CRISIS DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Y CONTRAPODER
Enviado por jesus rojo el Mar, 16/01/2007 - 14:52. Cultura | Globalización / Antiglobalización
por Ignacio Vila Un movimiento de nuevo tipo, cuya concreticidad pareciera poder tocarse con las manos, emerge hoy en toda América Latina, postulando una alternativa de transformación revolucionaria de la sociedad, que está rompiendo con los códigos, ideas y prácticas que constituyeron el modelo de construcción de la izquierda durante la segunda mitad del siglo XX. Es a la vez el resultado de la resistencia y de las luchas operadas en el mundo entero, en estas dos últimas décadas, por millones de oprimidos y por miles de pequeños combates que en su proceso han ido forzando el nacimiento de una nueva subjetividad revolucionaria que ya no se articula en torno a la "conquista del poder" sino que avanza hacia la constitución de un contrapoder, cuyos rasgos y contenidos están aún en proceso de elaboración por la "fábrica" del pensamiento colectivo, pero que distan mucho del concepto que sobre este tenía la izquierda clásica.
La fuerza de este movimiento surge de dos hechos fundamentales. El de estar naciendo en países y localidades diferentes de forma espontánea, casi "mágica", es decir, sin ningún lazo orgánico que los una, pero a partir de una similitud de ideas que asombran en su identidad. Por otra parte, el de reflejar un proceso general de construcción de otro mundo posible, de otra alternativa más allá de los marcos del sistema.
Para los parámetros de una izquierda gótica, anquilosada en la lógica del sistema (sea esta electoral, sea bajo el argumento de la "toma del Estado"), estas fuerzas emergentes se les aparecen como jeroglíficos que no atinan a comprender y que, peor aún, entran a cuestionar, en forma radical, toda la imagen que se habían construido, sobre ellos y sobre el mundo.
La emergencia de nuevas fuerzas sociales revolucionarias, no es solo la consecuencia de las transformaciones tecnológicas, económicas, sociales y políticas generadas por la globalización capitalista.
Frente a la globalización, los partidos de la izquierda tradicional continúan en la lógica de una política orientada a la restauración del Estado-nación. Esta obstinación radica en el hecho de mantenerse apegados a modelos teóricos que pusieron en forma mecánica el eje de las transformaciones en la industria tradicional y en la defensa de una clase obrera industrial de fábrica que, cuando todavía existe, ya no es hegemónica en el proletariado productivo. Frente a las aceleradas mutaciones tecnológicas esta izquierda no tiene más opción que la de tratar de retrasar este proceso o ser barrida. Lucha, en forma desesperada, contra un proceso histórico irreversible. Sucumbe porque su propio pensamiento no logra superar la barrera histórica del sistema productor de mercancías y la forma política representativa burguesa.
Toda esta ideología de la vieja izquierda puede resumirse en algunos principios muy sencillos: el Estado, a través de las nacionalizaciones, de la economía dirigida, de las reformas sociales, etc. representa la palanca que permitiría cambiar la sociedad. En la raíz de esta concepción esta la idea de la supuesta "autonomía" del Estado y de la política con relación a su "base económica". Esta idea, heredada del pensamiento mercantilista feudal (y que se prolonga a través de la ideología de la ilustración), le adjudica a la "política" una capacidad de intervención autónoma y decisiva. Se estimó, (ilusión alimentada durante el período de ascenso del capitalismo) que el Estado había puesto definitivamente bajo su control a la "economía". En rigor, bajo esta óptica, el proceso de cambio social queda amarrado en la lógica del sistema.
Estamos frente a un cambio histórico fundamental: el nuevo proceso de trabajo ha transpuesto los límites fabriles y penetrado en los más diversos rincones de la sociedad. En este marco la política y la economía se confunden. La lucha adquiere una nueva forma que es política, económica y social al mismo tiempo. Este es el punto crucial que revierte las formas de construcción y las perspectivas políticas del movimiento social. Se trata en estos procesos de una politización de lo social y de la socialización de la política.
La emergencia de estos nuevos movimientos en América Latina y el mundo, plantea un fenómeno absolutamente nuevo a la lucha revolucionaria. Se trata de un proceso donde se va operando simultáneamente la apropiación de la producción y la subversión revolucionaria del poder existente. Lo que hay aquí es un rechazo a las soluciones evolutivas, un menosprecio a la repetición tediosa de los llamados a la restauración del Estado-nación y a las "etapas" que desvían el proceso de transformación revolucionaria y hacen olvidar a los pueblos la voluntad de tomarlo todo en sus manos inmediatamente construyendo a partir de ahí los perfiles de una nueva sociedad.


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