VERDADES Y MENTIRAS DE LA SEGUNDA REPÚBLICA
Manuel Fernández Álvarez
Con el título "La República que yo viví", éste ilustre historiador ha descrito en pocas líneas la esencia de lo que fueron aquellos cinco años de experiencia republicana. Tiene el análisis del académico de la Historia una doble virtud: en primer lugar, se trata de una descripción sosegada, realizada por un testigo directo de aquel periodo y rebosante de la lucidez que dan los años. De otro lado, el artículo se sustenta en la solvencia de un profesional de la Historia, que -si bien su especialidad es la España imperial del siglo XVI- cuenta con un acreditado prestigio internacional.
Nadie pone en duda que cualquier esfuerzo que se haga por esclarecer un periodo histórico -y más si tuvo graves consecuencias para la sociedad de su tiempo y para el devenir-, es encomiable. Pero cosa bien distinta es empecinarse en falsear los hechos pretéritos, en un esfuerzo voluntarista por imponer una visión adulterada y ajena a la verdad. Esta actitud no sólo no conduce a nada bueno sino que contribuye a resucitar viejas querellas, enconos y odios que, precisamente, fueron las razones de que la Segunda República malograra las ilusiones y esperanzas que albergó el día de su proclamación, en aquella memorable fecha del 14 de abril de 1936.
Es sintomático que todos los libros de memorias sobre la II República y la Guerra Civil, escritos por protagonistas significados de aquellos años -al margen de la parcialidad de sus testimonios-, destilen un fuerte pesimismo y, en cierto modo, importantes dosis de arrepentimiento. Desde las "Memorias" de Azaña o Indalecio Prieto, pasando por las de Gil-Robles o Portela Valladares, hasta las de Martínez Barrios o Negrín, la experiencia de aquella República dejó en todos sus protagonistas un profundo y amargo sentimiento de dolor y frustración.
Ahora acaba de publicarse "Miserias de la guerra", obra inédita de Pío Baroja. Esta obra la presentó el autor a censura en 1951. Fueron tantas las tachaduras a las que fue sometido el manuscrito, que Baroja decidió guardarlo en un cajón. Cincuenta y cinco años después, su sobrino Pío Caro Baroja ha sacado a la luz esta descarnada narración -en forma de folletín costumbrista- sobre el Madrid de la República y los primeros meses de la guerra civil.
A nadie que conozca la obra y vida de Pío Baroja se le escapa que -tras un breve filtreo con las ideas libertarias en su primera juventud-, el autor de "El árbol de la ciencia"-, desencantado, pronto se instaló en la corriente liberal más alejada de cualquier forma de doctrinarismo. Desde entonces, Baroja sólo militó en el más escrupuloso independentismo, cosa que a medio y largo plazo le acarrearía la desconfianza de unos y otros. Las páginas de "Miserias de la guerra" rezuman un trágico pesimismo, propio de una personalidad independiente y escéptica, y que con enorme perspicacia supo reconocer inmediatamente la irrefrenable demagogia que la clase política de la época derramó sobre un pueblo hambriento y maltratado. Don Pío decidió no tomar parte en aquella hoguera de pasiones, y se convirtió en espectador doliente de aquel auto de fe, donde fue condenada la ilusión y la esperanza de millones de españoles.
Estos dos nuevos e incuestionables testimonios de Fernández Álvarez y Baroja desacreditan las tesis defendidas por muchos historiadores actuales, alineados en la llamada corriente neoprogresista, y que viven instalados cómodamente en la poltrona que los cenáculos del poder universitario les ha provisto de forma vitalicia. Son estos seudo científicos de la Historia Contemporánea de España los que alimentan -a través de sus colaboraciones en la prensa adicta- el proyecto político del presidente Rodríguez Zapatero. Proyecto en el que destaca su programa de recuperación de la "Memoria histórica", y que este jueves dio un gran paso al ser aprobada en el Congreso una proposición de ley que reconoce la II República como antecedente de la actual democracia, y pide al Gobierno que promueva durante este año homenajes a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, así como a los impulsores de la Transición.
He aquí un ejemplo de manipulación descarada y de inmoral cinismo. La iniciativa parlamentaria de Izquierda Unida ha sido secundada por todos los grupos políticos de la Cámara, excepto por el Partido Popular. A partir de ahora importa poco en qué termina este sainete. Pero si algo está claro, es que en 1931 muchos creyeron en la República, aunque de muy distintas maneras. En cambio, nadie creyó en la democracia, por eso nadie respetó al contrario. Y ocurrió lo inevitable...
Que alguien me explique dónde está y en qué consiste el precedente republicano de la Transición que inició el Rey Juan Carlos I con la destitución, en junio de 1976, del presidente Carlos Arias Navarro. No sería en el trabajo de los republicanos en el exilio o en el de los socialistas, que llevaban cuarenta años de vacaciones.
Pues ese precedente
Pues ese precedente republicano se basa más que en nada en la constitución de 1931:
Art.1 - España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.
http://www.icsi.berkeley.edu/~chema/republica/constitucion.html
La constitución del 78 está amparada en la del 31, aunque tratando de buscar un equilibrio con la situación política de aquel momento.
A su vez el periodo republicano de 1931 a 1936 era el periodo democrático más cercano al precedente actual, pese a quien le pese.
Pero uno de los errores que más se cometen al interpretar aquel contexto histórico es la situación internacional en época de entreguerras: el crack del 29, el auge del nazismo, la stalinización de la revolución rusa,... digamos que en aquella época un régimen totalitario no tenía tan mala imagen como la tiene hoy en día, tras aprender tras la II GM que "la democracia es el peor de todos los sistemas políticos a excepción de todos los demás".
Franco vivió de las rentas del nazismo en sus primeros años, y luego exportó su anticomunismo a los "yankis", con eso pudo sobrevivir 36 años en el poder.
Digamos que ya en los años 70 una dictadura ya no interesaba: ni a las grandes empresas, ni a la CIA, ni de cara al exterior, ni para mantener la conflictividad social que esta cada vez más extendida,... la revolución de los claveles supuso un precedente en Portugal, el país vecino, tras el fín de la dictadura más antigua de Europa,...
Había que limpiar la imagen del país, y ese fue el gran éxito de la transición, donde todos tuvieron sus minutos de gloria. Su punto y final fue curiosamente un golpe de estado (de los que precisamente Franco no sufrió ninguno en todos sus años de tiranía), pero que sí siognificó un "harakiri" de la propia Corona y el Ejército para lavar su imagen y ganar en popularidad. Quizás demasiado bonito para ser verdad.
Mira si eran modernos los republicanos
Que en su Constitución del 31 ya tenían página en Berkeley
http://www.icsi.berkeley.edu/~chema/republica/constitucion.html
La constitución del 78 no tiene NADA que ver con la del 31 desde el primer párrafo, que dice que ESPAÑA ES UNA MONARQUÍA PARLAMENTARIA. Desde este punto, se jodió cualquier similitud entre ambas.
Es que parece que ahora estamos intentando ganar la guerra en los despachos y los ministerios. La Guerra ya pasó hombre, dejad de mirar para atrás que os van a llamar nostálgicos (y os va a entrar tortícolis o síndrome del retrovisor)
Primera gran falacia: Franco vivió de las rentas del nazismo... pero... si en el 45 ya no había nazismo. Franco pactó con Hitler la NO invasión de España que estaba machacada tras la Guerra Civil. Si en Francia entró como Pedro por su casa ¿cuánto tiempo hubiera tardado Hitler en invadir España si hubiera sido una república de izquierdas y siendo la llave del Mediterráneo y Norte de África? ¿Qué resistencia podría oponer el hipotético gobierno de izquierdas ante la máquina alemana?
2ª Falacia: Franco exportó su anticomunismo a los americanos. Pero... Europa era anticomunista mucho antes de que Franco ganase la guerra. Y fueron los americanos los que nos tuvieron que salvar de los nazis y parar el carro a los rusos, que luego tuvieron a media Europa bajo regímenes dictatoriales comunistas otros cincuenta años más.
Gracias a Allah, los países ex-comunistas ya no quieren volver a serlo. A ver cómo os entra en la cabeza que el comunismo, como el nazismo, son modelos políticos fracasados.
seudocientíficos
O sea que la democracia actual de España, es una idea brillante que se le ocurrió al rey cuando estaba desayunando. Las demás fuerzas políticas fueron invitados de piedra, que gran sabio.
Los que llamas seudocientíficos, pues hombre muy a la ligera llamarles así a un montón de historiadores que el único vicio que tienen es acudir a las fuentas, alias archivos, para ver e intentar comprender esa época. Mejor seran lo revisionistas que en cuanto oyen la palabra archivo, salen coriendo como alma que lleva el diablo. Estos sí que son historiadores de plena solvencia. En cuanto a Baroja y Fernández Álvarez, pues muy buenos y excelentes son los dos puntos de vista que aportan de esta época tan tumultuosa.
Pío Baroja
A ver si va a resultar que Pío Baroja era falangista...
¿no será que la Guerra Civil en realidad lo que evitó fue un baño de sangre entre republicanos? si ya se estaban matando desde antes del 36...
baroja
´Muy bueno el comentario, ja y ja, ya hemos leído la corrada de la semana.









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