Secularización por J.A.R.


Enviado por J.A.R Dos noticias me sirven de pauta para animarme a intentar presentar lo que percibo en el hecho cristiano y religioso actual. Me refiero a la Encuesta de la Fundación Santa María sobre la Juventud, en la que se constata el enorme y creciente alejamiento de los jóvenes españoles respecto a la Iglesia y del Documento emanado de la Conferencia Episcopal Española sobre “TEOLOGÍA Y SECULARIZACIÓN EN ESPAÑA”. Comienzan los obispos manifestando, como vienen haciéndolo repetidas veces, “que la cuestión principal a la que debe hacer frente la Iglesia en España es su secularización interna. En el origen de la secularización está la pérdida de la fe y de su inteligencia ...” Y a ella, así como a los que la promueven –dentro y fuera de la Iglesia- culpabilizan del alejamiento, que se refleja tan ampliamente en esa encuesta sobre los jóvenes. Entienden por secularización a la pérdida de influencia de lo religioso en la sociedad y en su ordenamiento que, en su apreciación, llega hasta el hostigamiento.<!--break-->

Y, mira por cuanto, uno de los signos de los tiempos, junto con otros muchos que, a muchos creyentes y cristianos nos llenan de alegría y esperanza en los días que tenemos la suerte de vivir, es precisamente el de la secularidad, la laicidad. La laicidad, además de ser un fruto positivo del cristianismo europeo es, lo vemos sobre todo, como un don de Dios, fruto del trabajo de maduración del Espíritu en la Humanidad. Y viene a ser como un tirón de orejas, una llamada a vivir nuestra fe como vamos cayendo en la cuenta que Jesús nos invitaba a vivirla. La secularización es el nervio de la verdadera recuperación de la fe porque consiste en recuperar la autonomía de lo "secular" querida por el Creador (salva siempre su radicación en Él como en su fuente y sustento): leyes naturales, ámbito político, libertad de ciencia y de conciencia, legislación política, etc.etc. Ha venido a ser para muchos de nosotros, creemos que tras una larga trayectoria positiva de maduración en la fe, lo que nos permite vivir nuestra relación con el Padre de la única manera como podemos hacerlo hoy día, sin renunciar a la honradez intelectual. Y no la vemos como un ordenamiento maligno de la sociedad que nos va marginado a los que tenemos fe, sino el gran y único escenario, común a todos los hombres, donde tenemos la oportunidad de vivirla auténticamente. Una fe “laica”, por decirlo de alguna manera.

Pues hemos ido descubriendo cómo Jesús fue el iniciador de este largo caminar hacia la "desacralización" de las relaciones con Dios. Jesús se lleva mal con la religión establecida. El se enfrenta a sus instituciones, prohibiciones, ritos y demás mediaciones, y expresa claramente que quiere liberar al ser humano de ese tipo de relación con Dios. El quiere una en la que se adore «en espíritu y en verdad», sin atarse a tiempos, estamentos ni espacios sagrados, con una moral de libertad: «el sábado es para el ser humano, no el ser humano es para el sábado» (Mc. 2,27-28), ya que «para que sean libres nos liberó Cristo» (Gál 5,1). Para él lo principal es la vida misma: «Para esto he venido: para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10).

Y no estamos solos. Parece ser que, gracias a Dios, los deseos de autenticidad, de honradez en la búsqueda, van extendiéndose. Son muchos los “signos de los tiempos” que nos impelen, que están exigiendo imperiosamente, la búsqueda de lo que nos une a todos los hombres; a purificar tantas cosas, tantas creencias, que son adherencias, que presentan un Dios increíble y nos impiden el encuentro, la convivencia, que es lo que con más certeza sabemos que de nosotros desea el Padre. Algo que hace mucho debiéramos haber empezado a hacer y que ha traído como consecuencia - esa dejadez- el auge de la increencia, manifiestamente verificada por tantas estadísticas serias y no sólo de España sino de todo el mundo. Sólo en Africa, todavía, se mantiene relativamente estable el nivel de creyentes (no sólo de católicos). El fenómeno es común a todas las religiones. La gran tarea de los creyentes –de nosotros, cristianos- es traslucir en nuestra vida a un Dios creíble; no por permisivo, pero sí por humano, en cuanto Padre que quiere hijos adultos y libres que trabajan por un mundo de hermanos, codo a codo con todos ellos; otro mundo que es posible. Sólo así no seremos responsables de la creciente increencia.

Jose Antonio Rojo López DNI 12653779F