La cruda realidad de la Alianza de civilizaciones:
Por lo que se ve la democracia no es un proyecto, ya está se le da por sentada, ésas son manías de yankis y proyankis. Esto en el mejor de los casos, cuando no sale un iluminado a decir que la democracia formal no es diferente del fascismo, al margen de lo que entienda el susodicho por cada uno de estos términos. Habría que plantearse varias preguntas. La primera es ¿integración de quién? La segunda es : ¿integración cómo? Y por último ¿integración por qué? Cabe recordar que la ley coránica no reconoce los derechos del hombre (de la persona) como derechos universales e inviolables, fundamento de la civilización occidental. Aquí radica la verdadera dificultad del problema; el occidental no ve al islámico como un “infiel”. Pero para el islámico el occidental sí lo es. Hay culturas como la asiática, también muy lejana a la occidental pero que sigue siendo “laica” en el sentido de no caracterizarse por ningún fanatismo o militancia religiosa. E incluso cuando no hay fanatismo sigue siendo verdad que la misión del mundo islámica es teocrática y que no acepta la separación entre Iglesia y Estado, entre política y religión. Sobre la pregunta de la integración de quién, si el multiculturalismo la combaten y los “integrados” la rechazan, ¿qué sentido tiene apuntar en esa dirección? …¿integración cómo?. A las bobas y los bobos les parece obvio, transformar al inmigrado en ciudadano, la ciudadanía para todos- sin mirar a quién- sin pensar que esta política esté destinada al fracaso al agravar los problemas que pretende resolver. El cómo depende del quién, del integrado, la imposibilidad aumenta cuando el inmigrado pertenece a una cultura fideísta o teocrática que no sepera el estado civil del estado religioso y que identifica ciudadano como creyente.En los ordenamientos occidentales se es ciudadano por descendencia , por ius sanguinis ( en general en los viejos países), o por iius sol, por donde se nace, suele ser en los países nuevos, de inmigrados). En cambio el musulmán ,reconoce la ciudadanía optimo iure, a pleno título, solo a los fieles; y esta ciudadanía está contextualmente conectada la sujeción a la ley coránica.. Podía seguir, pero las utopías, utopías son, en el mundo real hay que dar soluciones, no valer soñar.Saludos Velay


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