Otro artículo sobre el fanatismo

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Dr. Andrés Flores Colombino
Médico psiquiatra y geriatra gerontólogo Autor de 20 libros con 50 ediciones sobre sus especialidades Paraguayo, Horqueta (1942). Residente en Montevideo, Uruguay

 

Si consigo que un solo fanático de los que pululan por aquí simplemente piense, será todo un logro. Ahí va otro artículo sobre la psicologia del fanatico.

   

 

 

I. LOS FANÁTICOS

 

El fanatismo es una pasión que mueve al individuo a entregarse con absoluta dedicación a una determinada causa, creencia o partido. En realidad, hay fanáticos de algún tipo de música, de algún cantante de moda, de algún equipo de fútbol o de otro deporte. Estos despiertan cierta simpatía y admiración por la abnegación y sacrificio que ponen en juego por manifestar su admiración por sus “colores”. Aunque los fans de los artistas pueden llegar a importunarlos severamente o a provocarles lesiones cuando los rodean y les arrancan pedazos de sus ropas. Son un poco absurdos, pero pintorescos, jóvenes sobre todo. Cuando una persona exagera en su adhesión a cualquier actividad, persona o cosa, se dice que es fanático en ese sentido.

 

El fanático en política es el que defiende a ultranza sus opiniones y se enfrenta violentamente a las otras. Suele ser intolerante, intransigente, obcecado. Se supone que todos pensamos que nuestras ideas son buenas y mejores que las que sostienen quienes piensan diferente, si no, no las sostendríamos. Pero de allí al fanatismo hay un largo trecho: la absoluta dedicación, la adhesión exagerada, el enfrentamiento violento, no son las actitudes de una persona equilibrada. Por eso los fanáticos suelen poseer algún tipo de psicopatología. Pueden parecer muy calmos y buenas personas. Los criminales de guerra nazis tenían buenas relaciones con sus esposas, o amaban a sus perros, cuidaban un jardín. La imagen del fanático crispado, con los brazos en alto, animalizado y echando espuma por la boca, es una caricatura engañosa. Tampoco se debe creer que los fanáticos nunca reflexionan. Lo hacen hasta llegar a un convencimiento que fragua y se anquilosa, para no cambiar más. Y si cambia, suele ser en sentido radicalmente contrario, y desde esa segunda posición, también son fanáticos. Los ex partidarios de una idea, suelen ser muy reivindicativos, y no pocas veces, fanáticos.

 

El escritor William Drummond (1585-1649) decía que ”Quien no quiere razonar, es un fanático; quien no sabe razonar, es un tonto; y quien no osa razonar, es un esclavo”. El fanático no es razonable, no incorpora en la concepción de sus ideas todos los elementos suficientes para adoptar la posición correcta y veraz. No le interesa la verdad, pues su pasión está al servicio de una fidelidad a alguien o algo que le ha convencido ya, y el tema no se somete a nueva discusión. Su inteligencia no le permite dudar, revisar su idea, someterla a prueba. Por tanto, el fanático no progresa, no cambia. Se dice que el fanático es ciego, y no es así. Es tuerto. Actúa con un ojo cerrado para ver lo bueno del adversario y el otro abierto para ver su verdad y nada más. Adopta una actitud maníaca, negadora de la parte de la realidad que no le agrada. Por eso vive engañado. Es capaz de los mayores crímenes, pues los justifica en una sacralización de la violencia y la crueldad.

 

Los fanáticos son los políticos que confunden lealtad con sumisión, convicción con creencia, poder con poder absoluto, tolerancia con debilidad, flexibilidad con blandura, paciencia con inoperancia, entereza e integridad con fanatismo. El fanático es como el caballo con anteojeras, que mira a través de un tubo, escotomizado, y percibe al mundo a través de una ventana mezquina y engañosa. Diderot decía que “no hay nada más que un paso del fanatismo a la barbarie”. El fanatismo es el origen de todas las tiranías, dogmatismos, injusticias e intolerancias.

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