Asesinos republicanos

Los investigadores calculan que en la antigua base de los paracaidistas puede haber un centenar y medio de cadáveres. Las obras en el cuartel de Alcalá de Henares han destapado los restos de lo que puede ser una represalia comunista.

Valentín González, «El Campesino», uno de los personajes más polémicos del bando republicano, ascendido a héroe (y a general) por la propaganda comunista durante la Guerra Civil, «analfabeto y feroz» según Preston, tuvo su cuartel general instalado durante un breve periodo de la contienda en lo que hoy es el acuartelamiento «Primo de Rivera», hasta hace poco sede de la Brigada Paracaidista y en su momento proyecto de psiquiátrico, en la madrileña localidad de Alcalá de Henares. Los historiadores y cronistas locales señalan a este hombre como el más que posible responsable de los restos humanos hallados durante unas obras de remodelación del acuartelamiento a mediados de febrero. Los escasos huesos encontrados por el momento son, según los investigadores, una mínima parte de los contenidos en una fosa común que albergaría más de 150 cuerpos de fusilados.

El caso, según relatan, es que durante los años 1937 y 1938, la aviación del bando nacional realizó no menos de 130 ataques aéreos sobre la zona, en busca principalmente de dos objetivos: la base de carros de combate republicanos ubicada en esa localidad y el aeródromo «Barberán y Collar», a medio camino entre Alcalá de Henares y la cercana localidad de Meco.
En uno de los frecuentes ataques sobre la zona, bastión en el sur de Madrid de los republicanos, la aviación de Franco logró alcanzar el aeródromo, cabecera de la primera región aérea republicana, que comprendía las provincias de Madrid, Toledo, Guadalajara y Cuenca. Este éxito de los nacionales coincidió con la presencia en Alcalá de Henares de Valentín González. La destrucción del aeródromo, un duro golpe para la aviación republicana, despertó las iras de «el Campesino», que en represalia por esta acción fusiló en el acuartelamiento a más de un centenar de personas, como hizo con otras cuatrocientas en la Ciudad Complutense, hecho este tras el que el propio Azaña exclamó: «Si esto es la nueva España, es preferible la vieja».
Si efectivamente, como apuntan los historiadores consultados, los cuerpos hallados y los que quedan aún enterrados pertenecen a la represalia llevada a cabo por González, el dirigente del POUM Andreu Nin no está entre los restos hallados en la base militar. Tampoco apuestan estas mismas fuentes a que todos los cuerpos hallados sean de personas afines al bando nacional o a religiosos asesinados en la zona, crimen éste que también se atribuye a «el Campesino» en no pocas ocasiones.
El acuartelamiento sirvió también durante la contienda de cárcel, pero no sólo para los enemigos, sino también para los considerados traidores al bando republicano o a las facciones comunistas del mismo. «El Campesino» no dudó en ejecutar a todos aquellos que se le opusieran, o simplemente él mismo considerara que estaban rebelándose, dentro de sus propias filas, bien cuando estaba al mando de la V Columna o cuando se hizo cargo de diferentes divisiones dentro de las filas republicanas.
Los historiadores no descartan que en el interior de la base pudieran encontrarse más fosas, al tratarse también de un campo de prisioneros. Lo que sí parece descartado es que pertenezcan al periodo posterior al final de la guerra, ya que en esta localidad, los cuerpos de los fusilados por el régimen franquista eran devueltos a sus familiares.
En los alrededores de este acuartelamiento, y en la zona que se extiende entre Alcalá y Paracuellos y Torrejón podrían encontrarse otras muchas fosas comunes de asesinados en la masacre de Paracuellos de Jarama.
El hallazgo de esos restos humanos en el acuartelamiento «Primo de Rivera», silenciado por el Ministerio de Defensa, responsable del hallazgo por encontrarse en una instalación militar, puede ser sólo el principio de una serie de macabros descubrimientos. Pero la decisión de seguir con las excavaciones (detenidas por el momento) corresponde al juez que instruye el caso. La investigación judicial se centra en estos momentos en determinar el periodo exacto a la que pertenecen los restos. Una vez que este dato se aclare, el juez decidirá si se prosiguen con las excavaciones en busca de más restos humanos.
La secretaria de Estado de Defensa, Soledad López, indicó el pasado miércoles, durante la firma de un convenio con el Ayuntamiento alcalaíno, que sólo en el caso de que el juez que instruye el caso ordene que se excave más dentro del acuartelamiento, el Ministerio actuará.

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