ALGUIEN CON SENTIDO COMÚN

Carmen Iglesias: "Se ataca a la Iglesia de una forma gratuita y trasnochada" 30.05.06 @ 12:22:23. Archivado en 21RS-LA REVISTA, Entrevistas Publicada en el número de junio de 21rs Es catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas y una de las pocas mujeres que se sienta en las reales Academias de la Historia y la Lengua. Preceptora del Príncipe Felipe y directora durante unos años del Centro de Estudios Constitucionales, tiene mucho que decir sobre el momento histórico que vive España, el techo de cristal que aparta a las mujeres del poder y la memoria histórica, que vuelve a dividir a la opinión pública por enésima vez, convencida como está de que no existe historia de derechas ni de izquierdas. -El momento que estamos viviendo en España, ¿se fijará en la Historia con letras mayúsculas o este permanente conflicto político, pasado el tiempo, quedará en humo? -

Pues ojalá sea así, porque es verdad que, cuando se revisan las crónicas de todas las épocas, los contemporáneos siempre tendemos a pensar que el momento que estás viviendo es crítico y casi catastrófico. Ahora, también ocurre que en la historia, ante problemas artificiales como los que están creando ciertos círculos políticos e intelectuales de la periferia en España, siempre se piensa que no va a pasar nada y ocurre que va y pasa. Llevo años insistiendo en el error que es ignorar la historia, querer sólo rememorar las catástrofes y no lo que une, lo que potencia la democracia. -Entonces ¿no le parece oportuno todo esto de la recuperación de la memoria histórica? -Tal como se está haciendo, de ninguna manera. Manipulada por los políticos de una forma ideológica. Primero, memoria histórica respecto a la guerra civil, no hay más que ir a cualquier biblioteca o abrir internet. En ningún momento ha estado olvidada ni mucho menos. Y lo que sí es absolutamente respetable son las familias que quieran recuperar a sus antepasados. Ellas tienen la primera y última palabra. -¿Y respecto a la Transición? -Se intenta poner en cuestión la legitimidad de origen de la Constitución de 1978 y recuperar unas víctimas lejanas para, yo creo que en el fondo, tapar las víctimas cercanas en alguna medida. Con independencia de que después de 30 años en que se acumulan los errores, como en toda obra humana, y que el gran crecimiento del país, que es espectacular, y los cambios de mentalidad pueden hacer necesarios algunos ajustes (eso no es discutible), lo que es absolutamente discutible es poner en cuestión aquel momento donde no fue el olvido lo que motivó la Constitución del 78. Fue, y estoy harta de decirlo desde hace años, la memoria histórica. Se tenía muy presente lo que había pasado en 1931 y en 1936 y no se quería volver a repetir lo mismo. Los constituyentes lo tuvieron muy en cuenta. Y se fue muy generoso y todos cedieron algo menos los nacionalistas vascos. El dictador había muerto en la cama y había que crear una convivencia para el futuro. Como ha sido. Porque en estos 30 años la verdad es que ninguna comunidad ha quedado fuera del bienestar general que ha experimentado el país. -¿Ve usted similitudes entre el momento actual y el que precedió a la Guerra Civil, como algunos catastrofistas vaticinan? -¡Es tan diferente! En el plano material, de ninguna manera, porque, claro, en los años 30 había unos desequilibrios sociales... Estaba creciendo el país mucho más de lo que se cree. Se torció por distintas causas pero, en fin, en toda Europa en los años 30 la generalidad de los intelectuales creía en el hombre salvador, en el caudillo. Era una época nitzscheana en ese sentido. Y además con grandes desequilibrios sociales. Eso ahora no tiene nada que ver. Sin embargo, los seres humanos no tenemos tanta capacidad de innovación como pueda parecer y tendemos, tanto en nuestra conducta privada como pública, a repetir comportamientos que nos son fáciles porque ya los conocemos. Aunque sean destructivos. Parece más cómodo repetir estereotipos que poner la cabeza en el cambio profundo que ha habido y pensarlo para el futuro. -¿Y qué lección de la historia nos convendría recordar precisamente ahora? -A los hispanistas siempre les llama la atención lo que llaman la fracasomanía que tenemos en España. Que en cuanto hay un obstáculo se dice “ah, esto es el carácter de los españoles”. Yo estoy en contra de todo esencialismo sobre el ser de España. Tengo verdadera envidia de Francia, Inglaterra, de la propia Italia, que conmemoran tanto lo bueno como lo malo. Y aquí parece que sólo se celebra lo malo. Hay un complejo de inferioridad que parecía superado en estos 30 años y que otra vez vuelve a aflorar. La historia es absolutamente necesaria aunque sólo sea para saber que lo que tenemos actualmente ha surgido anteayer como quien dice. Y que si el tejido social, económico de nuestro momento histórico en Europa y en España tiene puntos muy sólidos, por otro lado en la vida humana todo es muy vulnerable. Y cosas que parece que ya son para siempre, no lo son. Las grandes conquistas, vistas en perspectiva, no son perennes. -O sea, que puede que tampoco sea perenne España tal y como la conocemos. ¿Ve cierto ese riesgo de desmembramiento de España que tanto se anuncia? -Hombre, es difícil porque las inercias históricas en el buen sentido, las permanencias, son muy fuertes. Más que el temor a desmembrarse es el temor a que en el momento en que haya recesión económica, porque las cosas no se mantienen siempre en el punto más alto, nos encontremos con desequilibrios económicos y sociales mucho más fuertes de lo que los planificadores creen. Que de la igualdad lesgislativa que nos ha costado tanto alcanzar se vuelva a un solapamiento de justicias como en el antiguo régimen. -¿Los nacionalismos tienen la culpa? -Los nacionalismos prentenden poner al grupo por encima del individuo. Eso siempre tiende al totalitarismo. Tiende, como se está viendo en los estatutos, a un intervencionismo y a un reglamentismo absolutamente sospechoso. Y a que los que están a este lado son los buenos y los que están al otro son los malos. Un maniqueismo que parecía perdido ya. ¿Cuál es su opinión sobre el alto el fuego permanente de ETA? Yo he intervenido en un acto que promovió Basta Ya en San Sebastián, donde creo que queda clara la postura: todo lo que sea el fin de ETA, estupendo, siempre que se cumplan las reglas fundamentales. Básicamente: que se reúna el Pacto antiterrorista, que todo final de ETA sea conocido y pactado por todos los sectores afectados y por los grupos políticos que han hecho el pacto antiterrorista. Y, por otro, como escribió muy inteligentemente y lúcido como siempre Fernando Sabater, que no haya una segunda mesa de partidos. Lo que se negocie tiene que ser negociado en el Parlamento y con transparencia. Porque sólo falta que ahora se regale a ETA lo que las casi 1.000 víctimas han defendido con su propia vida. Usted es una amante de la libertad, como buena fan de Montesquieu. -¿Pierde terreno la libertad frente a un excesivo afán de legislarlo todo? -La política, ya lo decía Max Weber, es siempre un pacto con el diablo. Hay una parte racional, que se plasma en las normas, y otra parte oscura, que es el monopolio de la violencia y de la fuerza. Por eso se han inventado mecanismos para que el poder pare al poder, que siempre tiende a meterse más en la vida de los ciudadanos. Depende también de los ciudadanos, de la sociedad civil, el que eso no vaya a más. Pero ya decía Rousseau que se necesitaba un estómago fuerte para digerir la libertad. Muchas veces la gente prefiere la tranquilidad de la dictadura, o la paz de los cementerios, que decía Montesquieu, a la libertad. -No sé si, parafraseando a Rousseau, la sociedad está teniendo suficiente estómago para digerir el papel que la mujer está adquiriendo. Usted ha sido pionera en acceder a espacios hasta ahora vedados al género femenino. ¿Cómo lo ha vivido? -Me llamó mucho la atención cuando un profesor del instituto dijo que qué lástima que yo fuera mujer con la cabeza que tenía. Yo no concibo mi vida sin el conocimiento y me fui encontrando en un medio en el que mi propia supervivencia emocional estaba unida a este tipo de vida y de trabajo. Nunca me perdonaron que, frente a los varones, sacara yo la cátedra por unanimidad, en aquella época, a la primera. Te encuentras, sí, mucha misoginia, pero también mucha gente que te ayuda y valora. Creo que, si esto no se tuerce, si no hay retrocesos históricos, porque no hay que olvidar que en cuanto hay una vuelta de tuerca autoritaria lo pagamos todos pero las mujeres las primeras, si esto no se tuerce digo, el techo de cristal se rompe en 20 años. A la fuerza. -¿Y qué opinión le merecen las famosas cuotas? -No estoy a favor. Que haya plataformas, grupos de presión. Pero las cuotas me parece que priman el principio del grupo sobre el individuo. Y eso siempre es peligroso. -¿Pero no piensa que hasta ahora hemos vivido bajo la cuota del 100% masculino? -Una cosa es que efectivamente haya ese peso de lo masculino y otra cosa es que por ley se establezca. A mí lo que siempre me preocupa es ese intervencionismo del poder. -Una institución que mantiene la cuota masculina del 100% es la Iglesia. -Sí, sí... -¿No tendría que dar un salto para adaptarse a los tiempos que corren? -Yo creo que sí. Lo que pasa es que, al mismo tiempo, son 20 siglos de experiencia... Es una historia en la que no me atrevería a entrar a saco alegremente (risas). Pero indudablemente, creo que un agiornamento con las mujeres le vendría muy bien. -¿Piensa que hay que profundizar aún en el Estado laico o que esa acusación que se hace al gobierno de laicismo militante tiene trazos de verdad? -Todo lo que sea forzar lo que se aprobó en la Constitución del 78 por vías indirectas es malo. Desde luego, lo que me parece absurdo es el ataque gratuito y anticlerical, trasnochado. Ahora, lo que sí es verdad es que vamos hacia sociedades multireligiosas y tendríamos que pensar cómo organizar sobre todo el tema de la enseñanza de religión. Un ciudadano español tiene que conocer la historia del cristianismo en general, igual que la mitología griega: si no, no puede entender nada de nuestra cultura ni de la historia del arte. Pero al mismo tiempo tiene que conocer una historia comparada de las religiones. Que tiene que hacerse por gente preparada para ello. Y luego ya el aspecto estrictamente de fe, tiene que ser voluntario en las familias. Pero tendrían que diferenciarse esos campos. -¿Existe una historia de izquierdas y de derechas? -¡No, por Dios! -Sobre la Guerra Civil y la Dictadura surgen ahora revisionistas... -Pero la mayoría son movimientos muy ideologizados y muy políticos. La historia no es de derechas ni de izquierdas. Puede haber incluso respecto a un acontecimiento, memoria dividida. Eso no quiere decir que no sea posible un acuerdo, siempre que admitas que en el otro hay una parte de verdad. Lo que no es de recibo es pensar que la historia es de buenos y malos. Lo diga quien lo diga. -¿Alcanzaremos entonces una única historia sobre el 11M? ¿Cuánto tiempo hay que dejar pasar para que un acontecimiento que convulsiona a toda una sociedad se asiente lo suficiente como para permitir a los historiadores acercarse a él con cierta objetividad? -Pues no sé si nosotros lo llegaremos a ver... -¡Largo me lo fía...! -Fíjate en el asesinato de Kennedy o el de Prim, por ejemplo. Hay cosas en la historia que nunca se saben. En la medida de lo posible tenemos que emplear siempre la navaja de Ockam, metodológicamente hablando: fiarnos de lo que podemos comprobar y podemos demostrar. -De la República sí que ha pasado tiempo suficiente, 75 años. ¿Le parecen bien las conmemoraciones, los homenajes? -Pues tal y como se está haciendo, tampoco. Porque me parece que se está intentando unir la República al 78. Mitificar una época que empezó con todo entusiasmo en el 31 y, dicho por todos los grandes republicanos (hay que leer sus memorias) tuvo divisiones internas; y la Constitución del 31, que tiene cosas que luego cogerá la del 78, se hizo en contra de media España y, claro, eso no podía funcionar. Actualmente se está utilizando todo de una manera muy ideológica. Y se está planteando una cosa que la sociedad española, el ciudadano común, no se ha planteado. Es como lo de monarquía-república. ¡Si el problema está entre dictadura-democracia! El problema es de libertad. Y la libertad nos ha venido en el tiempo de una monarquía parlamentaria. Me parece muy mal y falso ese acuerdo del Congreso sobre la transición, negando al rey el protagonismo que tuvo, naturalmente con los constituyentes, con el pueblo español. Que supieron interpretar muy bien lo que la gente quería, que era pasar página. Insisto, no porque se fuera a olvidar (caer en el olvido es una cosa y echar al olvido es otra). No olvidamos el hecho pero sí olvidamos la pena. Rompemos la espiral de toma y daca y de estar siempre con resentimiento. Toda rememoración que está utilizándose políticamente en el sentido de meter el dedo en el ojo a los demás, no me parece oportuna. -¿Y qué nos aconseja para que vivamos el presente pensando en el futuro y no pendientes del pasado? -Consejos... es mucho decir. Conocer la historia lo más objetivamente posible dentro de lo que es humanamente plausible nos ayuda a entender el presente y a no repetir en el futuro los errores que hayamos podido cometer. Entrevista: Mª Angeles López

Otro comentario de la autora, a tener en cuenta.

Se lee después del que está debajo.

La fuente es la misma.

Carmen Iglesias para quien esta boda supondrá “una prolongación de la Monarquía Parlamentarioa. Un régimen que se ha asentado en muchos países de Europa y, especialmente, en los más avanzados. Y es que ya no existe la dicotomía Monarquía-República, políticamente no tiene consistencia de fondo. La dicotomía está entre democracia y régimen autoritario. Y ¿Por qué es importante que nuestra monarquía tenga continuidad? Sencillametne porque nos asegura una estabilidad, la estabilidad de un sistema que nos marcha muy bien. No hay nada más que comparar cómo ha cambiado España en estos últimos 25 años y cómo era en 1930, con la anterior Monarquía, o en 1975”.

Citemos las fuentes, correctamente, Velay.

http://blogs.periodistadigital.com

El Blog de 21 la Revista Cristiana de hoy. Velay. Que hay que completar bien, lo de las fuentes.

¿Quién ha estado contando la historia durante más de cuarenta años?. Los imparciales ¡por supuesto!. ¿Cómo vamos a discutir lo que dicen las eminencias de antaño?.

¿La transición?. Unos tuvieron que ceder más que otros. Y ¿no es revisable la Constitución? ¡No! dicen algunos, ¡Vade retro, Satanás! ¡Que vienen los rojos y quieren opinar!. Cuestionan todo, piden República, quiere que se hable de los asesinados también después de la guerra, ¡quieren que saquemos a sus muertos y que se vea lo que se consintió en esa época!.¿No les hicimos callar ya?. Pues no.

 La Constitución del 78, permite su modificación, se adoptó por consenso en un momento donde no se podía consensuar, ¡eran lentejas!.

Otras opiniones de quien arriba opina:

 http://www.telemadrid.es/contenidos/html/elcirculo/pagina_carmeniglesias.htm

Por otro lado, Carmen Iglesias no considera que este sea el momento para cambiar la tradición que establece que sea el hombre el Heredero de la Corona. Y explicó que “la Ley Sálica como tal está abolida en España. Lo que existe, por tradición, también en el resto de países occidentales, es la transmisión hereditaria, que prima al varón sobre la mujer. Pero aquí ha habido reinas, y muy importantes, cuando no ha habido varones. La Ley Sálica lo que introduce es que, aún siendo única la mujer, no recaería sobre ella la herencia, sino que estaría antes el hermano del Rey. Luego esto fue abolido en las Cortes Españolas de 1789. No obstante, el equiparar cuestiones hereditarias tienen que pasar, pero se hará en su momento. No corre tanta urgencia. Hay cosas mucho más importantes y problemas de más envergadura. No es motivo de tanta polémica”.

....Ley de Igualdad de Oportunidades entre hombres y mujeres, jejejeje.

Claro que, como le dio clase al Principito, pues tiene su mérito.

Un saludo, siempre solidario.

 

 

 

 

Siguiendo con el sentido

Siguiendo con el sentido común..J

Julio Lois, presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII:«El Vaticano debería desaparecer»

José Manuel Vidal

Religión Digital

 

“En estos momentos, la línea involutiva –sin el menor deseo de juzgar intenciones ni creerme mejor que los demás- está siendo mantenida desde las instancias más altas. Eso sí, sin absoluta unanimidad, aunque a los obispos les resulte difícil manifestar disentimiento, especialmente a nivel público, pero algunos en privado no están de acuerdo con la línea más conservadora”.

Eso sí, Lois reconoce que “los partidarios de la involución son honrados y están absolutamente convencidos de que, para conservar la fe, es necesaria la restauración”. En cualquier caso, asegura que, como decía Karl Rahner, “seguimos viviendo tiempos de invierno eclesial. Domina el miedo al cambio en la Iglesia”.

Pero también augura que la “postura involutiva va a tener que ponerse a dialogar, porque no le va a quedar más remedio, para no convertirse en irrelevante o insignificante socialmente”.

Según Lois, “la Iglesia no está respondiendo a esa exigencia de significación social y es una exigencia de conciencia luchar contra esa dinámica”. ¿Desde dónde? ¿Desde arriba o desde abajo? “Congar siempre decía que la Iglesia avanza desde los márgenes. Hay que conseguir un auténtico clamor eclesial, que deba ser escuchado desde las instancias más altas, que tienen una influencia decisiva en la orientación de la Iglesia. Pero teniendo siempre en cuenta que los cambios en la Iglesia casi siempre brotan de las bases”.

También mantiene el presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII que “la iglesia no tiene que estar obsesionada por lo cuantitativo, sino por confirmar que la oferta de Jesús es razonable, bonita y bella. Es buena racionalmente y fecunda”.

Algo que, a su juicio, no se consigue con las proclamas que, a diario, se lanzan por la COPE. Lois dice sentirse “preocupado y asustado y, como a mucha gente, me resulta incomprensible que se sigan diciendo esas cosas por la cadena de la Iglesia”.