Alianza frente a conflicto de civilizaciones
FELIPE GONZÁLEZ (El Païs) 19-01-2008
La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones.
Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar, por eso tiende a autocumplirse.
Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás -el desarrollo o la cooperación-, es más difícil que declarar la guerra al otro, al que se supone que encarna el mal. Como siempre, el diálogo que busca el conocimiento -el logos- del que es diferente y tiene una percepción distinta de la realidad, es un ejercicio más costoso, que parte de la renuncia a la imposición de nuestras verdades, aun sin aceptar la imposición de las verdades del otro. Es una búsqueda de los valores y de los intereses que se puedan compartir para dar fundamentos al entendimiento mutuo y avanzar en un nuevo orden internacional.
Venimos de un proceso histórico peculiar, por la profundidad y por la velocidad de los cambios. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética llevaron a la desaparición de la vieja división del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos y mutuamente excluyentes.
Inmediatamente afloraron realidades ocultas o aplastadas por esa división. Pulsiones identitarias que afirmaban la pertenencia a realidades culturales muy diversas, étnico-religiosas, étnico-culturales o de nacionalismos irredentos que iban surgiendo por todas partes.
Pero este mundo se parecía más a sí mismo, aunque se hiciera más incierto y se nos mostrara más complejo, que el de la división en bloques ideológicos, con sus alineamientos simplificadores y su reparto de influencias. Los viejos conceptos de equilibrio del terror o destrucción mutua asegurada, y su correlato menos negativo que fue la coexistencia pacífica, perdieron vigencia sin encontrar un sustituto.
En los años 90 parecía que vivíamos en una cierta anomia, una pérdida de reglas de juego, del valor de la política, de soluciones supuestamente espontáneas que vendrían del mercado libre. Se hablaba de los dividendos de la paz, aunque al mismo tiempo se elaboraba la teoría del choque de civilizaciones.
Pero al tiempo que ocurrían estos acontecimientos, se aceleraba el curso de la revolución tecnológica, especialmente la informacional, como ruptura de las barreras del tiempo y del espacio en la comunicación entre los seres humanos. La globalización hizo próximo e inmediato el planeta Tierra, en todos sus rincones, en todo lo que acontecía, y empezó a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.
En realidad, había quedado uno de los dos bloques antagónicos, el liderado por Estados Unidos como única superpotencia, pero su justificación por contraposición a la amenaza soviética había desaparecido con la URSS. La teoría del choque de civilizaciones, casi como una profecía, se basaba en la necesidad de llenar el vacío de enemigo, anunciando la aparición de nuevos demonios civilizatorios, en sustitución de los ideológicos, que había que prepararse para combatir y dominar.
Ya en los meses siguientes a la Guerra del Golfo de 1991, los profetas de la confrontación trataron de colocar sus teorías en la Casa Blanca, reclamando para Estados Unidos el papel de gendarme del nuevo orden internacional. Pero hasta los atentados de las Torres Gemelas, con su dramatismo y brutalidad, no tuvieron la oportunidad de colocar su producto, envolviéndolo en la amenaza real del terrorismo internacional para dar consistencia al choque de civilizaciones. La dimensión de esta forma de criminalidad internacional sería muy distinta si el enfoque no hubiera sido el de la confrontación civilizatoria, con todas las implicaciones de criminalización de una de las religiones del Libro. El error más grave ha sido y es la falta de comprensión de que esta amenaza real no está destinada en mayor medida a desplazar el poder en el mundo occidental que en el islámico.
Desde esta base errónea, se puede comprender el método de confrontación bélica y voluntad de dominio que se ha venido utilizando. La amenaza real, a partir de esta estrategia, no sólo no ha disminuido, sino que la percibimos como más grave y virulenta.
Las críticas ante la estrategia de la pura confrontación, de la hegemonía y de la imposición, con guerras preventivas y sin base en la legalidad internacional, han ido creciendo. Los que fueron en su día partidarios de este planteamiento se han ido replegando o reduciendo, aunque persistan los más impenitentes. Es evidente que en la visita del Presidente Bush a Medio Oriente, se insiste en alimentar la confrontación histórica entre sunitas y chiitas, entre árabes e iraníes, pasando a segundo plano el propósito de avanzar en el problema israelo-palestino.
Sin embargo, incluso para los más opuestos a esta deriva, se ve con una cierta frialdad y escepticismo la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, con sus mecanismos de diálogo entre diferentes culturas y religiones para avanzar, primero, hacia una mayor comprensión mutua, y después hacia acuerdos que fortalezcan el objetivo de un nuevo orden internacional basado en los valores de las propias Naciones Unidas.
En nuestro país han sido y son especialmente críticos los que aplaudían a rabiar la declaración de guerra a Irak, los que la justificaban con mentiras y endosaban el conflicto pese a su ilegalidad manifiesta. Aún hoy argumentan que perdemos peso internacional si las propuestas que hacemos como país se encaminan hacia el diálogo y el respeto a la legalidad internacional.
Pero, asumida por Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones ha encontrado el apoyo de 80 países, muchos más que los que apoyaron la teoría y la práctica de las guerras preventivas y el unilateralismo. Y se van a seguir sumando otros. Pero lo más significativo es la gran corriente de simpatía que se va creando en numerosos actores de la sociedad civil, en las distintas confesiones religiosas, en las ONGs, todos dispuestos a hacer impulsar con acciones la estrategia del entendimiento frente a la de la pura confrontación.
Asumir la diversidad, cultural o religiosa, como una riqueza compartida, en la que podemos encontrar valores comunes y objetivos que también lo sean, frente a la violencia destructiva, es un objetivo alcanzable que irá restando capacidad al terrorismo, a pesar de las muchas dificultades para encontrar rutas adecuadas.
Por el contrario, insistir en la propuesta de agresión, en el unilateralismo al margen de las reglas, va a seguir alimentando la caldera del terror, incluso dándole excusas ante los ciudadanos de mundo que se sienten víctimas de esta estrategia.
Felipe González es ex presidente del Gobierno español.
La cruda realidad de la Alianza de civilizaciones:
Por lo que se ve la democracia no es un proyecto, ya está se le da por sentada, ésas son manías de yankis y proyankis. Esto en el mejor de los casos, cuando no sale un iluminado a decir que la democracia formal no es diferente del fascismo, al margen de lo que entienda el susodicho por cada uno de estos términos. Habría que plantearse varias preguntas. La primera es ¿integración de quién? La segunda es : ¿integración cómo? Y por último ¿integración por qué? Cabe recordar que la ley coránica no reconoce los derechos del hombre (de la persona) como derechos universales e inviolables, fundamento de la civilización occidental. Aquí radica la verdadera dificultad del problema; el occidental no ve al islámico como un “infiel”. Pero para el islámico el occidental sí lo es. Hay culturas como la asiática, también muy lejana a la occidental pero que sigue siendo “laica” en el sentido de no caracterizarse por ningún fanatismo o militancia religiosa. E incluso cuando no hay fanatismo sigue siendo verdad que la misión del mundo islámica es teocrática y que no acepta la separación entre Iglesia y Estado, entre política y religión. Sobre la pregunta de la integración de quién, si el multiculturalismo la combaten y los “integrados” la rechazan, ¿qué sentido tiene apuntar en esa dirección? …¿integración cómo?. A las bobas y los bobos les parece obvio, transformar al inmigrado en ciudadano, la ciudadanía para todos- sin mirar a quién- sin pensar que esta política esté destinada al fracaso al agravar los problemas que pretende resolver. El cómo depende del quién, del integrado, la imposibilidad aumenta cuando el inmigrado pertenece a una cultura fideísta o teocrática que no sepera el estado civil del estado religioso y que identifica ciudadano como creyente.En los ordenamientos occidentales se es ciudadano por descendencia , por ius sanguinis ( en general en los viejos países), o por iius sol, por donde se nace, suele ser en los países nuevos, de inmigrados). En cambio el musulmán ,reconoce la ciudadanía optimo iure, a pleno título, solo a los fieles; y esta ciudadanía está contextualmente conectada la sujeción a la ley coránica.. Podía seguir, pero las utopías, utopías son, en el mundo real hay que dar soluciones, no valer soñar.Saludos Velay
Que yo sepa y entienda se
Que yo sepa y entienda se está hablando, al menos de momento, de alianza de civilizaciones no de integración....Por lo tanto parte en su razonamiento, de una premisa al menos falseada. Voy a conceder el beneficio del error y no de un posicionamiento "integrista" Si fuese así, es algo archisabido que la alianza no cuenta dentro de sus simpatías ni la de muchos que prefieren la lucha de civilizaciones.(la tolerancia es un vicio etc...).
Bueno el camino a seguir "por los iluminados de la alianza de civilizaciones", como usted despectivamnte suele apodar a los que no están de acuerdo con planteamienots "fundamentalistas", es largo.
Objetivos: conocerse, tolerarse, encontrar una convivencia pacífica y si es preciso buscar, en un futuro, posibles integraciones en una ética universal..Eso que llaman ciertos treologos futuristas "una religion en la que se encuentren a gusto agnósticos, y creyentes; una religion ecunémica liberada, ética uiversal, política solidaria, sensibilidad ecológica y espiritualidad contemplativa y mística incluso con parámetros de teorías agnósticas".(j.L. Herrero del Pozo).
Utopía , iluminación,... puede dedicarse a satisafacer su capacidad de gratutitos epitetos descalificadores.
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EL SINSENTIDO del PENSAMIENTO ALICIA
Gustavo Bueno, en su casa de Niembro / J. Pandal Oviedo, Javier Neira. Recogido en La Nueva España . El filósofo asturiano Gustavo Bueno acaba de publicar un nuevo libro –sale a dos por año– titulado Zapatero y el pensamiento Alicia, en el que tras analizar la forma de argumentar del presidente del Gobierno concluye que es muy similar a los razonamientos de la heroína del inmortal libro de Lewis Carroll que siempre elude la realidad y vive en una nube de fantasías. En el caso de Zapatero, Bueno considera que, además, hay dolo, ya que trata de engañar a los ciudadanos. —¿Qué es el pensamiento Alicia? —Está encarnado sobre todo en el presidente del Consejo de Ministros de España y en su grupo de colaboradores y grandes pensadores como Moratinos, Kofi Annan, un gran cerebro, Mayor Zaragoza o el ministro Aguilar. Estos pensadores tienen una filosofía. Así la llaman. La filosofía del Gobierno. Así, filosofía en el sentido mundano. Pero sobre todo prefieren hablar de pensamiento que les suena más profundo. En el libro trato del pensamiento Zapatero. Lo llamo así por analogía con el pensamiento Mao o con el pensamiento Gonzalo, el líder de Sendero Luminoso. Lo sistematizo tomando como referencia a «Alicia en el país de las maravillas» de Lewis Carroll. —¿Por qué? —El personaje de Lewis Carroll es para el autor el prototipo de la chica bobalicona, ingenua y bien intencionada que dice las cosas sin reflexionar. No se da cuenta de las dificultades de la vida. Ve el espejo y quiere pasar al otro lado. Y pasa porque el espejo es blando, no requiere esfuerzo. Y al otro lado el fuego arde pero no quema y así mil cosas más. —¿Una utopía? —No es un pensamiento utópico. El pensamiento utópico expone una sociedad y tiene conciencia de las dificultades de llegar a ella. Por eso las utopías están en islas o tras los montes. Al presentar las dificultades insuperables las utopías son profundas. Se ven las diferencias con nuestro mundo. Hay dificultades, no es un mundo ideal. Son una crítica del mundo real y con las dificultades de salir de ese mundo. Son realistas. Pero al contrario Alicia no ve dificultades. Es simplista. Es armonista. Si todos somos humanos ¿por qué vamos a reñir? No, millones de personas abrazadas. Si hombres y mujeres son iguales no debe haber diferencias respecto al matrimonio, así que valen los matrimonios homosexuales. Y de ahí que haya progenitor A y B. Y encima progenitores de adoptados. Es un discurso coherente formalmente. Pero en política a veces lo mejor es no ser coherente. Es un discurso especulativo. Logran así salir del paso. Proclaman el pacifismo aunque ahora hay más tropas actuando fuera de España que nunca. No, dicen, es en misiones de paz. ¿Y las ametralladoras y los tanques? Vamos hombre, no fastidien. —En esta clave usted analiza en su nuevo libro diversos aspectos de la actualidad como la polémica sobre los simios. —Los simios, dicen, como tienen semejanzas de cromosomas con los hombres son personas. No ven las dificultades de esa afirmación. Lo ven todo muy claro. El pensamiento Zapatero está ligado al pensamiento de Sanz del Río. Al krausismo. A la Institución Libre de Enseñanza. Al ideal de la humanidad de Sanz del Río. Es puro pensamiento Alicia. No ven las dificultades. Así todo da gusto. Se puede hacer una historia del pensamiento Alicia. Como hay historias del pensamiento. Hay catedráticos de Historia de la Filosofía y catedráticos de Historia del Pensamiento. Por cierto, la mayor parte de Historia del Pensamiento es Historia del Pensamiento Alicia. —¿Y el feminismo? —«Como mujer no tengo patria, mi patria es la humanidad», dijo ZP en un congreso de mujeres citando a Virginia Woolf. O «la Alianza de Civilizaciones es un paso obligado para alcanzar la paz universal». Y la gente lo traga. Qué bien. Todos los hombres nos abrazamos. Pero si no se da cuenta de las dificultades se trata de frases y gestos de mala fe. Es un discurso encubridor y cómplice. Y desprecia al otro. Se ve en los debates en las Cortes. El PSOE e IU encapsulan las tesis de Rajoy y las descalifican. En vez de atacarlas directamente las consideran absurdas. Y se comportan como cuando se habla con un loco. Lo encapsulamos, no entramos en lo que dice y como está loco pues eso, que se desahogue. Lo decía Pepiño de Rajoy no hace mucho, «que se desahogue un poco». —¿La Alianza de las Civilizaciones es pensamiento Alicia? —El propio Zapatero dice que recibió una especie de revelación en la ONU, en Nueva York. Aristóteles afirma de Jenófanes que «levantando los ojos al cielo dice: el ser es uno». Aristóteles tiene mucha carga irónica. Pues ZP, lo mismo: levantando los ojos al cielo ve que los hombres y las civilizaciones deben aliarse. Arrastró a esa alianza a Kofi, al Grupo de Alto Nivel y a muchos más. Es típico pensamiento Alicia por el simplismo, porque da muchas cosas por supuestas. La idea de la Alianza de Civilizaciones parece una ecolalia en espejo del Choque de Civilizaciones, de Huntington. Ecolalia en espejo como cuando le dicen a un niño que guapo eres y responde, que feo eres. No considera qué son las civilizaciones. Unas entidades tan abstractas ¿cómo se alían? A la civilización occidental, por ejemplo, ¿quién la puede representar?, ¿el Papa, el presidente de Alemania, el presidente de Francia, Bush? Y ¿quién representa a la civilización musulmana?, ¿el imán de Bagdad? Esas preguntas no se responden. Todo se fija en aliarse. Es la idea de Krause y la masonería, la alianza de la humanidad. Lo echaron de la masonería y después lo reivindicaron los masones. Y esa idea de Krause llega a través de la Institución Libre de Enseñanza. La Alianza de Civilizaciones es puro humo. El humo, claro, es muy expansivo. Y por eso mucha gente piensa, qué bien, en vez de guerras, alianzas. Y todo queda en visitas de diplomáticos y políticos para tratar problemas de fronteras o comerciales. Lo que se hace siempre. Es redundante. Pero se cubren las espaldas «ya lo dije yo». Y si algo sale mal «es que no os habéis aliado». Un sinsentido. Es un pensamiento fundamentalmente adolescente. —En cualquier caso Zapatero se gana a mucha gente. —El pensamiento Alicia va acompañado de la sonrisa permanente del autor. Tranquiliza así a la gente. Nunca pasa nada. Nada de catastrofismos. Todo va bien. —El humanismo está en alza desde los presupuestos políticamente correctos. —El humanismo es la única ideología decente, dicen. El género humano es la Internacional que cantan IU y la UGT. Tengo discos de la UGT cantando lo del género humano. Siempre me hizo mucha gracia. Es una idea teológica. Todos somos hombres luego lo que cuenta es el humanismo. Ni la naturaleza ni Dios. Ya es hora de dejar de ver al hombre desde Dios o desde la naturaleza. Sólo desde el hombre. Es la medida de todas las cosas. De ahí las polémicas sobre las humanidades. El caso es cultivar la humanidad. Es puro pensamiento Alicia porque se da por supuesto lo que se quiere demostrar. Se cree que el hombre tiene una serie de características, desviadas por la mala fe o la estupidez y que basta con regresar a las fuentes, al humanismo, para que todo vaya bien. Pero ese hombre originario nunca existió. El concepto de humanismo es de Cicerón fundamentalmente. Los ideales del humanismo están en relación a lo que pertenece a la humanidad. ¿Y qué pertenece a la humanidad según Cicerón? Lo que no pertenece ni a los esclavos ni a los animales, sino a los hombres: hablar latín bien, conocer la filosofía griega y hacer poesía. Me parece bien pero ése es realmente el ideal del patricio romano. Al regresar al fondo del hombre no se encuentra el humanismo porque no hay tal humanismo. —En su libro aborda el franquismo. —He procurado ofrecer una teoría del franquismo. No se trata de atacarlo o defenderlo, sino de verlo en el conjunto de la historia de España. ¿Por qué se produjo? No tiene sentido el maniqueísmo. Franco fue un asesino, un imbécil y viceversa. Trato de dar una teoría donde la idea principal es marxista. Desmonto la mitificación de la II República donde España llegó a la democracia pura que fue segada el 18 de julio. La verdad es que II República no fue nada, no duró nada, la contestaron inmediatamente los anarquistas del Alto Llobregat, después en Casas Viejas y en octubre del 34. No tuvo unidad. Es un fantasma. Y tenía planteada la lucha de clases. Había hambre y analfabetismo no como ahora. Ni fue legal al proclamarse. La II República es un episodio tras la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo aseguran que tras la guerra se regresa a la Edad Media. Pero no se produjo una acumulación capitalista, en los términos de Marx, que puso a España en el décimo lugar económico mundial. El franquismo permite la acumulación capitalista. Como ocurrió en esos años en la URSS y China. La transición fue la metamorfosis del franquismo, no hubo un corte abrupto. —¿En qué consiste el pensamiento Alicia respecto al franquismo? —El simplismo del dualismo maniqueo. Franco, el mal y lo otro, el bien. El bien no debía haber perdido. Fue una injusticia. Y se trata de recuperar 70 años después la victoria. ¡Pero si perdieron la guerra! Es que ayudó Alemania, alegan. Y a los otros, Rusia, añado. El simplismo está en ese maniqueísmo. —Alicia no se considera muy española... —Mezclan nación política con nación cultural y con nación étnica. En el fondo no hay fronteras porque se trata de la humanidad, dicen. El federalismo de Pi Margall. Y del krausismo. ZP dice que no hay fronteras, que todos somos hermanos. Ya nos unimos en Europa. El pensamiento Alicia ve las naciones como cantidades despreciables. Lo que cuenta son otras fuerzas. Anega la especie en el género. Sólo cuentan las unidades supranacionales como la UE o la Alianza de Civilizaciones. Pero en la historia política y real, la nación ha sido y es decisiva. El pensamiento Alicia, sin embargo, la ve como si ya no existiese. —¿Cuál es el antídoto frente a esas fantasías? —Ver que las cosas son complejas. Una gota de agua a simple vista es la cosa más sencilla, pero si la miras al microscopio es muy compleja. Hay que ver la estructura compleja de lo real. ZP necesita un microscopio para ver que la realidad es muy compleja. Es la única forma de no ser imbécil. Me indigna que maneje simplismos para gobernar y engañar. «El pensamiento Zapatero está ligado al pensamiento de Sanz del Río, al krausismo» «La II República no fue nada, no duró nada, la contestaron inmediatamente los anarquistas»
Campaña de cardos
habría que recordarle a Zapatero el slogan del Psoe en contra de los populares de politica europea, cuando resulta que nos han llamado la atención por la inmigración, y ahora estamos en contra de Francia y alemania con lo de Turquía y su integración, la misma Turquía que está bombardeando a los kurdos, pero clar , como no son americanos, y una vez que se mienta es como subir en bicicleta se miente mil veces, recordemos lo que se ha descubierto ahora no no no no estamos negociando, pero la verdad es que era sí.¿cuantas mentiras nos han contado y cuántas están dispuestos a seguir contandonos?Vivan las elecciones, las mentiras son como los cardos crecen y crecen









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