Cuando yo era chaval,

Cuando yo era chaval, jugábamos con la pelota usando las escaleras de la Colegiata como porterías y no recuerdo que hubiese ningún problema. Si entraba gente a misa, se paraba para que subiese y punto. Y el resto de la gente que estaba paseando podía hacerlo porque, por gracia o por desgracia, la plaza de Medina es enorme. Quizá el problema en sí no es la pelota, sino los valores de quienes juegan con ella o la cintura de los que no juegan con ella.

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