos por esas tierras, siguiendo canales y caminos, cruzando cañadas, cordeles y veredas otrora pintadas de una pasta negra.

Llegando a los alrededores de la ansiada planta, y tras visitar varias ventas, preguntamos a los venteros, si tenían conocimiento de la existencia, de una Planta de Generación de Abono agrícola, a lo que respondieron que de eso no sabían nada, pero sí, ¡como no!, de un lugar donde se depositaban residuos por doquier, pero que aquello de Planta, dejaba mucho de desear y más que planta era vertedero donde se depositaban restos de lodo y de lo que no lo era. Un dragón con ruedas, excavaba la tierra y allí lo enterraba, dijeronle.

Estando en estas lides, uno de estos lugareños nos indicó dónde estaba la cueva del dragón, así como la identificación del dueño del lugar, que resultó ser un notable del pueblo, un regente, el Alcaide de Moriñigos, dijonos.

Tras llegar a Babilafuente, yendo hacia Moriñigo, continuando en dirección a Cordovilla, cruzando un camino de hierro, -dicen ser vía de tren-, pasando por un redil para las ovejas a mano izquierda, girando por el primer camino que sale a la izquierda, todo recto, todo recto, cruzando el canal, después de recorrer angostos caminos, llenos de baches y barros, unos montículos oscuros que emergían de la tierra, nos atraían al lugar donde se encontraba la citada Planta. Un vertedero, rodeado de maderas y de vallas metálicas, lleno de heces y lodos, -además de residuos de todo tipo-, por todos los lados.

Merodeando por las afueras de la citada Planta, y tras hacer una serie de fotografías utilizando las nuevas tecnologías, a pesar de mi resistencia a las mismas, intentamos encontrar a alguien que vigilara el citado lugar. Nadie allí había, ni la candela, que enhiesta allí descansaba, estaba encendida.

Tristes y cansados, mi leal Sancho, un poco más convencido de cómo se hacen las cosas en este país y más soñador, -imaginándose luchar contra los entuertos que el día a día nos depara-, y yo, volvimos a la villa de Medina del Campo, y decimos dar cuenta de nuestras hazañas por medio del presente manuscrito, a la autoridad competente, o sea Ud. Señor Consejero, para que con sus poderosos ejércitos de inspectores, y sus lides de funcionarios (ojo a quien manda, no sea el mismo que dice que todo está bien, o el funcionario mayor o Jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Salamanca, que seguramente daría el visto bueno a tal fechoría), ordene una inspección "in situ", de la citada Planta, que en algún lugar de los Registros existentes en aquesta su Consejería, estará dada de alta y constará su legítimo dueño y gestor. -Anexamos a la presente una pista-. Para que una vez constatadas las ignominosas circunstancias que se producen, lleven a las mazmorras más frías y oscuras del Castillo de Fuensaldaña a su facedor, o llévenlo a cualquier otro lugar habilitado para ello, si es el Ser causante de estos graves daños medioambientales y le despojen de todas sus riquezas, tierras y caballerías, mandatos y poderes para hacer daño a los nobles ciudadanos, consumidores y usuarios, y más directamente, a aquellos que le votaron directamente, a sus vecinos; al depositar sin miramientos residuos de lodos en un agujero, sin hacer ningún tipo de tratamiento, ni mejora, filtrándose éstos hacia las aguas subterráneas, y que en un futuro será bebida de sus hijos.

Y no se amedrenten por la situación política del ciudadano en cuestión, es más, mayor pena merece, si siendo representante público de los ciudadanos, lo que se conoce como Alcaide, -el que tiene las llaves del pueblo- utilizara sus gobernanzas para su propio beneficio personal, ya que, dudamos que se transforme en abono agrícola, con lo que los escudos de oro y ducados de plata que obtiene, serían limpios de polvo y paja.

En espera de que la narración de estas circunstancias haya sido de su total agrado, a pesar de la tristeza y lo increíble de esta historia, volvemos a la fría realidad y Solicitamos ser parte interesada en el procedimiento administrativo que se instruya al efecto.

¡Dios le guíe, valeroso Consejero, Don Fernández Carriedo!

El Presidente

Fdo.: Jesús Ulloa Barrocal

(El Caballero de la Triste Figura)

En Medina del Campo a