JOVENES INGOBERNABLES

Siempre nos han querido observar desde afuera, tal como algunos seres humanos siguen mirando a los peces en los acuarios. Su actitud contemplativa descuida la experiencia, se ahorra el trabajo, se abstiene de las vivencias. Ellos quieren reducir a categorías y esquemas aquello que no puede ser clasificable, ya que los jóvenes en su movimiento, en sus deseos y en sus saberes, rompen con toda actitud pasiva que busque esquematizarlos. El hardcore/punk no está en archivos, no se encuentra explicado en documentos sociológicos, ni en reglas de conducta; el hardcore/punk no se contempla sino que se vive. Los jóvenes experimentamos, dudamos, no tomamos ninguna tradición como norma absoluta, aprendemos de nuestras prácticas, nos enfrentamos personalmente a las cosas, no a distancia, no por medio de una pantalla.

Entonces, ¿qué sentido tiene una reflexión escrita acerca del hardcore/punk en Colombia? Pues que la vida práctica involucra la teoría y no todo pensamiento es actitud contemplativa. El pensamiento se alimenta de la práctica, del mismo modo que la práctica del pensamiento. Vivir el hardcore/punk significa actuar, crear, pero también expresarse y reflexionar asumiendo las cosas de manera directa, sin esperar a que otros las asuman por nosotros. Por esto frente a todo intento mass-mediático por querer expresar lo que supuestamente nosotros queremos decir, hemos alzado la voz desde el movimiento mismo, ya que apropiarnos de la comunicación implica que nosotros mismos construyamos nuestros canales de diálogo. A medida que otra gente acceda a este escrito, nuestra reflexión se exteriorizará y se convertirá en objeto de discusión de todo aquel que quiera dar su punto de vista al respecto. Porque en el hardcore/punk no hay preceptos inmutables, todo se encuentra sujeto al constante movimiento de nuestras discusiones y prácticas, condición que debe ser imprescindible en toda comunidad que se componga de actores y no de meros espectadores.

El establecimiento parece tranquilo, cree que la rebeldía de la juventud es algo pasajero. Piensa que las leyes del mercado y su estilo de vida predeterminada deben apagar toda chispa de disidencia. Asegura su sueño con las modas juveniles o con la falta de oportunidades que convierten al joven en otro engranaje de su maquinaria. Busca disipar las dudas de la juventud con su pensamiento único y controlar su expresión con la moral de rebaño. Sin embargo, el establecimiento apenas se imagina que dentro de esta misma juventud, existen varios jóvenes que permanecen en su rebeldía, aquellos que construyen espacios disidentes, aquellos que crean comunidad anti-sistémica. Porque no le demos más vueltas, lo más revolucionario del hardcore/punk es crear una comunidad, un espacio de interacción donde podamos expresarnos y construir relaciones de vida más libertarias e igualitarias. Los jóvenes que aún dudamos, los que desafiamos la autoridad de los gobernantes, los que despreciamos al presidente fascista, los que nos sentimos indignados frente a toda la miseria que origina el sistema, los que luchamos por oportunidades de vida justas e igualitarias, estamos presentes en la sociedad colombiana y a través de nuestras prácticas, queremos construir un mundo diferente.

El establecimiento colombiano también tiene que temblar ante nuestra presencia, porque frente a sus dictámenes nosotros permanecemos ingobernables. Ni Dios Ni amo “Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras calló como quien no había dicho aún su última palabra; largo tiempo sopesó, dudando, el bastón en su mano. Por fin habló así: - y su voz se había cambiado. ¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero yo. En verdad, éste es mi consejo: ¡Alejaos de mí y guardaos de Zaratustra! Y aun mejor: avergonzaos de él! Tal vez os ha engañado. Ahora os ordeno que me perdáis a mí y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí volveré entre vosotros.” F. Nietzsche Que quede claro: la libertad no es algo dado, la libertad se lucha, se gana y se defiende. En boca de Fausto: “Sólo merece la libertad el que sabe conquistarla diariamente.” Por eso cuando nos convertimos en esclavos, somos nosotros mismos los que renunciamos a nuestra libertad creando amos para que nos dirijan y nos ordenen servirles. Ya hacia 1845, cuando apenas tenía 18 años, Étienne de la Boétie lo tenía muy claro: nuestra servidumbre es voluntaria. “Es el pueblo el que se somete y se degüella a sí mismo: el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre, rechaza la libertad y elige al yugo; el que consiente su mal, o, peor aún, lo persigue”. Siglos después seguimos eligiendo nuestra servidumbre, no sólo votando nuestros propios dictadores, sino queriendo siempre depender de otro para que nos diga lo que es mejor para nosotros mismos. La dependencia en el estudio, en el trabajo, en nuestras relaciones personales, en nuestra creación, en nuestra vida diaria. (Pero un momento, los libertarios no somos tan ingenuos para olvidar importantes distinciones. Una cosa es un amo y otra un especialista, una cosa es el patrono y otra el maestro. El amo y el patrono buscan imponer su voluntad por medio del poder, y su poder, se basa en el autoritarismo y el mandato por la fuerza, buscando sólo su propio beneficio. Su interés es atropellar y obligar a ser obedecido. En cambio, el maestro enseña, guía críticamente, no actúa por la coerción. El especialista por su parte tiene una autoridad en el conocimiento, pero las decisiones concernientes a lo que debe ser hecho con ese conocimiento, tienen que estar en manos de la gente). Pero, ¿por qué hemos creado nuestros propios amos? Y lo que es aún peor, ¿por qué nos sentimos cómodos bajo su reino? Porque al individuo le es más fácil ser dirigido, que actuar por su propia determinación. Es más simple caminar en pisos ya constituidos que crear los propios. Por eso los seres con mentalidad esclavista prefieren la pasividad y optan porque otros le digan cómo vivir. Y es que esta mentalidad esclavista, perpetuada por medio de la costumbre, se encuentra tan internalizada por lo seres humanos que muchos sólo ven como única alternativa la resignación. La educación, la cultura, la política, la economía y demás esferas de la vida humana, funcionan y han funcionado bajo el mismo principio de esclavitud y continúan preservándolo. Nosotros nos habituamos a la necesidad de los patrones y crecemos en un entorno donde su presencia es ineludible, al no poder imaginarnos otras vías posibles, continuamos eligiendo nuestra esclavitud.

Ahora bien, se ha insistido en que la libertad es una cuestión de voluntad. Para ser libres hay que quererlo, las cadenas se rompen en el momento en que decidimos dejar de servir. Sin embargo, este proceso no es fácil, por eso la libertad se lucha, se conquista. Además la libertad no se concibe en abstracto, no es algo totalmente arbitrario, por el contrario se encuentra sujeta a condiciones. Estamos atados a determinaciones de la naturaleza que resultan inmutables, pero también estamos amarrados a cuestiones materiales que aunque deben ser tenidas en cuenta, nosotros podemos transformar. Por eso cuando hablamos de libertad no podemos dejar a un lado su necesario complemento: la igualdad. Bakunin decía que sólo seremos libres cuando todos lo sean. Frase que no debe ser olvidada por todo aquel que desee la libertad de manera consecuente, ya que no es libre el que sigue oprimiendo a otros. Para que seamos libres todos debemos poder participar en las decisiones que afectan nuestras vidas, de manera directa e igualitaria. De nada sirve delegar decisiones en los políticos de turno, ni realizar prácticas democráticas, cuando sólo unos pocos tienen los medios para hacerlo. Todos hacemos parte de esta sociedad y contribuimos a ella de diferentes maneras. Nuestra producción es social, no individual y por eso el resultado de esa producción debería ser apropiado por todos y no por unos pocos. Esa es la igualdad que buscamos, la igualdad de los medios necesarios para realizar nuestra libertad. Frente a la cuestión de ser oprimidos u opresores, los libertarios escogemos cooperar voluntariamente para el bien de todos. Los que no queremos mandar ni ser mandados, queremos solucionar nosotros mismos nuestros problemas, ya sea por medio de consensos o disensos, pero siempre tomando decisiones de abajo hacia arriba. El capitalismo y el Estado han burlado nuestra libertad durante miles de años y ahora es el momento para tomarla devuelta. La muerte de Dios, es decir la muerte del amo, es el enfrentamiento consciente y directo del individuo con todo lo que se le presenta. Ya no se reciben órdenes desde arriba, no hay mandatos inmodificables y constituidos, ahora el individuo-social tiene que construir él mismo su vida y sus relaciones. Renunciar a la servidumbre quiere decir asumir la libertad con todas sus consecuencias. Ya no hay nadie a quien echarle la culpa ya que se ha acabado la dependencia, nuestro entorno se construye de manera colectiva y todo se encuentra en nuestras manos. Por eso la consecución de la libertad no depende de dogmas. La fórmula cristiana que promulgaba que “la verdad os hará libres” debe ser sepultada. Ahora es sólo la libertad la que nos llevará a alcanzar múltiples verdades. Nosotros no queremos estar coaccionados por una supuesta libertad predeterminada, por mandatos que nos dictan desde arriba la manera como debemos vivir. Nosotros reclamamos la libertad para todos, la libertad de hablar, actuar, pensar; de realizar al máximo nuestras capacidades, de desplegar toda nuestra creatividad.

El sentido de la humanidad misma está dado por lo que se comprende en el término cultura. Tal vez por esto sea tan difícil dar una definición precisa, ésta seguramente nos llevaría por los difíciles caminos de la historia del pensamiento. No obstante, para nuestros intereses, la cultura se ha entendido en ciertos momentos de la historia de dos maneras diferentes, aunque relacionadas entre sí. La palabra cultura tiene su origen en un termino del latín que significa cuidado o atención, y de ahí que su sentido más original sea el dado por el uso del término que se refiere al cultivo, a la plantación y al trabajo que imprime su forma en una materia prima, en alguna cosa. Pensemos por ejemplo en el ejercicio de la agricultura, que es, aun hoy, el trabajo que es realizado a la tierra, utilizándola como materia prima para transformarla en sustento. Esto no significa que la cultura sea –según esta definición- únicamente trabajo como sustento. ¿Quién no se ha maravillado con las bellas formas que deja a su paso el trabajo en los cultivos? O mejor aun ¿A quién no sorprende Nazca, con sus hermosos dibujos, grandes obras de arte hechas mediante la agri- cultura de los indígenas peruanos? La cultura en un sentido original, implica belleza, pensamiento e intuición, actividad y contemplación. Ahora bien, a pesar de que términos como trabajo o cultura se hayan aburguesado hasta tal punto de perder su profundo sentido inmediato, ubicado en la actividad humana, nosotras y nosotros sabemos que cultura tiene que ver con arte. Este nuevo elemento (el arte) que define la cultura, es parte de la definición que “nuestra mente y memoria colectiva” -los medios de (des) información- nos venden a diario. La historia del uso de la palabra cultura, entonces, ha tenido un refinamiento mas o menos libre de manipulación a través de la historia. Lo que hace que su sentido sea ahora precisamente el contrario del originario, es que la historia y los sistemas de organización humana han tergiversado la vida hasta el punto de convertirse en un agregado de meros “productos y servicios”. El arte, que en estos tiempos tan “posmodernos” encontramos en los grandes supermercados que lo ofrecen, no obedece a necesidades prácticas o espirituales de los hombres y las mujeres que los fabrican, incluso se ha convertido en una industria, guiada únicamente por el afán de lucro o en el mejor de los caso por el amor a la fama (que generalmente viene con una buena cantidad de dinero). El arte es pues, cierto arte que advino con la modernidad o mejor con el ascenso de la burguesía al poder, un arte de élites, de genios a los que debemos contemplar con la boca abierta, o mejor, con la boca cerrada y la cabeza gacha. Arte, inmerso en la cultura, que esta aquí y en todos lados para decirnos en la cara, suave pero constantemente, cuan estúpidos somos, ya sea porque nunca lleguemos siquiera a lograr copiarlo o incluso a entenderlo. Este arte (y cultura) nos demuestra que nuestras capacidades se encuentran muy por debajo de la audacia, gracia y genio de la gente que pertenece a esta minoría tocada directamente por la mano de Dios. En este estado de cosas una propuesta de contracultura para nosotras y nosotros contempla dos grandes aspectos fundamentales de la vida humana. Un contra trabajo y un contra arte, abarca a grandes rasgos lo que queremos expresar y hacer con contracultura. Queremos y actuamos para que el trabajo sea una actividad gratificante, que además de hacernos homo faber, de hacernos partícipes y creadores del sustento, nos haga humanos, es decir llene nuestras necesidades físico-espirituales o sicofísicas, un trabajo que alimente nuestra imaginación y conocimiento, que nos impulse siempre a ir mas allá de lo existente, a ser y hacer mejor cada día; en síntesis que nos haga felices. Por tanto necesitamos, deseamos un trabajo que no esté separado del arte y un arte que obedezca a nuestra necesidad de trabajo, entendido como lo hemos intentado esbozar en este corto escrito.

El hardcore/punk no es suficiente

En primera instancia los supuestos hay que liberarlos sin mayor argumentación: El hardcore/punk ha estado siempre unido a la política. Los hardcoreros neoyorquinos se escandalizan, -¿acaso qué tiene que ver la política con mi actitud ruda y el mosh pit?- Los punkrockers se sonrojan – política no va con la farra -. Los podridos sólo gritan –autodestrucción y desorden!- Sin embargo, para satisfacer a aquellos que permanezcan descontentos frente a nuestro supuesto, actuemos en desorden y tratemos de explicarlo. Resulta que el hardcore/punk es desde su raíz un movimiento contracultural basado en el “hazlo tu mismo”. El “hazlo tu mismo” es creación sin dios, ni amo. Hacer las cosas nosotros mismos es acabar con todo tipo de delegación, es tomar control sobre lo que hacemos. Nuestra creación no depende de la industria musical, no está sujeta a las leyes del mercado ni a las decisiones del Estado, nuestra expresión es libre, nos pertenece. Pero la autogestión que se profesa en el “hazlo tu mismo” no es una materia individual, no es algo que realicemos sólo para nuestro beneficio egoísta. La autogestión se realiza junto con los otros y de esta manera es una producción social. Para que el “hazlo tu mismo” funcione, necesitamos construir comunidad y es en este sentido que el hardcore/punk se encuentra ligado a la política. Ahora bien, ¿qué entendemos por política? La política es para nosotros la forma como podemos organizarnos en sociedad, la construcción de unos mínimos que nos permitan convivir juntos. Pero precisamente el hardcore/punk propone en su esencia una manera de convivencia. Esta propuesta no es un conjunto de reglas ya constituidas, sino que goza de instituciones en cambio constante. Son los sujetos que conforman la sociedad los que se auto-organizan y se auto-gobiernan. En el hardcore/punk no deben existir ni amos, ni esclavos, sino un espacio de iguales. No obstante, este espacio no es suficiente, es sólo un zona autónoma entre muchas otras posibles. La comunidad contracultural se propone romper con la cultura sujeta al poder, con la cultura capitalista y con la moral del rebaño. La comunidad del hardcore/punk debe ser un espacio abierto para la expresión, la discusión, la creación y sobre todo la participación. El capitalismo promueve la opresión, la desigualdad, la discriminación, el sexismo, la competencia, y el egoísmo. En la explotación del ser humano por el ser humano, sólo unos tiene el control sobre los otros, su mundo se basa en jerarquías y verdades absolutas. Como proyecto de contracultura nosotros queremos crear zonas disidentes que combatan estas actitudes y que den lugar a relaciones más libres e igualitarias. Estas relaciones se pueden basar en el apoyo mutuo, en la cooperación, en la creación desligada de fines comerciales, en el combate contra la autoridad. Pero para concretar todo pensamiento, hay que nutrir sus formas de práctica. El hardcore/punk no es un ideal, su intención de contracultura no es sólo un deber ser, sino una acción que se realiza en la cotidianidad. Tal vez las relaciones en la comunidad hardcore/punk colombiana sigan sujetas a la cultura capitalista, pero aunque sea el espacio está ahí, es algo que se encuentra presente. Lo importante es cómo podemos apropiarnos de ese espacio. Si nos mantenemos al margen, si decidimos aceptar pasivamente los acontecimientos y las direcciones de los patrones, el hardcore/punk pierde toda substancia. Si nuestra comunidad no está aún constituida, es nuestra labor construirla, tal vez lo más revolucionario del hardcore/punk es que nosotros mismos podemos actuar para transformar las cosas. Por eso es que resulta necesario que nos apropiemos de este espacio para lograr cambios en su interior y transformaciones hacia fuera. Apropiarnos quiere decir realizar toques que no sean sólo lugares donde las bandas hagan música y expresen sus opiniones, sino donde la gente encuentre alternativas y espacios para crear relaciones que combatan el estilo de vida impuesto por el capitalismo. En un toque se puede realizar una actividad política, intercambiar material, hacer exposiciones, repartir comida, proyectar videos, en resumen, todo lo que a uno se le ocurra. Pero no sólo se pueden hace toques, sino también fanzines, distribuidoras, sellos, congresos y muchas otras actividades conectadas con esta comunidad contracultural de la que hacemos parte. La cuestión está en no quedarse con los brazos cruzados esperando a que las cosas sucedan por sí mismas, sino que nosotros empecemos a trabajar en ellas. No obstante, queda la eterna pregunta por responder: ¿Cómo hacemos para que nuestras prácticas no se queden sólo en una comunidad cerrada? ¿Acaso hacer cambios en el hardcore/punk es suficiente? ¡Claro que no! El hardcore/punk no va a hacer la revolución; los toques y demás actividades son sólo espacios autónomos, pero necesitamos crear muchos más, y estar en constante contacto con otros movimientos para participar conjuntamente con ellos en la transformación hacia una sociedad más libre e igualitaria.

Aunque el hardcore/punk no es la revolución, tampoco es sólo un instrumento para ella. El hardcore/punk es contracultura y la cultura es un aspecto sumamente importante de nuestro desarrollo como seres humanos. La cultura es algo que tiene que ser cambiado y el hardcore/punk contribuye a estos cambios. Sin embargo al igual que los individuos aislados están destinados a perecer, las comunidades cerradas no sobreviven sin la interacción. Por eso es pertinente ponernos en contacto con gente que está haciendo cosas similares a nosotros. Hay muchas maneras de realizar actividades con otra gente. En nuestro caso particular la experiencia se nutre de la interacción libertaria. Por medio del contacto con otras comunidades contraculturales alrededor de Sudamérica conocimos la problemática del ALCA y decidimos tomar acción en nuestro país. Fue así como empezamos a conocer a gente libertaria que se movía en proyectos similares a los nuestros y decidimos realizar marchas conjuntas. Ahora bien, este es sólo un ejemplo, sólo una posibilidad entre muchas otras.

Colectivos

La gente involucrada en el hardcore/punk puede crear sus propios colectivos. Estos colectivos son organizaciones formadas por varias personas que aunque con diferentes modos de abordar las cosas, y diversas maneras de enfrentarse a las problemáticas, tienen un objetivo en común y deciden tomar acción de manera conjunta. Uno puede crear colectivos para realizar muchas actividades: prácticas de contracultura, organización de espacios autónomos, sellos, distribuidoras, acciones de liberación animal, e.t.c. Interactuando con sus amigos y amigas en los colectivos uno puede idearse la formas de funcionamiento, sus reuniones, sus modos de tomar decisiones, sus objetivos y demás. Pero para que los colectivos puedan tener contactos con otros y de esta manera potenciar sus actividades, pueden hacer parte de una estructura más amplia que lleva el nombre de coordinadora.

Coordinadora

La Coordinadora es una agrupación voluntaria de colectivos donde las decisiones se toman de abajo hacia arriba de manera asamblearia, es decir que todos tienen igual participación en las decisiones. La idea de la coordinadora es poder conocer el trabajo de otros y tratar de ayudar en lo que se pueda. Muchas veces algún colectivo necesita material que otro le pueda proporcionar, o espacios, ideas, escritos que pueden ser compartidos. La Coordinadora también puede realizar acciones conjuntas como marchas, proyecciones, reuniones, conciertos, fiestas, jornadas, donde cada colectivo participa de manera voluntaria.

Marchas

Las marchas pueden tener múltiples funciones. Una de ellas puede ser la de tratar de bloquear y detener alguna injusticia cometida por los amos capitalistas. Otra función puede ser la de la manifestación colectiva frente a medidas y acuerdos que actúan en detrimento del pueblo. En estas marchas no sólo informamos, sino que además creamos un espacio de interacción comunitaria de gente que lucha por causas similares. La gente involucrada en el hardcore/punk puede crear grupos de afinidades que lleven pancartas, consignas o cualquier otra cosa que se les ocurra para participar activamente en las manifestaciones.

El aprendizaje

Es muy importante saber dónde uno está parado cuando sale a manifestarse o cuando abriga una causa política. Resultaría estúpido gritar consignas sin ni siquiera estar informados de lo que está pasando. Por eso es necesario informarse, leer, escuchar, dialogar. A medida que uno se interesa por lo que está ocurriendo en su entorno, se le abren puertas que llevan a nuevas experiencias y conocimientos. Muchas organizaciones tienen bibliotecas y videotecas para consultar, o también realizan charlas u otros tipo de actividades. Pero hay que dejar claro que no sólo se aprende con los libros o las charlas, también podemos conocer muchas cosas en nuestra vida diaria, aproximándonos a otra gente, procesos, lugares, trabajos.

Actividades

Ya que nos movemos dentro de la contracultura a veces nos resulta más fácil y entretenido realizar actividades que tengan que ver con la expresión, realizando toques, exposiciones, proyecciones, e.t.c. Este tipo de trabajos son muy importantes porque le muestran a la gente la posibilidad de crear otro tipo de cultura que no depende ni del Estado ni del capital. Pero además de las actividades contraculturales uno puede involucrarse en cuestiones económicas haciendo proyectos de autogestión o en materias políticas haciendo un periódico, una revista, trabajos de base, e.t.c.

Tal vez os he engañado

1. Zaratustra se transformó de profeta a pensador y he aquí una diferencia descomunal. El profeta desea guiar a una masa de siervos, el pensador sólo motiva a que la gente misma realice su propia liberación. Por eso hay varias maneras de enfrentarse a este folleto de hardcore/punk. Uno puede creer ciegamente lo que se dice y tomarlo como una tabla de leyes o simplemente dialogar con él y sacar sus propias conclusiones.

2. Los jóvenes colombianos podemos ser una fuerza de ruptura que inicie una transformación radical de la sociedad. Igual que Miller le decía a Rimbaud y tal vez Rimbaud le hubiera dicho a Miller: “El futuro nos pertenece aunque no haya futuro.” Es momento que los jóvenes ingobernables ganemos nuestra libertad y luchemos por defenderla.

xjuandiegox@hotmail.com

textos suyos podéis leer en MEDINAINSURGENTE o lahaine.org, en colaboración con el compa Crespo.

(Un texto de nuestro compañero libertario, y punk xjuandiegox, de colombia, que puede resultar interesante, como casi todos sus escritos(sin hacerle la pelota, claro...). Es sobre nosotr@s, la juventud "ingobernable", desde un punto de vista explicativo, y desde dentro de nuestra forma de vida y pensamiento radicales...)

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